Crucero por el Nilo y El Cairo
Martes, 17 de junio de 2003 - Pirámides de Giza, El Cairo
Desayunamos a las 7 de la mañana: bollos, zumo natural, karkadé, cereales, embutidos, huevos, plum cake... y el mismo y delicioso ice tea que preparan en el bar (que hay que pedirlo y no tiene cargo extra). A este paso, por mucho calor que haga y muchas cagarrinas que nos pillen, aún vamos a volver con más peso del que llegamos.
Cambiamos unos cuantos euros en el banco del hotel y nos añadimos al autocar del grupo, que nos ha venido a buscar para ir a las Pirámides de Giza (la visita esta incluida). Llegamos al recinto y vamos directos a la taquilla para comprar el ticket para entrar en Keops (la mayor de las Pirámides). La entrada para acceder al interior de la gran pirámide cuesta 40 £. Sólo venden 150 entradas al día y sólo una por persona. Estamos de suerte!!! En mis anteriores visitas a El Cairo nunca había podido comprar una de las 150 entradas, pero esta vez síííí!!! Supongo que tengo que darle las gracias a los señores Bush, Blair y Aznar por tener una entrada debido a la escasez de turismo.
Hace casi 5.000 años, tres generaciones sucesivas levantaron, en menos de 100 años, las tres monumentales pirámides: Micerinos, Kefrén y Keops, en la meseta de Giza. Las pirámides son uno de esos lugares que nunca te dejan indiferente, por muchas o ninguna vez que hayas estado aquí, por muchas veces que las hayas visto por televisión o por mucho que te las hayas imaginado. Tantas y tantas piedras, y tan y tan bien puestas no resultan cosa fácil de entender y menos aún si tenemos en cuenta que sólo eran tumbas para los faraones. Contrariamente a lo que nos pensábamos, la primera pirámide que se levantó en Giza fue la de Keops, la mayor, y la más reciente (dicho así parece que tenga 4 días) es la más pequeña, Micerinos. Este hecho quizás indique un declive del poder o un cambio de prioridades, ya que después, los enterramientos de los faraones se trasladaron a las tumbas del Valle de los Reyes.
El interior de la Gran Pirámide es espectacular (sin duda es la mejor de las tres), pero no en cuanto a dibujos y grabados (que no tienen o no se ven), sino en cuanto a sentir la sensación de tener toneladas de piedras encima de ti y saber que llevan ahí tantos años esperándote. Así pues, el interior no tiene nada de especial pero, entrar e imaginar cómo fueron capaces de levantar semejante mole, pone los pelos de punta. No llevamos ninguna balanza para comprobarlo, pero nos dicen que cada piedra pesa más de dos toneladas, y se calcula que hay entre dos y tres millones. Y sin embargo, a pesar de su inmenso tamaño (137 m. de altura), la precisión es enorme: la mayor diferencia entre sus 4 lados, de 230 m. cada uno, es de 4 cm.
La visita por el interior de la pirámide consiste en recorrer, a gatas, un empinado y estrecho corredor de unos 20 m. donde a duras penas caben dos personas de ancho. Luego, se llega a una galería de unos cuantos metros de altura donde uno puede volver a estirar las piernas y ponerse de pie. Se suben unos cuantos escalones durante otros 25 m. y otra vez toca agacharse hasta llegar a la cámara del faraón. Una sala que, en la actualidad, sólo contiene un sarcófago. En cuanto llegamos a la sala funeraria... vengaaaaa!!! Todos adentro de lo que queda del sarcófago!!! La peña estamos un poco colgados, será culpa del calor???
Después de la visita, volvemos al autobús y nos alejamos a una pequeña meseta para ver las tres pirámides y poder tomar unas fotos con perspectiva.
Ahora le toca el turno a la Esfinge; la primera estatua colosal conocida del antiguo Egipto (20 m. de altura y 73 m. de largo), que podría representar al faraón Kefrén con el cuerpo de un león como el protector de las pirámides frente al mundo de los vivos (la ciudad). La verdad es que, después de visitar las Pirámides, la Esfinge nos sabe a poco.
La visita ha llegado a su fin, y se acerca la verdadera hora de las compras. El guía ya se frota las manos pensando en suculentas comisiones que van a salir de nuestros bolsillos y van a ir directo al suyo. Primera parada: tienda de perfumes. Nos dejamos camelar por un tipo engañabobos, que se las da de clarividente y explica y vende la esencia de los perfumes que en Europa conocemos. Efectivamente, picamos!!!. Compramos 3 frascos de 70 gr. cada uno (a 2 £ por gr. nos cuesta cada frasco 140 £ = 20 €): uno de esencia de rosas y los otros 2 de Opium. Salimos muy contentos de la tienda, aunque esa misma noche descubriremos que en Jan al Jalili los venden a 1 £ por gramo. A mitad de precio!!!
Segunda parada: Cutre tienda de papiros (pero cutree cutreeee) a la que el guía nos lleva con el argumento de ser la única en todo El Cairo donde el papiro es verdadero papiro. Menuda engañifa!!!. Vaya tienducha!!!. No hemos visto papiros más feos y más caros en nuestras vidas (y eso que nos hacen no sé cuánto descuento). Aún así siempre hay los que pican y escuchan la palabra del guía como la del profeta Moisés. Lo mejor de la visita es que, además de corta, nos han explicado el proceso de elaboración del papiro y sobretodo... cómo distinguir uno impreso de uno pintado (te mojas el dedo, lo frotas por encima del dibujo y si la pintura se corre es que está pintado y si no, es que se trata de una impresión).
