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Destino: India y Nepal

Jaipur, India

16 de marzo, sábado

El viaje con Air France ha resultado estupendo, el avión es bastante moderno y dispone de pantallas de vídeo individuales de selección táctil. He escogido una película india que trata el tema de la corrupción política.

El protagonista es un reportero de televisión que entrevista al primer ministro indio en directo y le acusa de corrupción y además, prueba cada una de sus acusaciones con material gráfico. El primer ministro le ofrece su puesto por un solo día y el reportero lo acepta. En veinticuatro horas lleva a cabo una actividad frenética que incluye la destitución en masa de funcionarios corruptos e ineficaces, y todo ello emitido en vivo por la televisión. En un sólo día despide a más de 60000 funcionarios. El pueblo está entusiasmado con él y se presenta a las elecciones, que gana. A partir de aquí, los corruptos tratan de eliminarlo a cualquier precio. La película está bien llevada y el ritmo es frenético, muy diferente a la idea que yo tenía del cine indio. Me sorprendería que esta película se proyectara en la India, es muy crítica con el poder.

Llegamos a Delhi a medianoche, hace un calor algo pegajoso. El representante de Tour Masters nos espera en el aeropuerto con un cartel con nuestros nombres. (Este viaje lo hemos organizado con una agencia india. El precio sale parecido a realizarlo con una agencia española, la ventaja es que el itinerario es privado y lo hemos marcado nosotros.) El coche que nos traslada es un todo terreno Tata, bastante espacioso, con los asientos forrados con fundas blancas y dos almohadas para nuestra comodidad. Tata es una marca de coches que pertenece a una rica familia industrial india.

En el aeropuerto hay una discreta presencia de soldados y algunas barricadas con sacos de arena. Las carreteras están poco iluminadas, son amplias y las altas aceras y las glorietas me recuerdan a Irán. No hay mucha circulación y en veinte minutos llegamos al hotel The Park, situado a pocos metros de la Connaught Place y enfrente del Jantar Mantar. En el salón del hotel, Singh nos entrega los vales para todos los hoteles, guías y billetes de avión. Todo parece en orden, afortunadamente.

17 de marzo, domingo

Nuestro primer destino es el Palacio Samode, a 30 km al norte de Jaipur. Las condiciones de las carreteras hacen que para recorrer los escasos 250 km que separan a Jaipur de Delhi se necesiten cuatro horas. Pero este tiempo no es en balde, durante el recorrido hay suficientes atracciones para despertar el interés de cualquier occidental.

La circulación es fluida pero densa, y en la carretera se concentran vehículos y animales: bicicletas, coches, motos, tractores, búfalos, cabras, camellos tirando de enormes carretas con pienso, camiones multicolores y vacas por doquier, algunas mochándose en medio de la calzada.Las reglas de tráfico no se respetan, los adelantamientos se producen al mínimo espacio disponible y todo el tráfico parece caótico.

En medio de la carretera vemos un camión volcado sobre una vaca muerta y nadie alrededor, lo más espectacular es la ausencia de gente, no hay nadie, se diría que es una escena cotidiana, parte del paisaje. Cada pocos kilómetros hay controles policiales con improvisadas barreras, algunas funcionan como peaje y otras parecen controles del ejército. Se diría que cada pueblo podría ser cerrado y aislado mediante estas barreras. ¿Con qué objeto?

Para llegar a Samode abandonamos la carretera principal y nos adentramos en una secundaria con algunos tramos de tierra.El pueblo que rodea el palacio está en la miseria más absoluta, las aguas fecales fluyen a ambos lados de la estrecha calle que conduce al palacio y se ven animales domésticos por todas partes; burritos, cabras, vacas, búfalos negros, cerdos que más parecen jabalís y muchos monos correteando por los tejados de las casas. No creo que tengan agua corriente y menos luz eléctrica.

En medio de esta miseria, el palacio es un mundo aparte: el césped está bien cortado, dispone de piscina y hasta de un estanque con ranas. Nuestra habitación es muy amplia, dividida en dos alturas, la cama tiene dosel y mosquitero y también disponemos de minibar y televisión. El palacio es privado, pertenece al Marajá de Jaipur y fue su residencia antiguamente. La habitación de los espejos bien merece una visita.

Descansamos en la piscina. Se aloja muy poca gente, apenas cuatro parejas más.

Al atardecer, el personal de servicio entra en actividad. Esperan a un grupo de franceses y preparan la bienvenida. En el patio se preparan varios músicos, bailarinas y un tenderete de marionetas.

Les dan un recibimiento por todo lo alto; se iluminan multitud de bombillas que perfilan el contorno del palacio y a ambos lados del camino de entrada a la escalera principal se sitúa el comité de recepción con camellos engalanados. Los franchutes vienen disfrazados para la ocasión, todos con el típico pijama indio, sólo les falta el turbante. Lanzan hasta fuegos artificiales.

Al pasar por la puerta principal también a nosotros nos ponen el kurkúm rojo y los granitos de arroz en la frente. Generalmente, el bindi rojo quiere decir que una mujer está casada, si es negro es que ha enviudado. Aunque el color rojo es el tradicional, también usan otros, según la moda o para hacer juego con el vestido. En realidad, las reglas no son muy estrictas, hay mujeres casadas que no lo llevan y otras solteras que sí lo llevan, y otras que no son hindúes y también lo llevan. Un hombre me dijo que lo llevaba para conseguir concentración. En las celebraciones religiosas se suele utilizar el bindi rojo o el amarillo. En algunas partes de la India, las mujeres casadas se tiñen una mecha de cabello de bermellón para indicar su estado civil. También los brazaletes o los collares tienen significados especiales.

