Ciudades de Japón
Oct 17
Los 1200 ciervos de Nara
Nuestra siguiente etapa ha sido Nara. Tras abandonar las heladoras y hermosas cimas de Koyasan nos dirigimos a la famosa, y muy turistica, ciudad de Nara.
Al parecer hay varias cosas por las que es un destino turístico para nacionales y extranjeros: Todai-ji, templo budista, Kasuga Taisha, templo sintoista, y los ciervos del parque. A parte de eso una vez al año exponen los tesoros nacionales chachiguais de la muerte, pero con la suerte que tenemos empieza la semana que viene. Vamos, que entre todos los templos en obras que nos hemos encontrado y las exposiciones y eventos que empezaban o acababan antes y después de nuestra estancia, parece que hemos venido en las únicas dos semanas del año en las que no ocurre nada, al margen de las obras, claro.
Del primer día, el de nuestra llegada, no vamos a hablar mucho porque yo, Angela, me lo pasé en el ryokan con fiebre, gracias al catarro que me pegó mi maridito, bueno y un poco al frío de la noche en los templos... Afortunadamente, teníamos el día siguiente entero.
Nara, para los turistas, consiste en una calle comercial con toda clase de souvenirs y un "hilo musical" a través del cual una animada japonesa habla de las maravillosas ofertas que se pueden encontrar en la susodicha calle. Todo ello aderezado con una música de fondo que parecía una mezcla entre los chicos del coro y un villancico hortera.
La zona del parque es bastante bonita y, al parecer, hay un bosque bastante grande a las afueras. Paseando por el parque se puede llegar a los lugares más interesantes. En Todaiji se encuentra un famoso Buda de bronce impresionante, gigantesco, de dieciséis metros de altura y cuatrocientas treinta y siete toneladas. De regalo vimos algunos retazos de una ceremonia de celebración de los 1250 años de la fundación de una escuela budista en el complejo de templos. Lamentablemente en Kasuga Taisha, el templo sintoista, no pudimos ver mucho del interior porque se estaba celebrando una boda tradicional, con unas sacerdotisas que ejecutaban una curiosa y elegante danza. No fue un mal cambio.
Por último, los ciervos. En el parque de Nara los ciervos andan de un lado para otro como los gatos por las calles de Torremolinos (mis padres lo entenderán). El hecho es que ver un bicho de un metro de alto perseguir a los turistas para que les dieran las galletitas que se compraban para "alimentarlos", no es como ver palomas en cualquier plaza del mundo. Un dato, hay 1200 ciervos que van por todas partes, cruzan los pasos de peatones, se tumban en las explanadas y que, además, son tesoro nacional por aquello de que en la antigua religión japonesa eran mensajeros de los dioses. En fin, que Pablo se hizo la foto de rigor dándoles su heladito y tan contento.
Nota de Pablo: creo que no esta quedando suficientemente reflejado pero el hecho de que Angela sepa leer japonés nos coloca en otra dimensión turística. Algo tan simple como "es por ahí porque se lee X, como pone en el plano" te ahorra las trescientas vueltas que dan los demás. Creo que en más de una ocasión hemos pasado por alto el lío que habría supuesto no haber interpretado correctamente un cartel o una indicación de un lugareño (por ejemplo, cuando en Kyoto andábamos perdidos buscando el ryokan, una señora se ofreció a llevarnos y menos mal que Angela la entendió porque si no, yo le habría dado las gracias tres mil veces y habría salido pitando pensando que era una loca del lugar). Queda dicho.




