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Viaje por Túnez

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Edificio de Hammamet - Turismo Túnez
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Medina - Viaje por Túnez
Café en la costa - Viaje por Túnez

Una oferta de fuera de temporada nos decidió. 319 € una semana en un hotel de Hammamet en Túnez. Desayuno y cena incluidos. En temporada superbaja, claro. El truco consistió en utilizar esa plataforma para recorrer algunos de los lugares del norte de África más queridos para mí.

En 1990 pasé un verano en Túnez en el Instituto Burguiba de Lenguas Vivas (Ma’had Burghiba lil-lughat al hayat) aprendiendo árabe. Fue el año en que Sadam Hussein cayendo estúpidamente en la trampa que le tendieron los servicios secretos norteamericanos invadió Kuwait. La reacción de una buena parte de la población tunecina fue de alegría. Probablemente no les gustara Sadam Hussein pero a los kuwaitíes les tenían un paquete del copón. Un estado tribal gobernado por unos rijosos jeques beduinos podridos de dinero que no lo utilizaban para crear riqueza a su pueblo o para mejorar la vida de los otros musulmanes pobres, palestinos concretamente, muchos de los cuales vivían exiliados en Túnez. Mi amigo Gary, un norteamericano que estudiaba también en el Burguiba, y yo estuvimos en la manifestación de apoyo a la invasión, de fuerte contenido antiyanqui, y que pronto fueron reconducidas por el corrupto régimen de Ben Ali. Gary no escondió su nacionalidad y en pocos minutos se convirtió en una especie de héroe exótico para los circunstanciales manifestantes de nuestro entorno. Flipaban oyéndolo gritar a pleno pulmón ¡yanki barra! (yankis fuera). No me voy a excusar por haber participado en aquello. Estaba allí y fui. Punto.

En el tiempo libre que me dejaban las clases y en los fines de semana me dediqué a conocer los lugares más cercanos y a amarlos. Al año siguiente volví durante un mes, esta vez como turista, acompañado de C. y de mi hermano A.

Así que la semana del 1 al 7 de diciembre C. y yo estuvimos durmiendo, desayunando y cenando magníficamente en el hotel Alhambra, el último construido al final de la línea de costa turística de Jasmine, a doce kilómetros justos de Hammamet en Túnez. Más allá del hotel se extendía la costa desierta del Sahel. Los tunecinos aprendieron de los españoles las artes del turismo costero, para hacer justamente lo contrario. Nos lo dijo hace años (19 concretamente, ¡qué vertigo!) el director de un hotel de lujo de Djerba al que entramos a tomar una cerveza (nosotros parábamos en un modesto hotelito tradicional del centro de Houmt Souk) y que pegó hebra con nosotros en la terraza, frente a los apartamentos exentos, de una sola planta , con su cupulita blanqueada en que consistían las habitaciones. Por eso antes de que el desarrollo turístico eclosionara como después lo hizo se emitieron algunas medidas para impedir que aquello llegara a parecerse nunca ni remotamente a Benidorm o Fuengirola. La fundamental fue la prohibición de que los edificios superaran la altura de los árboles. La segunda primar absolutamente la construcción de hoteles sobre la de bloques de apartamentos. Y la tercera enviar a Europa a formarse en las facultades de Arquitectura a un buen montón de jóvenes con ganas de trabajar a su vuelta para que los diseñaran. Así, es posible circunvalar completa la isla de Djerba (unida al continente por un puente) por una estrecha carretera a escasos metros de la línea de hoteles de lujo que la circunda sin sentir que se está en una de las zonas más turísticas de África. Edificios blancos de escasa altura que asoman intermitentemente por entre la línea horizontal de la vegetación (fundamentalmente olivos y palmeras) perfectamente integrados en un paisaje de fuerte sabor mediterráneo. Los edificios han sido diseñados con un gusto exquisito, a veces preñados de kitsch y otras de vanguardia, listos para acoger a las clases medias y populares de Europa en un sueño empaquetado de una semana... de otra manera.

