Historia de Kioto

Kioto, cuyo nombre significa literalmente “ciudad capital” fue durante más de un milenio la capital de Japón. A lo largo del tiempo la ciudad ha ido cambiando al ritmo de las guerras, la hambruna, la riqueza y los desastres naturales, teniendo siempre como punto de referencia para su identidad el periodo de grandeza simbólica en que fue el hogar del emperador.

Fundación

Siglo VIII. La creciente influencia de los monasterios budistas sobre la corte imperial asentada en Heijo-kyo (actual Nara) impulsó al emperador Kanmu a buscar un nuevo lugar de emplazamiento para su corte. Nació así en 794 Heian-kyo, ciudad que estuvo destinada a ser el centro cultural de Japón y que cambió de nombre varias veces hasta recibir su actual denominación: Kioto.

La ciudad se planificó como un rectángulo de 23 kilómetros cuadrados. El palacio original se ubicó en un lugar privilegiado (el mismo en el que hoy se levanta el castillo de Nijo), mientras que en los límites del rectángulo se permitió la construcción de solo dos templos. Con el paso del tiempo, y a pesar de la prohibición original, numerosos santuarios comenzaron a levantarse tanto dentro de la ciudad como en sus alrededores. Muchos de ellos pueden visitarse en un recorrido por la Kioto actual.

Capital cultural del país

Desde su nacimiento y hasta el presente Kioto ha tenido una importancia clave en la vida cultural de Japón. Sin embargo, su poder político y económico fluctuó a lo largo de los siglos, ya que, a partir del siglo XIX, la familia imperial fue perdiendo poder en manos de los shogunatos, las familias militares que gobernaron el país casi ininterrumpidamente desde el siglo XII hasta 1868.

Según la relación de fuerzas de estos shogunatos Kioto vivió momentos de esplendor y decadencia a lo largo de su historia. Durante la guerra Onin, por ejemplo, que se desarrolló entre 1467 y 1477 en todo el país, la ciudad fue devastada. Muchos de sus tesoros históricos se vieron afectados en este enfrentamiento. Algunos de ellos se perdieron para siempre, mientras que otros, como el Kinkaku-ji, fueron posteriormente reconstruidos.

Desastres naturales

Además de la guerra, Kioto tuvo que soportar el embate de dos grandes desastres naturales: frecuentes terremotos y grandes incendios, como el de Hoei en 1708, el de Kyoho en 1730 y el de Temmei, que asoló la ciudad durante dos días en 1788.

El poder de la memoria

A pesar de que hace 150 años que Kioto dejó de ser oficialmente la capital de Japón, la ciudad se define por el estatus que tuvo durante más de mil años, cuando fue hogar del emperador y sede de la corte imperial.

El hecho de no haber sido bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial también fortaleció su lugar de preeminencia en el campo cultural del país, ya que ha podido conservar su patrimonio de manera especial en comparación con muchas otras ciudades niponas.

Kioto hoy es un lugar excepcional para descubrir antiguas tradiciones como las maikos y geishas, la ceremonia del té y el arte de la caligrafía.

Kioto