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El misterio de Rennes-le-Château

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El secreto de Rennes-le-Château

Hasta hace bien poco nunca había oído hablar de este pequeño pueblo del Departamento del Aude francés en la región del Languedoc. Aprovechando el fin de semana largo de la festividad del uno de mayo, nos decidimos a recorrer parte de los departamentos de Ariège y Aude y nos acercamos hasta Rennes-le-Château.

Fundado por los godos, se convirtió en una plaza fuerte debido a su situación estratégica ya que domina los valles del Aude y del Sals, pudiendo vigilar tanto el paso a los Pirineos como hacia el Languedoc.

Posteriormente fue invadido por los árabes y también dejaron huella los cátaros, quienes utilizaron Rennes-le-Château como refugio hasta 1210. El pueblo quedó derruido casi por completo en 1362 por las tropas de Enrique de Trastámara y hasta finales del siglo XIX no se reconstruyó.

Actualmente, una muy decente pero empinada carretera asciende el valle hasta la cima de la colina donde se encuentra la población en la que viven tan sólo unas 40 personas. Es un lugar tranquilo y solitario con unas vistas increíbles sobre las cumbres de los Pirineos.

A pesar de ser un lugar encantador no creo que por allí se acercaran muchos turistas antes de que una serie de hechos y leyendas cambiaran la Historia del lugar. Todos los años, miles de visitantes acuden a Rennes-le-Château y desde 1960 más de cincuenta obras en distintos idiomas, incluso algún best seller, le han sido dedicados. Que el pueblo se encuentre en el interior del “país cátaro”, tantas veces promocionado, seguro que ha ayudado también a aumentar el número de visitantes.

Pero ... ¿por qué tanto misterio alrededor de Rennes-le Château?. La respuesta está en François Béranger Saunière. En 1885, a los 33 años de edad, François Béranger Saunière llegó al pueblo como párroco de la pequeña iglesia de Sainte-Madeleine, abandonada y semiderruida y que se alzaba en la parte más alta de la calle del pueblo, donde los visigodos habían levantado un palacio fortificado.

Según parece, el párroco anterior había dejado unos fondos que irían destinados a la restauración del altar mayor de la iglesia, obra que inició Saunière en 1892. El altar constaba de un solo bloque de piedra, con uno de sus extremos fijado a la pared de la iglesia y el otro apoyado en una columna de piedra de la época visigoda. Al levantar el bloque descubrieron que en el interior de la columna había unos pergaminos. Se trataba de diferentes pasajes del Nuevo Testamento que estudiados más a fondo revelarían algunos datos inesperados.
El hecho es, que Saunière se desplazó a París y los entregó al abat Bieil, director de la iglesia de Saint-Sulpice. Éste le presentó a Émile Hoffet, autoridad en manuscritos antiguos y sociedades secretas.

Saunière estuvo tres semanas en París y pasó mucho tiempo en el Louvre, donde compró reproducciones de tres cuadros sin vinculación aparente entre sí: «Pastores de Arcadia» de Poussin, el «retrato de San Antonio» de Teniers y un retrato anónimo del papa san Celestino V. Entabló amistad con una celebridad parisina, Emma Calvé, una soprano que se encontraba entonces en la cima de la fama. Cuando volvió a Rennes, Saunière continuó con la restauración de la iglesia y según manifestó uno de los jóvenes que le ayudaban en las excavaciones, algo encontró que mandó parar las obras durante algún tiempo. Sobre lo que Saunière encontró en la iglesia, se han escrito muchas páginas y han surgido varias leyendas bastante más cercanas a la ficción que a la realidad.

La fantasía y la imaginación se vieron incrementadas todavía más a raíz del best seller y posterior película “El Código da Vinci” de Dan Brown. Según se escribe, el párroco había descubierto un tesoro fabuloso que ha sido atribuido a diferentes procedencias: al Templo de Jerusalén, a los visigodos, a los cátaros, a los templarios o incluso a la monarquía francesa. Pero además de un tesoro material habría descubierto unos documentos que podían probar que Jesús había tenido descendencia con María Magdalena, los que llevan la sangre real, o Santo Grial. El Código da Vinci refuerza estas afirmaciones e incluso da el nombre de Saunière a uno de los personajes de su libro.

Lo que si es cierto es que Saunière llevó a cabo una profunda restauración de la iglesia y enriqueció el pueblo con bellas construcciones como la Torre Magdala y Villa Betania.
Junto a la puerta principal de la iglesia levantó un monumento de colores llamativos en que la pila bautismal es sostenida por la cabeza de una figura de gran tamaño del demonio.

Las paredes de la iglesia están cubiertas con pinturas en relieve de estilo popular; además hay un Vía Crucis poco convencional y, encima del confesionario, una representación de Cristo en el monte de los Olivos. El mismo Saunière pintó la imagen de María Magdalena que hay en el altar. Lo más extraño de todo es que sobre el portal de la iglesia están grabadas las palabras de Jacob en Bethel, pronunciadas la mañana siguiente a la visión de los ángeles que subían y bajaban por una escalera que llevaba al cielo: Terribilis est locus iste (Éste es un lugar terrible).

Posteriormente Saunière compró la finca situada al lado de la iglesia, desde donde hay una espléndida panorámica de todo el valle. Construyó un paseo semicircular y en el extremo sur de éste, una torre de dos pisos, la Torre Magdala. En el interior de la curva del paseo se encuentra un jardín, y al final, separada de la iglesia por un pequeño patio, levantó una casa para huéspedes que llamó Villa Betania. Decoró la casa con todo lujo de detalles y allí recibió a varias personalidades de la época.

Se dice también que Saunière tenía relación con ambientes esotéricos de París, aunque de esto no hay ninguna prueba. La figura de Saunière está llena de incógnitas y sus construcciones muestran que se trataba de un hombre atento a las alegorías y a los símbolos.
La evidencia demuestra que Béranger Saunière dejó de ser el cura pobre de una pequeña parroquia para convertirse en un hombre rico, muy rico. ¿De dónde salió toda esa fortuna?
Muchos novelistas todavía están exprimiendo el jugo a ese extraño personaje y en el pueblo se encuentran algunas librerías repletas de obras de temas esotéricos.
Visitamos la colorida iglesia, el museo, la Torre Magdala y la Villa Betania. Sea cierta o no la leyenda que se ha creado entorno a Saunière, hay detalles curiosos. No se puede negar que la iglesia es pintoresca y la gran imagen del demonio le da ciertamente una aire misterioso. Otro detalle intrigante es que uniendo en una línea las imágenes de los santos que decoran los altares laterales de la iglesia, sus iniciales forman la palabra GRAAL, es decir, Grial...supongo que es simplemente una casualidad.

Independientemente de toda esa historia, Rennes-le Château es un pueblo muy bonito, con las calles limpias y las casas bien cuidadas. Situado en un emplazamiento privilegiado con unas vistas sobre el valle que no te dejan indiferente. Es agradable pasear por los rincones del pueblo repleto de flores y hojear algunos libros en busca de las respuestas a tanto misterio. Pueblo que huele a primavera y a incienso.