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Descubriendo la cultura y costumbres del Japón

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Fecha del viaje : 
11 de Oct de 2008 - 25 de Oct de 2008
Templo - Descubriendo la cultura y costumbres del Japón
Lago y Templo - Descubriendo la cultura y costumbres del Japón
Parque - Descubriendo la cultura y costumbres del Japón

La proximidad con Kioto y la excelente red de comunicaciones entre ambas localidades hacen de la excursión a esta antigua capital de Japón una de las etapas casi obligatorias de todo viaje. Nara fue residencia de los emperadores durante el llamado –precisamente por ello– periodo Nara, época en la que, por cierto, se importó el budismo de China (aunque sin que eso supusiese el abandono del tradicional shintoismo) y se adoptaron algunas de las costumbres y leyes de la dinastía Tang, que regía por aquel entonces el vecino imperio. Muchos de los templos y santuarios construidos en esa época, aunque convenientemente restaurados e incluso reconstruidos, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998. Este es, sin duda alguna, el mayor de sus atractivos, el imponente conjunto de templos que alberga. Aparte de eso, Nara es una población relativamente pequeña –al menos para los estándares habituales de Japón– cuyos enclaves principales pueden ser visitados en un día.

Aquí se halla el que dicen que es el templo de madera más grande del mundo, el Daibutsu-den, situado dentro del complejo denominado Todai-ji y adonde acuden diariamente una pléyade interminable de visitantes, especialmente grupos de escolares, algunos de los cuales todavía se empeñan en atravesar una de sus columnas por un agujero hecho en su base (del mismo tamaño que los orificios de las narices del gran Buda que, con más de 50 metros de altura, preside el templo) para, según dicen, garantizarse la “bendición de la iluminación” –aunque a mí, sinceramente, me parecía que se lo tomaban más a modo de juego que como un ritual verdaderamente religioso.

Otra de las características peculiares de esta población es la nutrida colonia de ciervos que pueblan el parque y que, habituados al trato con la gente, se acercan a los visitantes con total familiaridad e incluso acuden solícitos a cualquier ofrecimiento de comida se que se le haga (de hecho, en el parque hay varios puestos donde se venden unas galletas que los vuelven locos). En cualquier caso, si se dispone de tiempo y el día acompaña, el recorrido que atraviesa el parque de Nara y que lleva hasta algunos de sus templos y santuarios más notables siempre supondrá una buena ocasión para disfrutar de un paseo tranquilo y agradable por un espacio natural que, multitudes aparte, rezuma calma y sosiego por los cuatro costados.

Tengo que decir que nuestra visita a Nara fue más breve de lo que hubiera sido deseable; todavía nos quedaban muchas cosas que ver en Kioto, población donde estábamos alojados y cuyos numerosos atractivos exigirían por lo menos 5 o 6 días de estancia, así que no nos quedó más remedio que optar por una de las dos opciones: un día entero en Nara, para regresar a última hora de la tarde, o tratar de disfrutar al menos de media tarde más en Kioto. Al final, decidimos regresar a Kioto al mediodía, de modo que nuestra vista a Nara quedó circunscrita al referido paseo por el parque. También tengo que decir que, personalmente, no era la visita a los templos lo que más interés suscitaba en mí; aún reconociendo todo su valor histórico y su belleza estética, a veces realmente encomiable, no siento excesiva simpatía por las religiones, más bien lo cotnrario, lo que me lleva a no considerar la dimensión espiritual de esta clase de edificios; y, por otra parte, la abundancia de arquitectura religiosa en este país puede acabar provocando un empacho incluso en el más fervoroso de los devotos.