Historia de Sevilla

Siglo VIII a siglo XII

La historia de Sevilla se remonta al siglo VIII a.C., cuando se llevó a cabo la fundación de la ciudad por parte de los Tartesos, sobre un terreno elevado junto al río Guadalquivir. Posteriormente, llegarían Griegos, Fenicios, Cartagineses y Romanos; estos últimos tendrían el mando de la ciudad, ahora llamada "Hispalis", hasta el año 711 d.C., en que fue conquistada por los Musulmanes.

Durante todo ese período romano la ciudad gozó de gran esplendor y crecimiento. Después de los romanos, Sevilla fue tomada por los Visigodos que estuvieron allí por 200 años, hasta que Musa y su hijo Abd al-Aziz ibn Mussa cruzaron las aguas de Gibraltar y tomaron la ciudad de Hispalis, en el año 713.

A partir de ese momento fue bautizada con el nombre árabe Isbiliya, que fue sufriendo mutaciones, pasando por Ixbilia, Sivilia, hasta Sevilla, tal como la conocemos en la actualidad.

Sevilla se convirtió en la ciudad más importante de Al-Andalús (nombre que recibía la península Ibérica como provincia del imperio musulmán) y llegó a ser su capital. En este momento creció cultural y arquitectónicamente, adoptando la forma que hoy aún podemos ver en su casco histórico. De ésta época datan algunas de las más bellas construcciones que hoy podemos visitar en el ciudad: La Giralda, el Alcázar, las murallas de la Macarena, la Torre del Oro y el barrio de Triana.

 

Siglo XIII a siglo XVIII

En 1248 los Reyes Católicos de Castilla conquistaron Andalucía, expulsaron a los musulmanes del territorio e instalaron allí su corte. La actividad económica de la región seguía en auge gracias al puerto de Sevilla que era un importante punto de paso entre los países bálticos y los puertos del norte de África. En este período también hubo un gran asentamiento de población judía en lo que hoy conocemos como el barrio de Santa Cruz.

Tras el descubrimiento de América, en 1492, los Reyes Católicos fundaron en Sevilla la Casa de Contratación, lugar donde se organizaban los viajes para controlar las riquezas que venían del nuevo mundo. Esto supuso para la ciudad una enorme riqueza y un gran esplendor económico que se vio reflejado e la expansión urbana y construcción de nuevos edificios, como la Casa de Pilatos, la Catedral o la Casa de Contratación (donde hoy se encuentra el Archivo de Indias). En el siglo XVI Sevilla era el principal puerto comercial con Italia, Inglaterra y Flandes. No tardó en convertirse en la ciudad más grande de España.

Pero el esplendor de Sevilla no sería eterno: el siglo XVII trajo consigo una importante crisis económica que afectó a toda Europa y esto sumado al traslado de la Casa de Contratación al puerto de Cádiz, hace que la ciudad sufra un importante declive económico y social.

Durante el siglo XVIII Sevilla cuenta contaba con 73 monasterios diferentes, lo que da lugar a la procesión de las hermandades durante la Semana Santa, y que con los años se ha convertido en un ritual de la ciudad, hoy declarado de Interés turístico Internacional.

 

Siglo XIX a siglo XXI

Hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX, varios sucesos comienzan a dar vida a la ciudad: la llegada del ferrocarril y posteriormente la preparación de la Exposición Universal de 1929. Con nuevas construcciones como el Parque de María Luisa y la Plaza de España, y las mejoras en las redes de transporte público como tranvías y la construcción del aeropuerto, la ciudad se moderniza y comienza a divisar su nuevo despertar.

En la segunda mitad del siglo XX, y después de recuperarse de los años que dura la Guerra Civil, la ciudad comienza a expandirse y su casco urbano se extiende. La llegada de una nueva Exposición Universal en el año 1992, hace que se hagan numerosas mejoras urbanas, como la construcción de nuevos puentes sobre el río, ampliación de avenidas y una notable mejora en las comunicaciones con otras ciudades de la península.

Hoy Sevilla es una ciudad moderna con excelentes infraestructuras, pero que aún conserva su espectacular legado histórico, producto del paso de numerosas civilizaciones. Es esto mismo lo que le ha dado una identidad única y que la convierte en un destino que hay que visitar al menos una vez.