Vacaciones en la Riviera Maya México
A pocos minutos en coche de allí está el cenote de Ik Kil, cenote tipo subterráneo. Eran poco más de las 16:00 horas cuando pagamos 70 pesos por persona(incluye parking y baños para cambiarte de ropa) para entrar al recinto. Para poder acceder a el hay que bajar durante unos 401m. por unas escalinatas de piedra a 30 metros de profundidad, cuenta con pequeñas cascadas y esta rodeado por una abundante vegetación que cuela por las paredes. Es un lugar idílico y la opción perfecta para refrescarse (para los que no saben nadar, pueden alquilar chalecos salvavidas). Mide 61m. de diámetro y una profundidad de 43 m.
Una vez dentro, tienes unas escaleras en un lateral desde donde puedes lanzarte al cenote desde unos 4 ó 5 metros de altura. Es divertidísimo.
Poco antes de las 17:00 ya estábamos rumbo Izamal, ciudad colonial. La Ciudad Amarilla, llamada así por el color de sus edificios, posee el convento de San Antonio de Padua, que fue lo único que visitamos de esta población. Dicho convento posee el segundo atrio más grande del mundo, superado sólo por el de San Pedro en el Vaticano. Para mi esta visita fue de las más prescindibles, sin embargo a Yolanda si que le gustó.
De vuelta a la carretera, recorrimos los 72 kilómetros que separan Izamal de Mérida, donde teníamos el alojamiento. Aparcamos en frente unos minutos para dejar el equipaje y tras estacionar correctamente a sólo 2 minutos del hostal, nos instalamos en nuestra habitación en "la Casa del Tio Dach". El precio del hostal fueron poco más de 200 pesos (2 personas y una noche en habitación doble con baño) y lo teníamos reservado mediante hostelworld. No me cansaré de aconsejar y recomendar este sitio para dormir, no sólo por el precio y la ubicación (a 4 calles de la plaza Central), sino por la decoración yucateca de esta casa de 1980 reconstruida, tal y como se aprecia en las imágenes. Edwin, el propietario, la heredó y hoy comparte sus conocimientos con sus huéspedes.
Cuando llegamos a La Casa del Tio Dach, Edwin no estaba, y nos atendió otro chico, muy simpático y agradable también. Él nos recomendó el restaurante en el que cenamos poco después.
Pero vayamos a la corta visita que hicimos de Mérida.
El conquistador Francisco de Montejo el Joven fundó esta ciudad el 6 de enero de 1542 sobre la ciudad Maya de Toh.; la llamó Mérida porque le recordaba la ciudad romana de Extremadura. Hoy Mérida es un importante centro manufacturero y también ciudad universitaria y plaza financiera.
En el Centro de la ciudad, el Zócalo, comúnmente llamada por los yucatecos "Plaza Grande", es donde podrás encontrar los principales edificios de la ciudad.
Palacio de Gobierno, fue construido en el s.XIX como casa para los gobernadores y jefes del estado de Yucatán, en su interior podrá encontrar la historia de Yucatán a trabes de 27 pinturas del yucateco Fernando Castro Pacheco, igualmente se encuentran en el interior las oficinas de información turística.
Palacio Municipal, en el se encuentras las oficinas de H. Ayuntamiento de la ciudad de Mérida.
Casa de Francisco de Montejo. Es considerada "la joya del arte plateresco más valiosa que poseemos en arquitectura civil", fue la casa del fundador de la ciudad y tiene una placa con una inscripción de 1549.
Catedral del San Idelfonso, con una arquitectura de estilo renacentista y torres que exceden los 40 metros, es la catedral más antigua de América (1560-1598), tiene cúpula adornada con arcos y aun conserva un viejo reloj que sirvió para dar la hora a los meridanos. El Cristo de la Unidad, en el altar mayor, es el mayor de América tallado en madera.
El restaurante que nos recomendaron está al lado del teatro principal, a escasos 50 metros de la plaza, en la calle 62, entre la 59 y la 61. Se llama "el trapiche" y comimos un combinado yucateco para dos personas compuesto por 2 sopas de lima, 1 panucho, 1 salbute, cochinita pibil, poc-chuc y pechuga de pollo a la yucateca por solo 160 pesos, más 25 pesos más por la coca-cola y el jugo de papaya. Nos encantó pero fuimos incapaces de terminárnoslo todo. Una vez más comimos mejor que en el hotel.
Una vuelta más por la plaza y de tiendas antes de volver al hostal, donde nos esperaba Edwin, con el que charlamos largo y tendido mientras navegábamos por la red (hay wifi gratis) antes de irnos a dormir.



