‘Oye mi amol’ y otras delicias cubanas (2003) Parte IV
Cienfuegos
En Cienfuegos me hospedo en casa de una señora. Tiene unos 60 años o así y me da que se le va un poco la cabeza. Cuando llego está viendo en la tele los Juegos Panamericanos.
- Los alemanes son los que más medallas llevan - me dice.
Salgo a dar una vuelta por la ciudad. Paseo por el animado Boelebard, veo la Catedral, el Palacio Ferrer, el Teatro Tomas Ferry, el Parque José Martí. Allí me siento a tomar un café y a escuchar música. La tarde la paso conociendo la ciudad. El atardecer es fantástico y me recreo en el puerto y la Bahía de Cienfuegos. Por la noche salgo a una especie de pub y me encuentro de nuevo con los chicos de Barcelona. Pasamos la noche juntos, bebiendo y riendo. Lo pasamos muy bien.
A la mañana siguiente la señora de la casa me ha preparado un bocadillo de varios pisos, solo le falta el ascensor. Le voy a hincar el diente pero aparece bajo el pan un ejercito de hormigas. ¡Madre del amor hermoso, pero si están todas las hormigas del hemisferio norte! No sé si decirle algo a la señora. Ella se gira y me mira.
- ¡Los alemanes ganaron otra medalla, que tíos!
Desisto de mi idea. Al mediodía salgo para la Habana. En el autobús veo pasar el paisaje cubano y recuerdo que el viaje termina. Me siento muy triste.
La Habana Epílogo y Barcelona
Unas horas después llego a la Habana. Me alojo en la Habana Vieja, en un lugar céntrico. La habitación parece el plató de una peli porno. Mucho rojo, mucho espejito. En cualquier momento, pienso, saldrá Rocco Sifreddi del lavabo.
Ceno y voy a la Casa de la Música un cabaret típico cubano. El espectáculo es bonito pero huele un poco a viejo, a alcanfor. En el local hace un frío tremendo. Salgo de allí y apuro las últimas horas de la noche cubana.
A la mañana siguiente paso más de tres horas en el Museo de la Revolución. Me encanta. Como y saboreo mi último paseo en Coco Taxi. Por la tarde ya estoy en el aeropuerto con las maletas.
Ya de regreso a Barcelona hace un día triste. Huele a otoño. Hace algo de frío. Pienso que todavía me quedan once meses antes del próximo viaje. No sé porqué me siento raro, como un extranjero, como si algo dentro de mi hubiese cambiado, y empiezo a sentir que mi casa es un lugar de paso y que el mundo es mi casa.

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