Río de Janeiro, 'Brasil no coraçao' (2004) Parte XII
Por la noche tomo un autobús hacia el barrio de Lapa. Es viernes y hay bastante movida nocturna. Como algo en los puestos de la calle y recorro diversos locales de la zona. En un bar de samba conozco a un californiano y a un suizo. Llevan casi un año de viaje por Sur América. Ahora además se les han unido otros dos suizos de visita. Uno de ellos va muy espitoso. Habla por los codos y es
muy divertido. Poco después se queda dormido con el pedo en una silla echado hacia delante. Sus amiguetes se ríen y le colocan una jarra de cerveza en la nuca y, milagro milagroso, se le mantiene durante más de medio minuto hasta que se rompe el equilibrio y le cae la cerveza encima. Al cabo de cinco minutos el amigo ya vuelve a estar frito otra vez. Entonces sus amigos lo levantan con la silla, sin despertarle, y lo dejan en medio del escenario. El suizo espitoso se despierta asustado y perdido en medio del concierto de samba. La noche transcurre entre putaditas, risas, bailes y cervezas. Me lo paso muy bien. Regreso al hotel casi de madrugada.
Me despierto tarde al día siguiente. Salgo a pasear por Ipanema. Estoy espeso. La resaca. Me da palo pensar que en poco más de una hora deberé estar en el aeropuerto. He descubierto un país tan fascinante que apenas he tenido tiempo de pensar ni en Xuxa, ni en sus botines. Me llevo a Brasil no coraçao y la sudade, como la sal del mar, enrojeciendo mis ojos.
Mientras camino, empiezo a pensar en la vuelta a casa, en que mi forma de ser y mi vida encajan cuando viajo, en la brevedad de la vida y en lo que estoy haciendo... Quizás la tristeza del regreso me hace pensar cosas de este tipo, quizás la resaca, quizás la seguridad de que siempre hay algo que frena mis deseos de dejarlo todo atrás y ponerme a viajar… Pensando vagamente en mi poco valor para afrontar las cosas, pensando hasta que punto me engaño o no, regreso al hotel haciendo equilibrios ante el minúsculo abismo de un bordillo.

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