Lot y Dordoña en Francia
Un placer para los sentidos
Como ya he comentado en otras ocasiones, Francia es un país al que nos gusta viajar con frecuencia. También es cierto que geográficamente hablando, la distancia que nos separa del país vecino no es mucha, lo que facilita poder hacer cortas escapadas.
A pesar de las bajas temperaturas que nos han acompañado y de algún que otro chaparrón hemos pasado unos días estupendos. Nos hemos movido básicamente por los Departamentos del Lot y de la Dordoña, concretamente por la región del Périgord negro.
El Lot y el Dordoña, ríos caudalosos que riegan estas maravillosas tierras ricas en castillos, en cuevas prehistóricas, en pueblos medievales y en exquisiteces gastronómicas.
Y un poco de todos y cada uno de estos placeres que nos ofrece la región es lo que hemos intentado saborear.
Caminamos por el puente Valentré una mañana fría y gris. Este puente, declarado Patrimonio por la UNESCO es el símbolo de la ciudad de Cahors y es uno de los más bellos y mejores conservados de los puentes medievales europeos. Con sus 6 arcos góticos y sus 3 torres, se levanta desde 1378 sobre las aguas del Lot. Respiramos paz en el claustro de la Catedral de St-Étienne. Tengo una especial fascinación por los claustros; me transmiten una sensación de tranquilidad como pocas cosas lo consiguen.
Hemos visitado pueblos con un rico patrimonio, donde la esencia del medievo se hace notar en todos los rincones: St Cirq Lapopie, Beyzac, Sarlat-la-Canéda , La Roque Gageac, Rocamadour.
La piedra es la gran protagonista de la región. Color miel de la piedra del Lot que se hace patente en muchas de las construcciones. Entramados de madera y tejados de lauze, la piedra plana calcárea característica de esta zona. Pueblos de vértigo construidos sobre acantilados, castillos que nos recuerdan que hubo un tiempo en que unos pocos dominaban estos valles.
Calles estrechas y empinadas, muy empinadas. Sin embargo, el esfuerzo siempre tiene recompensa.
Abundan los sitios prehistóricos y las grutas decoradas, como las cuevas de Lascaux incluidas por la UNESCO entre los bienes declarados Patrimonio de la Humanidad.
La cueva original está cerrada al público pero se puede visitar Lascaux II, una copia exacta y que merece la pena admirar por el gran realismo de las pinturas de animales que cubren techo y paredes.
Hemos circulado sin rumbo fijo por carreteras locales, sin apenas cruzarnos ningún coche. Hemos atravesado muchos pueblos donde también se hace evidente el abandono de la vida rural. Salvo en los pueblos más turísticos, poca gente joven vive en el campo. Gente amable, orgullosa de su tierra. En invierno somos pocos, pero en verano es otra cosa, nos dicen.
La mayoría de visitantes conocen bien los productos que aquellas generosas tierras pueden ofrecer. Productos que se venden en los mercados que se celebran semanalmente en muchos de los pueblos. Visitamos Sarlat en sábado, día de mercado, donde se pueden encontrar todos los ingredientes de la cocina del Périgord: foies, productos elaborados con nueces, cepes y trufas (cuando es la época), fresas, quesos, vino de Cahors …
Visitamos una granja donde crían ocas y patos para obtener los apreciados foies. Tres generaciones se han dedicado a esta actividad que en los últimos años tanta polémica ha generado. Isabel intenta transmitirnos que los animales no sufren, que esta forma de alimentar a las ocas ya se hacía en el Antiguo Egipto. Lo tienen difícil, porque además les ha salido mucha competencia. Como nos decía, se vende mucho foie mientras que son muy pocos los que se dedican a la cría tradicional en granjas. Llega mucho producto de Europa del Este a precios mucho más bajos.
Durante estos días hemos comido mucho y muy bien y hemos saboreado al máximo la rica gastronomía perigordiense. Nos alojamos en una encantadora casa rural donde compartíamos mesa cada noche con Bernard y Corinne, unos auténticos enamorados de la vida. Bernard es chef de cocina y su historia daría tema para varios relatos. Elabora platos con ingredientes de mucha calidad y le satisface que sus huéspedes conozcan la gastronomía del Valle del Dordoña. Corinne no se queda atrás; a su cargo corre la elaboración de pasteles, mermeladas y otras delicias para el paladar.
Un viaje para repetir. Un auténtico placer para los sentidos.

