La revolución de los claveles y la República

Siglos XIX y XX

Durante el reinado de María II se produjeron varios conflictos políticos y sociales. La falta de reactivación económica había desembocado en un masivo aumento de la pobreza. Comparada con otras grandes ciudades europeas, totalmente volcadas a la industrialización, las políticas conservadoras portuguesas habían llevado al país al atraso y la declinación.

Las mejoras realizadas en el transcurso del siglo en la ciudad (iluminación pública, red ferroviaria, red eléctrica, alcantarillado, etc.) fueron acompañadas por un aumento de los impuestos a los súbditos del reino. Muchos, particularmente de las clases más bajas,  abandonaban Lisboa y partían hacia Brasil.

A finales del siglo XIX se produjo un lento crecimiento de la industria, de la mano del Partido Republicano, que propiciaba una reforma económica. Las nuevas industrias, establecidas en la zona rural de Lisboa,  estaban basadas en el tabaco, los textiles, las conservas, etc.

La creciente clase trabajadora, sindicalizada y politizada, comenzó a manifestarse en huelgas y protestas. En 1908 el rey y su heredero murieron en un atentado. En 1910 estalló una revolución armada y en octubre de ese año se proclamó la Primera República, que acabó en 1926 con la aparición de la llamada Dictadura Nacional o Estado Novo de Oliveira Salazar, reemplazado luego por Marcelo Caetano.

Esta dictadura gobernó hasta 1974, año en que se produjo la Revolución de los Claveles, un golpe de estado liderado por el llamado "Movimiento das Forças Armadas", que restauró la democracia e independizó, a la vez, las últimas colonias que quedaban bajo dominio portugués. Se liberó a los presos políticos y se celebraron elecciones constituyentes. Portugal pasó a ser una democracia parlamentaria.

Siglo XXI

Actualmente Portugal es miembro de la OTAN y la UE.

El ingreso del país a la UE produjo una corriente modernizadora en Lisboa, que se mantuvo hasta el 2007. Se recuperaron urbanísticamente distintas zonas que estaban abandonadas, se crearon nuevas líneas de metro y se generaron polos comerciales y culturales. La gran afluencia de turismo también impulsó la construcción de nuevos y modernos hoteles.

La crisis del 2007 detuvo este crecimiento, como en el resto de Europa, aunque la ciudad no sufrió un gran deterioro en su habitual ritmo de vida. Sigue siendo una ciudad encantadora, nostálgica pero vibrante a la vez, que vale la pena conocer y disfrutar.