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Viaje a Oporto

Gran puerta - Viaje a Oporto
Fuente - Viaje a Oporto
Castillo - Viaje a Oporto
Escaleras a la Iglesia - Viaje a Oporto

Braga y Guimaraes, el orgullo del pasado

Desde la ciudad de Oporto se pueden realizar varias excursiones interesantes. Por su relativa proximidad y la riqueza de su patrimonio, desplazarse hasta Guimaraes y Braga es una buena elección. Visitar las dos ciudades en un solo día resulta bastante apretado pero madrugando un poco se puede hacer sin ningún problema. El día 13 de septiembre a las 8:45 cogíamos el tren (2.15€) desde la estación de Sao Bento en dirección a la ciudad de Braga. Tanto de Oporto a Guimaraes como de Oporto a Braga, la frecuencia de trenes es bastante elevada. En la página http://www.cp.pt/ se pueden consultar todos los horarios y precios. El tren para en todas las estaciones, con lo que tardamos unos 75 minutos en llegar. Desde la estación caminamos unos 10 minutos por la rua Andrade Corbo hasta la Porta Nova, puerta de entrada a la ciudad vieja.

Braga es una de las ciudades más antiguas de Portugal y también se la conoce como la “Roma portuguesa” ya que es el centro del poder eclesiástico y la ciudad más religiosa del país. Los romanos la llamaron Bracara y en la Edad Media rivalizó con Toledo y Tarragona como centro del poder católico de la Península y ha conseguido mantener su importancia a lo largo de la Historia. Su Palacio Arzobispal es un edificio impresionante, así como la mayoría de construcciones religiosas. En el siglo XII acogió la primera catedral de Portugal, en el XVIII se convirtió en bandera del barroco estatal y todavía hoy sus santuarios atraen a miles de peregrinos. Paseamos por la rua do Souto, que une la Porta Nova con la plaza de la República. Se trata de una animada calle peatonal repleta de comercios que a esta hora empiezan a despertar. Es curioso observar el gran número de tiendas de objetos religiosos; aquí se puede comprar desde un cáliz o una sotana a una talla de cualquier santo. En la misma Plaza de la República se encuentra la oficina de turismo donde conseguimos un buen plano que nos permite movernos cómodamente. Esta plaza, con sus arcadas renacentistas, está considerada el centro de la ciudad y es lugar de encuentro para sus habitantes. Desués de dar una vuelta por los alrededores, volvemos a la rua do Souto donde se abre el encantador Largo do Paço. El Paço o palacio fue sede de la República Bracarense, extinta definitivamente en 1790 por la primera reina de Portugal. A pocos pasos se encuentra la Sé o Catedral, construida en el año 1070 sobre una mezquita después de la conquista del territorio por los cristianos. Sobre una base románica se fueron añadiendo posteriores aportaciones y así nos encontramos elementos del gótico, barroco y renacimiento. El interior es una verdadera maravilla, destacando principalmente el Coro Alto al cual se puede acceder con un guía y previo pago de 2€. Merece realmente la pena y además se visitan también dos interesantes capillas.

Al salir de la catedral nos dirigimos hacia el Palacio Arzobispal que actualmente acoge la Biblioteca Pública y algunas aulas de la Universidad. Por la parte trasera del Palacio se accede al los bien cuidados Jardines de Santa Bárbara, que inmortalizamos una y otra vez con nuestra Olympus. Después de un corto paseo llegamos a la avenida da Liberdade donde cogemos el bus nº 2 (1.40€) que nos conducirá hasta el Bom Jesus do Monte, a unos 5 km del centro. La iglesia del Bom Jesus Do Monte es uno de los símbolos de Portugal y uno de los monumentos más visitados. Su espectacular escalera de granito aparece en varias portadas de guías turísticas y postales. La encargó el arzobispo Maura-Teles y después de 60 años de construcción, se inauguró en 1783. Hay la posibilidad de subir en funicular hasta la iglesia (2€ ida y vuelta) y desde arriba hay unas vistas espectaculares sobre la ciudad. Por lo visto es un lugar donde las parejas de la ciudad acuden a casarse y al coincidir nuestra visita en sábado, nos encontramos con dos bodas. El lugar es precioso y está muy cuidado; arquitectura y paisaje se combinan de forma perfecta y la perspectiva desde la parte inferior de la escalinata nos deja maravillados. Volvemos a coger el bus nº 2 (1.40€) y le pedimos al chófer que nos avise cuando paremos cerca de la Central de de Camionagem (central de autobuses).