La zona turística de Hammamet es menos coqueta. Los hoteles son más altos, aunque nunca de más de tres o cuatro plantas, y su presencia más rotunda, pero sigue imperando el buen gusto y los diseños impactantes, a pesar de algún que otro horror de corte disneyano. El Alhambra concretamente es una estilización muy sobria del aire del monumento granadino que le da nombre. El problema para quienes como nosotros sólo aprovechan estas maravillas turísticas por la economía de los paquetes de agencia frente al viaje por libre es que estos centros turísticos están concebidos como parques temáticos vacacionales convencionales y tienden al aislamiento y a la autosatisfacción de necesidades. Por ejemplo: saliendo del hotel hay que recorrer un kilómetro para encontrar una encrucijada de servicios (algunas tiendas y un par de restaurantes), aunque un kilómetro más allá se puede encontrar un parque de atracciones delirantemente kitsch en el que se ha reproducido una medina artificial ideal de la muerte plagada de tiendas, restaurantes y atracciones más o menos de feria en la que pueden pasear y consumir los turistas más atrevidos sin peligro de rozarse con la morería auténtica al volver de la playa. Por supuesto las agencias tratan de que los contratantes de un paquete turístico estándar contraten también con ellos las excursiones a los lugares de interés histórico artístico originales de los alrededores a precios casi europeos. En la puerta de la falsa muralla para evitar confusiones pone claramente MEDINA.

La portada del Parque Temático MEDINA. Calle Principal y dos de las atracciones más impactantes: la caravana de camellos y la reproducción del ejército de Aníbal a lomos de elefante.

Pero cualquiera que se proponga conocer algunas de las maravillas que Túnez encierra puede hacerlo perfectamente por su cuenta, a precios irrisorios y con el aliciente de disfrutar mucho mejor la vida cotidiana del país. Un autobús urbano recorre el trayecto desde Nabeul hasta Jasmine atravesando la ciudad de Hammamet con una frecuencia de 15 minutos. A tan sólo 100 mts. de la puerta del Alhambra se encuentra la parada terminal desde donde regresa haciendo escalas cerca de todos los hoteles de Jasmine. Se supone que esta línea se creó para los cientos de trabajadores que hacen funcionar los hoteles, aunque se daba la paradoja de que muchos de ellos iban a currar en taxi, mientras nosotros usábamos el autobús.

En uno de los cruces, en la parada correspondiente a Manaret Hammamet, a medio camino de Hammamet en Túnez, se encuentra el mejor nudo de comunicaciones de la zona. Allí se pilla el autobús de línea que en 45 minutos te deja en Túnez (60 kms.) o el louage, más rápido y sólo un poco más caro. Ambos llegan a la estación terrestre de Bab Alioua de la capital, a 15 minutos andando del centro, y con parada de taxis, autobús y tranvía. 100 mts. más allá de la parada de Manaret Hammamet aparcan los louages que en una hora te dejan en Kairouan. Los louages salen cuando se llenan, cosa que suele ocurrir casi siempre en menos de 10 minutos. En Hammamet en Túnez, muy cerca de la medina, también hay otra parada de louages para Túnez. Esas esperas cultivando la conversación (sólo hace falta un poco de francés) con los otros ocupantes, enseñan más sobre el país que cualquiera de las explicaciones de las guías del viajero. Un tunecino de la órbita común siempre está dispuesto a contarte quién es, cómo vive y en qué cree. Como buen andalusi que es.

El propio Hammamet es un pueblo muy bonito, con una medina, completamente rodeada de murallas, muy pequeña pero deliciosa, a pesar de la sobresaturación de negocios de bagaletas para turistas que la invaden y la ocasional vehemencia de los vendedores. Las puertas de sus hammams son los más bonitos de Túnez y las vistas desde el castillo son probablemente las más repetidas por los folletos turísticos de todo el Maghreb.

La terraza del Café Sidi Bou Hadid, al pie de la muralla y a 10 mts de la playa es un lugar magnífico para tomar un té, fumar una shisha y leer un libro o un periódico español comprado en el kiosko cercano.

