Destino a Tokio
Japón2008: sábado 16
Por la mañana teníamos que hacer el checkout en el Tokyo Dome Hotel donde habíamos estado estos días de congreso. Normalmente estos checkout significan la vuelta a tu país pero en este caso era mucho más agradable ya que simplemente nos trasladábamos al Hotel Sun Route Plaza en pleno distrito de Shinjuku.
En este como en otros momentos se manifiesta un nivel de inglés mínimo en la población japonesa. La gente me dice que es como es en España pero hay una gran diferencia entre Madrid y Tokyo (o España y Japón) que tendría que manifestarse también en el conocimiento del idioma del Imperio.
Un taxi nos llevó directamente al otro Hotel (íbamos a ir al metro, como siempre, cuando pensé que estábamos haciendo el tonto con las maletas). Este segundo Hotel no está mal pero la habitación es minúscula (aunque la tele es inmensa). Entiendo que el punto fuerte es la localización.
Decidimos aprovechar lo que quedaba de la mañana dando un paseo. En estos días de cierta soledad, he sabido apreciar lo que es simplemente pasear y pasear y pasear por una ciudad. Descubres lugares muy vistosos al tiempo que te encuentras con lugares completamente normales (para los tokiotas), edificios de viviendas, locales comerciales y empresas, que suelen quedar ignorados en guías de viaje o recomendaciones de otros turistas.
Antes de volver al hotel yo compré una PSP slim. Quería una de color verde claro pero salía el 28 de febrero así que elegí la negra estándar. En la tienda (más bien una cadena enorme), Bic Camera, tenían las cajas de PSP y consolas varias apiladas detrás de un mostrador. De hecho, para comprar una, la pedías directamente o, dependiendo de la tienda, cogías una ficha que representaba la mercancía que querías llevarte. Parecía un almacén tipo IKEA pero más pequeño, claro.
No teníamos mucha hambre y comimos en uno de los cientos de Excelsior Caffe. El habitual Caffe Mocha (al que soy adicto ya, menos mal que no hay en Madrid) y unos sandwiches. Vimos el típico japonés completamente dormido con la cabeza apoyada sobre el respaldo del sillón y la boca abierta hasta el cielo. Realmente hay muchos japoneses que toman el café solos. Usan un móvil, una consola o un manga para entretenerse durante una hora y luego vuelven a una rutina que desconocemos.
Volvimos al hotel para dejar las cosas y planificar un poco los días que nos quedaban. Hay museos y visitas culturales pendientes, hay alguna compra que falta, curiosidades de su cultura juvenil que ver, etc. Decidimos emplear esa tarde en dar un buen paseo (cuesta abajo, qué bien) desde Shinjuku hasta Shibuya pasando por Harajuku. Todos estos lugares están siempre abarrotados de gente, con miles de tiendas y lugares de ocio o de quedar por los jóvenes locales.
Al llegar a Shibuya no pudimos evitar tener que ir a la famosa estatua del perro que fue fiel a su amo diez años después de su muerte (iba a esperarle a la estación). Es, básicamente, un lugar para quedar pero no como “en Callao a las 9″ sino veinte veces más.
Recorrimos el espectacular cruce de calles de Shibuya (suele ser de las estampas más típicas de Japón) con mareas humanas provenientes de todas direcciones.
A continuación, subimos hasta la colina de los hoteles del amor, donde por unas horas te dejan estar en parejita en una habitación rosa y empalagosa (”stay” o “rest”, cada una con sus tarifas).
Después de recorrer ese curioso laberinto de neones, optamos por cenar engañados por el estómago y una lectura equivocada del reloj de Angela. Elegimos un italiano (hay muchos en Tokio) con la mala fortuna de sentarnos al lado de un grupo de cuatro treinteañeros japonses que llevaban demasiado alcohol en el cuerpo. Personificaron las antípodas de la discrección y pudor japoneses riéndose estrepitosamente y fumando a todo trapo. Las camereras, con voz inaudible les intentaban “echar” preguntando si querían algo más. Error, pues pedían siempre una botella más de vino. Nos fuimos nada más acabar el postre y ellos seguían todavía allí con sus carcajadas y “sorbimiento” de mocos.
Al volver al hotel, estuvimos viendo un poco la CNN y caímos redondos sobre medianoche.



