Siglo III AC al Siglo XVII DC

Alrededor del siglo III AC ya existían aldeas de pescadores y granjeros en la actual región de Kanto. Algunas zonas de Tokio aún conservan los nombres de esas antiguas aldeas.

Una de esas aldeas, Hirakawa-mura, tenía una localización estratégica. En el siglo XII, en el Período Kamakura, el gobernador militar de Kanto, Edo Shigenaga, construyó allí su castillo, al que llamó Edojuku.

Ya en esa época los shogunes (comandantes del ejército), samurais (guerreros) y daimyos (señores feudales) tenían gran poder.

A fines del siglo XII miembros del clan Edo construyeron una fortaleza en una colina, en la desembocadura del río Sumida en la Bahía de Tokio. En 1457 Ota Dokan, un samurai y monje budista del clan Ota, tomó esa fortaleza y sobre ella construyó lo que hoy conocemos como Castillo Edo.

Este hecho se considera el comienzo formal de la historia de Tokio. Alrededor de este castillo se construyeron templos, casas y tiendas y desde el puerto partían embarcaciones  para comerciar a lo largo de nuevas rutas marítimas.

Entre los siglos XII y XVI los enfrentamientos entre shogunes  y daimyos eran constantes, y también entre los mismos daimyos, por el control del país. A las fuerzas en lucha se sumaban los monjes budistas guerreros.

Período Edo

El Castillo Edo fue ocupado por distintos daimyo hasta que, en 1590, Tokugawa Ieyasu eligió Edo como su cuartel central. Amplió y fortificó las instalaciones, construyó torres y puentes y una ciudad alrededor del castillo.

En 1603 fue elegido shogun.  Edo pasó a ser la capital del país y Tokugawa Ieyasu se convirtió en el hombre más poderoso de Japón, en lo político y militar. El Emperador, que continuaba residiendo en Kyoto, era considerado un líder espiritual, aunque sin poder real.

El Período Edo (link a Museo Edo) fue de crecimiento y florecimiento en todos los órdenes: económico, cultural, artístico, educativo. A pesar de sufrir varias catástrofes (terremotos, incendios e inundaciones), Edo siguió siendo la ciudad de mayor influencia en el país. En 1721 era la ciudad más poblada del planeta.

Pero también fue un período de aislamiento. El tercer shogun estableció la política del sakoku, país cerrado, impidiendo la salida del país de los japoneses y la entrada de extranjeros, excepto por los holandeses. También se cerró el comercio exterior, salvo con China y Corea.

Esta fue una de las debilidades del shogunato, junto con la falta de unidad política, ya que en las distintas regiones seguían existiendo poderosos daimyos.  A pesar del aislamiento, no dejaban de llegar nuevas ideas del exterior, especialmente de Occidente.

Esto provocó el descontento en muchos daimyos y samurais, que consideraban esta apertura como una "occidentalización" del país y comenzaron a pensar en la restauración del Imperio como una forma de frenar este movimiento.