Para viajar en tren desde Braga hasta Guimaraes no hay línea directa y se debe hacer transbordo en Lousado, por lo que decidimos hacer el trayecto en autobús de línea. Hay diferentes compañías que realizan el trayecto y compramos billete para el primer autobús (1.40€). Teníamos aproximadamente una hora de espera por lo que decidimos comer en el restaurante de la misma estación. Servicio rápido, bueno y baratísimo. Comimos 7 personas por 27 € y con un pedazo de bacalao que no cabía en el plato. El bus tardó poco menos de 30 minutos en llegar a Guimaraes y una vez allí, ya nos dirigimos hacía el centro de la ciudad. Guimaraes es conocida como la “cuna de Portugal” debido a que Alfonso Enriquez se proclamó en esa ciudad, rey del país en el año 1139. Hoy en día es un pueblo tranquilo de unos 20.000 habitantes y posee un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001.

Guimaraes, pertenece al distrito de Braga, a caballo entre los ríos Miño y Duero, entre el Atlántico y el Macizo Galaico. Precisamente por su ubicación geográfica y por su trayectoria histórica, la ciudad acumula arte y belleza en un entorno privilegiado.

La evolución de la historia se puede observar a través de las curvas de nivel. En el punto más alto se halla el castillo y el Palacio de los Duques de Braganza, un poco más abajo encontramos el barrio medieval y, por último, la ciudad moderna, los edificios presuntuosos y el ensanche.
Primero visitamos el Palacio de los Duques de Braganza (4€) construido en el siglo XV por el primer duque de Braganza. En sus mejores momentos fue una de las residencias más nobles de la Península Ibérica y sus 39 altas chimeneas recuerdan a los castillos franceses.

El castillo domina la ciudad y se conserva la torre del siglo X que mide 28 metros de altura. Tiene 7 torres cuadradas construidas sobre la roca. Junto al castillo, se levanta la iglesia románica de San Miguel (S. XII). Continuamos hacia el centro histórico y nos fuimos perdiendo por las empedradas calles del bien conservado conjunto urbano. Nos encontramos diferentes iglesias románicas, góticas y barrocas, el convento de Santa Clara (S.XVI) que en la actualidad acoge las oficinas del ayuntamiento y otros monumentos de interés. Llegamos a la Plaza de Santiago, donde se halla la oficina de turismo. Esta plaza es un rincón encantador que sigue conservando el suelo empedrado y las casas con los pequeños balcones de madera. Los pórticos del antiguo ayuntamiento comunican la plaza de Santiago con el Largo de Oliveira con la iglesia de Nuestra Señora de Oliveira y el monumento del Salado, un templete gótico que se construyó durante el reinado de Dom Alfonso IV para conmemorar la batalla del mismo nombre del 1340. Seguimos paseando por las calles medievales hasta llegar a la Plaza del Toural, considerada hoy en día como el corazón de la ciudad.

Ya de regreso, caminamos hasta la estación de tren y compramos billete destino Oporto (2.10 €). Tardamos unos 80 minutos en llegar, el viaje se nos hizo un poco aburrido pero aprovechamos para hacer un descanso y asimilar todo lo visto a lo largo del día, con la satisfacción que produce el haber conocido dos de las ciudades más bonitas del norte de Portugal.