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Turismo por la Lombardía, Italia

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Fecha del viaje : 
03 de Abr de 2005 - 16 de Abr de 2005
Balcon en Verona - Turismo en Verona, Italia
Vista de Verona -  Turismo en Verona, Italia
Arena de Verona - Turismo en Verona, Italia

Romeo y Julieta; Verona; William Shakespeare: se trata de nombres que nos remiten unos a otros, como si se necesitaran mutuamente. De hecho, dos de los monumentos más visitados de la ciudad son las casas de los amantes. Pero Verona, sin duda alguna, es mucho más que la trágica historia de amor que el gran dramaturgo inglés ubicó en sus calles. Se trata de una de las ciudades más bellas de Italia, deslumbrante no sólo a causa de sus plazas y edificios principales, sino por la angosta red de callejuelas que se extiende hasta las mismas orillas del río Adige.

Vista de la plaza delle ErbeNada más cruzar la puerta que parece dar acceso a la ciudad, la imponente plaza Bra se ofrece como un magnífico aperitivo de lo que nos espera. Hemos llegado a primeras horas de la mañana; a estas horas, la luz suave y cuidadosa de un sol todavía timorato contribuye a que los colores de las casas luzcan con una especial luminosidad, confiriendo un aspecto espectacular a edificios y frontales. Describir todos los monumentos que alberga esta ciudad excepcional sería interminable: la Arena, segundo mayor circo romano conservado tras el Coliseo; la fortaleza de Castelvecchio; la sublime iglesia de San Zeno, con su fabulosa puerta románica de bronce; la Plaza delle Erbe, vigilada en uno de sus flancos por la majestuosa Torre del Gardello; la pequeña pero impresionante plaza de los Señores, rodeada de magníficos y suntuosos palacios renacentistas y coronada por la imponente Logia; el Duomo, tan espectacular como una ciudad como ésta merece... Pero el encanto de la ciudad no acaba aquí, es más, se engrandece si abandonamos sus referentes más conocidos. Las callejuelas que enlazan las distintas plazas, que bajan hasta el río y que comunican el Duomo con la central plaza delle Erbe merecen también su tiempo. Callejear por Verona, como sucede en la mayor parte de las ciudades monumentales, permite disfrutar sin las limitaciones impuestas por el turismo de masas de su atmósfera genuina, de la vida cotidiana de sus gentes, de los innumerables edificios, fachadas y palacios que se distribuyen a lo largo y ancho de la misma, y supone una espléndida manera de descubrir por uno mismo su verdadera idiosincrasia. Quedarse únicamente en el rectángulo constituido por la plaza Bra, el corso Cavour, la calle Stella y la Plaza delle Erbe y perderse el resto de maravillas de Verona es como pretender visitar una ciudad a base de ver postales. Es una pena que la mayor parte de los grupos de turistas apenas se atrevan a salir de este cuadrilátero.

Vista general de la impresionante Plaza delle ErbeNuestra intención era visitar la ciudad por la mañana y, tras el preceptivo receso para comer, darnos una pequeña vuelta por el lago de Garda. Sin embargo, a los pocos minutos de llega aquí decidimos que Verona merecía bastante más que unas escuetas horas; llegar hasta aquí, seguir el recorrido turístico aconsejado por la mayor parte de las guías y a continuación marcharse era más que un error: se trataba de una auténtica indecencia. Así que, al alargar más de lo inicialmente previsto nuestro visita a Verona, nos vimos obligados a reducir el tiempo destinado al lago adyacente. Por si fuera poco, los atascos que cualquier domingo por la tarde se sufren en las carreteras italianas en zonas turísticas como ésta, nos obliga a permanecer detenidos tras una interminable hilera de vehículos más de una hora. De esta manera, poco antes de que comenzara a anochecer, nuestra visita a Sirmione, en la orilla sur del lago, sería nuestro único contacto con el lago más grande de Italia.