En realidad, el hinduismo no tiene una autoridad central que establezca con claridad reglas religiosas. Cada individuo, basado en su herencia histórica, toma sus propias decisiones sobre la dieta, sobre costumbres, etc. Aunque la esencia está clara: según el hinduismo, el alma es inmortal y cuando alguien muere, su espíritu continúa entrando en otros cuerpos con el fin de acumular experiencias positivas y a través de sucesivas reencarnaciones llegar a romper este ciclo y conseguir la salvación espiritual. Las malas acciones de la vida generan un mal karma y como consecuencia, ese ser tardará más en liberarse del ciclo de la muerte y reencarnación. Como todas las religiones, todo se reduce a: pórtate bien y ganarás el paraíso.

Así que, con nuestro bindi en la frente, tomamos la cena, al aire libre, en un entorno muy agradable, sobre un césped bien cortado, con un atento servicio y un bien provisto bufé donde abundan los platos indios algo picantes. ¡Qué gozada!

A los franceses les han preparado una cena con baile incluido. En otro patio, los tipos se lo han pasado en grande bailando. Apostaría a que son médicos que están de congreso, seguro. Curiosamente, no pernoctan en el palacio.

Después de la cena visitamos el patio interior, nos sentamos a tomar algo en una mesa y el espectáculo de marionetas comienza para nosotros. En un momento dado se requiere mi presencia y el manipulador hace caer una marioneta-serpiente desde lo alto. Menudo susto me da el gacho, a mi las serpientes no me gustan ni de trapo, debo tener fobia a estos bichos.

18 de marzo, lunes

Antes de llegar a Jaipur visitamos el fuerte Amber. Nuestro guía no aparece, el tipo nos estaba esperando en el hotel, le llaman por el móvil y en diez minutos le tenemos aquí.

Subimos la cuesta hasta el fuerte a lomos de un elefante. Nuestro guía habla bastante bien español y frente a la puerta nos cuenta la historia de Ganesh, el simpático dios con cara de elefante que todo el mundo pone en la puerta de casa como protección: la diosa Parvati se estaba bañando, tomó el aceite y los ungüentos usados para el baño y junto con las impurezas que salieron de su cuerpo, hizo la figura de un hombre, a la que dio vida rociándola con las aguas del Ganges. Después lo puso como vigilante en la puerta para prevenir que nadie la viera desnuda mientras se bañaba. Al no permitir que Siva entrara, luchó con él y Siva le cortó la cabeza. Cuando Parvati contó a su marido, Siva, que ella le había ordenado no dejar entrar a nadie, Siva lloró amargamente y mandó que se trajera la primera cabeza que se encontrase, que resultó ser la de un elefante. Siva fijó la cabeza al tronco y Ganesh resucitó.

Todas estas historias de deidades hindúes son de lo más rocambolescas. Ganesh cuenta con cinco historias conocidas y esta es la más sencilla y comprensible.

La religión hindú no ha sido revelada como la cristiana, la judía o el Islam, sino que es un sistema de creencias sociales y espirituales que ha evolucionado a lo largo de 4000 años. Su panteón está construido sobre unos 330 millones de deidades, nada menos, muchos de ellos son locales y sólo conocidos por un puñado de gente. Los hindúes de clase alta bien educados sostienen que estas deidades son manifestaciones del mismo Dios de los cristianos y judíos, pero la mayor parte de la población cree literalmente en los mitos y leyendas como la de Ganesh.

El fuerte contiene palacios que recuerdan la gloria pasada de la familia real de Jaipur. El color original de las casas en Jaipur era el amarillo y se repintó de rosa, el color tradicional de la bienvenida, para la visita del Príncipe Alberto, consorte de la reina Victoria.

Jaipur está densamente poblado, no hay más que ver sus calles. En el mismísimo centro, el tráfico está compuesto por cabras, vacas, cerdos, búfalos, camellos, rickshaws, coches, camiones y carretillas con las más variopintas mercancías, todo ello muy estrechamente mezclado, por cierto. Cualquier descripción se queda corta, hay que verlo para creerlo. Lo de las vacas es un caso aparte, se encuentran en el lugar más insospechado, nadie las increpa, pueden hacer lo que les venga en gana, a muchas se las ve descansando en la mediana de la carretera. Es un gran contraste verlas tan tranquilas entre el bullicio del tráfico.

Conducir en India es todo un arte y lo más curioso es que nadie se enfada. Sencillamente están acostumbrados a este caos que desborda la imaginación. A nosotros nos abruma, nos sentimos incapaces de sumergirnos en esta marea de gente y animales. Da miedo hasta poner el pie en el suelo. Afortunadamente, nuestro hotel, el Mansingh Towers, está en una zona algo más tranquila, retirado de la arteria principal.

Enfrente de nuestro hotel están construyendo otro edificio. A los occidentales siempre nos resulta curioso ver a las mujeres acarrear ladrillos, piedras y morteros sobre sus cabezas, es algo habitual en toda Asia.

Por la noche salimos a dar una vuelta por los alrededores del hotel. Torcemos a la izquierda y nos encontramos en una calle de carga y descarga de mercancías, no existe aceras y no se puede pasear tranquilos, siempre estamos pendientes de la trayectoria de todos los vehículos que circulan a nuestro alrededor. El ruido y los humos de los camiones hace que el paseo sea incómodo y desagradable. No llegamos muy lejos, aguantamos sólo veinte minutos y regresamos a la tranquilidad y el aire acondicionado del hotel.