El café Sidi Bou Hadid

Una mañana, mientras C. leía El País yo continué la lectura que me había llevado: La Vida del Capitán Alonso de Contreras, la terrible autobiografía de un corsario español del siglo XVII, un trepidante libro de aventuras que nos pone en contacto directo con la vida de los soldados del Imperio Español, sus hazañas y sus miserias, sin mediastintas y sin mediaciones literarias y del que tuve que hacer un trabajo, que recuerdo bastante aceptable, que me permitió aprobar la Historia Moderna de 3º de carrera. Desde entonces no lo había vuelto a abrir. Como no es muy largo pude terminarlo de nuevo enseguida y dedicarme a releer las partes correspondientes a algunos de los lugares de la costa tunecina que aparecen el libro. Concretamente Hammamet en Túnez, que aparece con el nombre de La Maometa es un lugar clave, ganado y perdido en varias ocasiones por las fuerzas corsarias españolas o las turcas del bey de Túnez. Aunque, como siempre, los auténticos perdedores son siempre la población civil, lo que se pone de manifiesto claramente en el relato. La estructura de la medina y de la costa no ha cambiado nada desde entonces. Así pude imaginarme la siguiente escena:

Luego el mismo año, que fué 1601, fueron las mismas galeras á Berbería á hacer otra empresa. Embarqueme venturero como el viaje pasado, y fuimos y tomamos una ciudad llamada la Mahometa ; fué de esta suerte: llegamos á vista de la tierra la noche antes de que hiciéramos esta empresa, y caminamos muy poco hasta la mañana que estuvimos muy cerca; mandó el General que todos nos pusiésemos turbantes en la cabeza y desarbolaron los trinquetes; de suerte que parecíamos galeotas de Morató raez, y ellos lo pensaron, enarboladas banderas y gallardetes turquescos y con unos tamborilillos y charamolas tocando á la turquesca; de esta manera llegamos á dar fondo muy cerca de tierra; la gente de la ciudad, que está en la misma lengua del agua, salió casi toda: niños y mujeres y hombres; estaban señalados 300 hombres para el efeto, que no fueron perezosos á hacerlo, y con presteza embistieron con la puerta y ganaron, con que quedó presa; yo fui uno de los 300; cogimos todas las mujeres y niños y algunos hombres, porque se huyeron muchos; entramos dentro y saqueamos, pero mala ropa, porque son pobres vagarinos. Embarcáronse 700 almas y la mala ropa; vino luego socorro de más de 3.000 moros á caballo y á pie; con que dimos fuego á la ciudad y nos embarcamos. Costonos tres caballeros y cinco soldados que se perdieron por cudiciosos; con que nos volvimos á Malta, contentos, y gasté lo poquillo que se había —166→ ganado, que las quiracas de aquella tierra son tan hermosas y taimadas, que son dueñas de cuanto tienen los caballeros y soldados.

Así mismo anduve leyendo bajo el tibio sol de diciembre el relato de la segunda toma de La Maometa (CAPÍTULO VIII) por parte de los españoles y las tropas de Malta que terminó en un gran desastre, fruto de una acción conjunta de varias fuerzas anudadas: la codicia de los soldados españoles, la estupidez de sus superiores, que olvidaron mandar quitar las escalas de las murallas una vez saqueada la plaza lo que permitió a los moros escondidos en las huertas retomarla en unos minutos y cañonearlos a placer desde las almenas, y la guinda de los elementos atmosféricos desatados en forma de una gran tormenta agosteña que casi hace zozobrar las naves. Contreras, tras salvarse de milagro nadando de la escabechina playera asistió desde una galera al ahogamiento del Adelantado de Castilla que no pudo alcanzar su faluca, probablemente porque no sabía nadar. Recuerdo haber imaginado mirando al mar entre sorbo de té y calada a la shisha toda la escena y al buen Adelantado vestido como un Felipe II convertido en un fardo empapado siendo izado con un bichero hasta la cubierta de una galera.

Como anochecía muy pronto, las horas pasadas en la habitación del hotel fueron muchas, así que tuve tiempo de volver a leer también otra novela que me fascina y no sólo porque su acción ocurra totalmente en Hammamet, sino porque la considero, en opinión que comparto con Graham Greene, una de los mejores de su autora, Patricia Highsmith: El temblor de la falsificación. La más perfecta de las perfectas trampas de la escritora tejana, donde Hammamet es el centro exacto de la nada. Pensaba hacer una pequeña recesión del libro estrujándome el cerebro un poco para tratar de transmitir el aire denso, viciado, que se respira en esa novela. He encontrado quien lo ha hecho mejor que yo y cuyas impresiones suscribo de la pe a la pa: Susana Guzner.