Siglos XIX y XX

En 1812 los moscovitas fueron los estrategas que vencieron a Napoleón Bonaparte, abandonando la ciudad y quemando todo tras de sí a medida que avanzaban los ejércitos del emperador. Devastados, los franceses fueron luego vencidos por el ejército ruso.

Los edificios destruidos durante este incendio fueron reconstruidos a lo largo del siglo XIX y se extendió la red de ferrocarriles con varias estaciones nuevas.

En 1905 se instituyó el cargo de Alcalde ocupado por primera vez por Alexander Adrianov.

En 1917 se produjo la Revolución Rusa liderada por Vladimir Lenin. El Zar fue derrocado, él y su familia fueron fusilados, y el Imperio se transformó en República.

El primer gobierno provisional fue elegido en febrero de 1917 tras la Primera Revolución y trasladó la capital a San Petersburgo. A este siguió el gobierno Bolchevique, instaurado en 1918 durante la Segunda Revolución, que regresó la capital a Moscú.

La ciudad tuvo un rol protagónico durante la Segunda Guerra Mundial y, aunque Rusia resultó vencedora, la invasión nazi dejó la economía nacional devastada y se cobró 27 millones de vidas.

A partir de 1987 el presidente  Gorbachov impulsó la reestructuración de la economía conocida como "Perestroika". En 1991 trató de imponer un tratado para el autogobierno de las diversas repúblicas soviéticas, que condujo a un golpe de estado. Gorbachov debió dimitir y asumió el presidente de la Federación Rusa, Boris Yeltsin. Muchos países declararon entonces su independencia y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se disolvió.

Tras la apertura creció la economía y la ciudad aumentó su población, aunque en pocos años se produjo una crisis económica  por el aumento de los precios. Para resolver la crisis de vivienda se desarrollaron  nuevos barrios periféricos. La urbanización en anillos fue completada en el 2004 con el Tercer Anillo o anillo verde, con el objetivo de transformar a Moscú en un espacio más amigable con el medioambiente.

Actualmente la ciudad, con más de 13 millones de habitantes, es una de las más grandes del mundo. Aunque se generan grandes proyectos inmobiliarios, también se protegen las construcciones históricas, que son las que dotan a Moscú de su espíritu característico; y las que podrás descubrir con un tour a tu medida.