‘Oye mi amol’ y otras delicias cubanas (2003) Parte III
Trinidad
Vamos en el taxi hasta Trinidad. Entre los pasajeros que compartimos taxi está Kate, una turista holandesa. Por el camino me cuenta que la noche anterior un cubano le tiró la caña:
- ‘¿Tienes novio?’, me pregunta. Y yo le digo que sí. Y él: ‘¿Pero está aquí? Y yo le digo que no. ‘¡Pues entonces… mi amol…!’
La holandesa me explica que se sintió indignada por esta actitud. Desde luego se la ve una chica de ideales muy profundos y sólidos.
Después de 6 horas llegamos a Trinidad. Es un pueblo colonial, de casas de colores y suelos empedrados. Me hospedo en casa de Becky. Con ella viven sus padres, una gente educadísima y amable, y su sobrina Chavelita. Tiene un bonito patio interior tipo andaluz. Kate, la turista holandesa, también se hospeda en la misma casa.
Por la noche y después de cenar vamos a tomar algo a Las Escaleras. Como su nombre indica Las Escaleras pues son eso, unas escaleras, con mesas, música en directo y pista de baile. Kate me explica que con su novio trabajaban en una Fundación en Holanda, que su novio no había podido viajar a Cuba por un problema a última hora, y que ella también trabajaba en la Fundación, y que la Fundación ayudaba a niños de barrios marginales, y que a ella y su novio eran muy felices en la Fundación.

A aquellas alturas de la conversación tenía claro dos cosas. Punto primero: Kate, tenia novio. Punto segundo: Kate, trabajaba en una Fundación con su novio.
Un mulato se acercó y le pidió para bailar a Kate. Ella aceptó.
Los mojitos habían ido cayendo uno tras otro. Entre eso, la música y el tentador baile de las cubanas, el tiempo había pasado volando y ya era bastante tarde. Decidí irme a dormir. Kate me dijo que venía en un rato. En ese momento pensé: esta ha mordido el polvo, ¡esta… ha mordido el polvo! Adiós Fundación, adiós novio, adiós profundos y sólidos ideales. Bienvenida lujuria, bienvenido mulato, bienvenido folleteo. Pensado cosas de este tipo, riendo y borracho, estuve deambulando un buen rato por el pueblo hasta que encontré una puerta que coincidió con mi llave.
A la mañana siguiente almorcé con Kate. Habíamos quedado para hacer una excursión a caballo. Tenía ojeras. Le pregunté cómo había terminado la noche. ' Bien, estuvimos tocando la guitarra hasta las 6', me dijo. ¡Sí, y el piano!, pensé yo. La excursión a caballo estuvo muy bien. En el parque natural Topes de Collantes subimos hasta unas cataratas. Por la tarde salí a pasear por el pueblo. Kate me dijo que había quedado. Cual Rodolfo Valentino en la puerta ya le esperaba el mulato de la noche anterior.
Paseé por las calles antes de ir a cenar. La plaza Mayor, las iglesias y conventos, la arquitectura colonial, el color pastel de las casas y las calles empedradas hacen que me monte la película de cómo debían ser aquellas calles hace muchos años. La verdad, no se mucho de arquitectura, me gustaría saber más, pero sí se lo que me gusta o no y todo aquello me parece sencillamente precioso.

El día siguiente me acerqué hasta playa Ancón. Muy correcto el sitio. Con sus palmeras, sus sombrillas. Tampoco nada del otro mundo. Mientras tomo el sol veo a lo lejos acercarse, cual gaviotas, a Kate y al cubanito. Él la llevaba enlazada por la cintura no sea se le vaya a perder. Ella lo mira a él con chiviritas en los ojos. Se la ve feliz. Realmente es bonito verlos pasear.
Regreso a Trinidad. Está diluviando. Me refugio en un bar y allí conozco a cuatro tíos de Barcelona y nos reímos un buen rato.
Por la noche salgo para no perder costumbre. En un sector del local en cuestión se impone el ambiente gay. Son unos cracks. Es divertido verlos bailar.
A la mañana siguiente estoy para el arrastre. Me levanto muy tarde, voy a la playa, regreso de nuevo con aguacero y veo con Chavelita, la niña de la casa, Anastasia. Pobre, lo que tuvo que sufrir Anastasia. ¡Y el frío que paso! Comentamos y hacemos con Chavelita una especie de mesa redonda para profundizar sobre Anastasia. Chavelita tiene 10 años o así, pero sus puntos de vista son bastante más maduros que los míos. Ha pillado el mensaje de la película… Joder, a mi se me ha escapado. Sabía que las mujeres son más maduras que los tíos pero no tanto. Me empiezo a preocupar por mi edad mental.
Por la noche tenemos una buena conversación con Becky y sus padres. Hablamos de la revolución. Los pros, los contras, lo que según ellos le quitó al pueblo pero también hablan de los progresos de la revolución en campos como la educación, la sanidad, o la igualdad de razas. Becky sentencia:- Sí, amigo, los negros tienen que besarle el culo a Fidel. Es extraño porque llegas a Cuba con unos estereotipos y sales de allí mucho más confuso sobre lo que piensan los cubanos del Régimen. Los hay a favor y en contra. Y sinceramente, yo no sabría dar mi opinión y tampoco creo interese mucho.
El viaje se está acabando y reservo a la mañana siguiente un billete de autobús para Cienfuegos. Haré una parada en esta ciudad antes de llegar a la Habana.
Me despido de la gente de la casa y de Kate. Ella se queda unos días más. Me mira con cara medio de vergüenza y remordimiento. Yo no creo que tenga que avergonzarse de nada aunque no se lo digo.
Con el Viazul me dirijo a Cienfuegos. Este autobús para turistas es una buena opción de transporte pero no mucho más barata que un taxi si lo alquilas entre varias personas.
Parte IV - Lunes 22 de Febrero

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