De Natal a Recife, 'Brasil no coraçao' (2004) Parte IV
De Natal a Recife
Próxima parada Natal. Llego sobre las dos de la tarde al aeropuerto. Un taxista me lleva hasta Punta Negra, una zona de complejos turísticos impersonales. La primera impresión es un poco decepcionante. Decido pasar solo una noche allí. Veo partidillos de futbol boley en la playa y me divierto hablando y observando el trapicheo del lugar.
Si se suele decir que por la noche todos los gatos son pardos, en Natal más que gatos son panteras y tigresas, y las hay negras, blancas, mulatas y amarillas. Al calor del turismo de masas crece vigoroso como una enredadera el turismo del sexo. Algunas chicas son jóvenes, demasiado jóvenes, y muchas tienen ya los ojos demasiado tristes como para poder soñar.
La mañana siguiente la paso haciendo una excursión en Boggie. Subimos y bajamos dunas y me lleno de arena hasta las cejas pero es divertido. Entre unos cuantos tomamos un taxi por la tarde y nos vamos a Praia do Pipa, al sur de Natal. Por el camino se ven pueblos muy pobres, como olvidados, transportados muchos años atrás.

Pipa fue en un inicio un asentamiento hippie que creció y se expandió con el turismo. Dicen que es como Ibiza pero en los años ochenta. Pipa, con sus pintorescos diseños y colores, tiene ese típico rollo entre hippie y pijo que intenta ser guay, y que puede llegar a serlo, pero que sale muy caro. Apenas se ven brasileños en el lugar.
Me hospedo en una pousada con un precioso jardín donde se puede dar de comer a los monos. Salimos a cenar y a tomar algo. Salvando distancias, el ambiente nocturno me recuerda al de la Costa Brava y alrededores con la diferencia de aquí yo también soy un guiri.
Me levanto pronto al día siguiente con la intención de alejarme del turismo de masas y de reencontrar al pueblo brasileño. Me compro un mapa y me alquilo un coche. Mi destino: Acarí, un pueblo a unos 300 kilómetros al interior. La noche anterior dos abueletes autóctonos me habían contado que Acarí era uno de los pueblos más bonitos de todo Brasil. El más osado incluso lo bautizo como ‘la cidade mais bonita do Brasil’.
Comentarios