Después de las compras nos dejan, a los que no hemos contratado la visita al museo de antigüedades de El Cairo, en nuestros hoteles. Nada más llegar, nos vamos directos a la cafetería a darnos un pequeño placer: pastelitos y té frío. Y después de reponer fuerzas... a la piscina a hacer el perruno!!! Que ya nos toca!!!.
Después de un par de horitas de verdaderas holidays, quedamos con los made in Brasil & México para ir a comer. ¡Y cómo no! Mamoneo en la puerta del hotel entre el botones (que ya le tenemos el ojo echado por caradura a la hora de poner la mano), la recepcionista y el taxista. Nos piden 25 £ para llevarnos, en un sólo taxi, al restaurante Andrea's Giza. Como es tarde y estos hoteles grandes tienen un trecho hasta salir a la calle decidimos aceptar. El taxi no tiene aire acondicionado y la única forma de hacer correr el aire es bajar las ventanas con una única maneta de quita y pon que nos pasa el taxista. Que rule, que rule!!!
Comemos como faraones en un restaurante nada turístico y además con un decorado muy particular: paredes y techos rojos, ventanas con vitrales, lámparas con forma de candil, sillas de madera a cual más coja... Todo muy sencillo, pero con encanto. Un sitio que quizás sea más bonito aún si se va a cenar. Como no sabemos qué pedir, encargamos un menú variado que sale a 25 £ por persona más las bebidas. La comida consiste en un sinfín de aperitivos y medio pollo a la brasa con patatas fritas. Todo riquísimo e interminable. La cuenta sube a 222 £ con bebidas (aguas, muchas coca-colas con hielo, y una cerveza) y un 10% de servicio incluido, es decir... unos 32 € en total (aproximadamente 5 € por persona). Muy, muy recomendable por comida, atención y entorno.
Al taxista le hemos dicho que no nos esperara porque no volveríamos con él, pues pensamos que las 25 libras que nos ha cobrado son una turistada, pero... ahí está esperando a la salida del restaurante para volvernos a timar. Pero nastic de plastic. Ahora tenemos nosotros la sartén por el mango pues aquí ya estamos en la calle y taxis no nos faltarán. Negociamos el precio de regreso y con un estira y afloja nos devuelve al hotel por 10 £. Esto es Egipto!!!.
El taxi está bastante destartalado, pero el conductor, Aziz, parece buena gente. Además, en éste cabemos los 6 con lo que a la hora de pagar tocará a menos por barba. Así que durante los pocos minutos que dura el trayecto barajamos la posibilidad de contratarlo para esta misma tarde y para el día de mañana. Preguntamos precios y nos pide 90 £ por ida y vuelta, esta noche, al Jalili, y 160 £ por un día completo. ¿160 £ por todo un día de arriba abajo sin parar y 90 por un trayecto de ida y vuelta??? Nos parece desproporcionado. Al final hay acuerdo: esta noche nos lleva y nos trae por 50 £ y mañana todo el día por 125 £, de 7:30 de la mañana hasta la madrugada, y tantos viajes como queramos. Aziz me llama Sharon por apretar el precio, y aunque me lo dice como un insulto yo me lo tomo como un halago por buen regateador.
Ahora que ya hemos llenado nuestras panzas y tenemos el transporte arreglado para esta noche y para mañana ya podemos descansar tranquilos. Hacemos una siesta y antes de que nos demos cuenta ya toca ducharse y volver a salir. El taxi nos está esperando. El trayecto hasta Jan el Jalili dura una media hora (no hay demasiado trafico) y el taxi nos deja y nos esperará en una especie de pequeño parking que hay justo enfrente.
Jan al Jalili o Khan el Khalili es un enorme y exótico zoco atiborrado de tiendas de artesanía, souvenirs, especias, telas... y todo lo que uno pueda imaginarse, abierto hasta bien entrada la madrugada. Es un lugar muy divertido si se toma con buena filosofía y pocas prisas. Tiendas, tiendas y más tiendas. No se acaban nunca, y sobretodo mucha muchísima vida en la calle, y aunque no es un lugar muy tranquilo, sí que es un lugar muy seguro. Deambulamos por calles y callejones, nos sentamos a pie de calle en el famoso café Fishawi, compramos 2 pares de chancletas de piel de camello (35 £ el par = 5 €) en una tienda de marroquinería. Pasamos más de una hora en una tienda de papiros, Sunny Land Papyrus, muy seria (precios fijos o casi fijos) y muy recomendable. Salimos con tres papiros del tamaño de un A3 (no el Audi sino el papel) por 45 £ cada uno (6-7 €), y nos regalan un cuarto papiro más pequeño que valía 15 £. Es súper tarde pero no queremos meternos en la cama con el estómago vacío, así que nos vamos a una terraza-balcón que hay en una callejuela, casi en la esquina de la mezquita de Sayidna al-Hussein. Tomamos unos riquísimos zumos naturales de mango y fresa (a 5 £).
Mientras nosotros no paramos quietos, Aziz pasa las horas charlando con otros taxistas. Pasada la una de la madrugada ya es hora de ir a coger la cama lo antes posible. Nos quedaríamos más, pero... mañana (ya hoy) hay que volver a la carga bien temprano, Egipto nos espera. Aziz parece que nunca tiene ninguna prisa por llevarnos de vueta al hotel y marcharse a su casa. No es un hombre de mucha conversación, pero si le preguntas siempre te da charla. Nos deja en el hotel y le pagamos las 50 libras que habíamos acordado. Quedamos con él a las 7:30 de la mañana para salir hacia Abusir y compañía.



