Río de Janeiro, 'Brasil no coraçao' (2004) Parte XI
Río de Janeiro
Me pasó toda la noche y la mañana cruzando de norte a sur Brasil. Hago escala en Brasilia, donde debo tomar otro avión que lleva más de dos horas de retraso.
Sobre Río de Janeiro había oído todo tipo de leyendas urbanas, casi todas relacionadas con la inseguridad y la violencia de la ciudad: no tomes el taxi equivocado, no camines solo por la noche porque te seguirán o tu seguirás a alguien, no mires a los ojos de los mininos de la calle porque hacen girar los ojos y te hipnotizan y despiertas luego en Copacabana sin la cartera y con los pantalones hasta los tobillos…
Con referentes de este tipo y con todos los nervios encogidos en mi ombligo aterrizo en Río. Tomo un taxi oficial que me lleva al hotel Las Colinas y salgo a pasear por Ipanema. Hace un sol muy agradable a media tarde. La playa está muy animada. Bikinis de vértigo, Airgamboys cuadrados luciendo palmito, vendedores ambulantes, paseantes de avanzada edad intentando subir a las rodillas el ímpetu juvenil… Se ve gente más desteñida, menos africana que la del norte del Brasil.
Río a primera vista parece una ciudad moderna, dinámica, occidental, pero llena de contrastes y de miedos. Cada edificio parece un bunker, con vallas altas y alambradas de espino. Según se va haciendo de noche, en las montañas que rodean la ciudad, se encienden las luces de las favelas que parecen acechar como un inmenso pesebre de pobreza.
Tomo un taxi a la mañana siguiente para recorrer los lugares más emblemáticos de Río. El taxista me lo había recomendado un amigo. Es la opción más rápida, quizás también la más cara, pero se acaban mis vacaciones y quiero aprovechar el tiempo al máximo. Visito el Cristo Redentor en el Corcovado, el Parque de Tijuca, el Pan de Azucar, las playas de Ipanema y Copacabana, el barrio de Santa Teresa. Río me parece una ciudad mucho más rica en matices y hermosa de lo que había imaginado. Necesitaría mínimo una semana para empezar a conocerla. El taxista anima el recorrido con anécdotas y detalles de la ciudad. El viaje es una gozada.
Comentarios