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Crucero por el Nilo y El Cairo

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Museo Egipcio de El Cairo - Crucero por el Nilo y El Cairo
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Jueves, 19 de junio de 2003 - Museo Egipcio del El Cairo

¿Pero cómo???. ¡No es posible!!!. ¡Otra vez el despertador!!!. Pero... ¡si no hemos tenido tiempo casi ni de ponernos el pijama!!!. Son las 7:15 y definitivamente... esto no son vacaciones.

A las 7:30 ya estamos poniendo gasolina al body para salir a las 8:15 hacia el mercado de camellos de Birqash, a 30 km. al norte de El Cairo. No sabemos bien bien qué es lo que vamos a ver ni porque venimos aquí, pero pensamos que puede ser un lugar interesante para salir del asfalto.

Hoy el día también está muy feo, aunque seguro que del cielo no cae ni una gota. Llegamos al mercado. Se trata de un recinto cerrado, lleno de camellos deambulando por allí en pequeños grupos. Aziz nos da un gayato, que saca del maletero y es propiedad de su padre, para ahuyentar a camellos curiosos si se acercan demasiado. Gracias a Dios, no hará falta utilizarlo. Caminamos por dentro del recinto causando la misma sorpresa a los egipcios que a nosotros sus camellos. Nos saludan y algunos hasta se acercan a vernos de cerca y sacarse una foto con nosotros. No hay mucho más que ver.

Regresamos a El Cairo y nos dirigimos a echar un vistazo a la ciudad de los muertos en taxi. Un lugar donde vivos y muertos comparten el mismo suelo. Las casas, las tumbas y los mausoleos están unos junto a otros. A veces unos dentro de otros. Años atrás éste era un lugar que no se recomendaba visitar, pero a nosotros nos parece un sitio tranquilo que se puede ver sin sentirse un bicho raro. Si más no, es curioso echar un vistazo, porque tampoco es que haya mucho que ver.

El calor empieza a apretar. Decidimos refugiarnos en el Museo Egipcio de El Cairo, aunque no tenga aire acondicionado. Dedicamos la mayor parte del tiempo al tesoro del faraón Tutankamón. Quedamos muy sorprendidos ante la delicadeza de los más de 1.700 objetos que se encontraron dentro de la tumba, a cuál más especial. Hay de todo, no sé por dónde empezar: sillas, sillones, camas, juegos, cuchillos, arcos, flechas, joyas, carruajes, maquillajes, abanicos, vasijas... y cientos de cosas más que el difunto pudiera necesitar para llevar a cabo, en el más allá, cualquier tarea que le fuera encomendada. Casi mejor verlo por uno mismo. Lo más espectacular: la famosa máscara de oro macizo y dos de los sarcófagos (uno de madera y otro de oro) que contenían la momia del joven faraón. A todo ésto sólo añadir que la momia de Tutankamon es lo único que se ha dejado dentro de su tumba (la KV 62), en el Valle de los Reyes.

Dentro del Museo Egipcio de El Cairo también visitamos la sala de las momias. La visita no está incluida y hay que comprar un ticket especial en la entrada de la sala, que vale 40 £ (el doble que la entrada sencilla al museo). Vemos cara a cara unos pocos faraones, los más famosos: Tutmosis II, Seti I y el archifamosillo Rames II (Ramsi para los amigos). Resulta asombroso el estado de los cuerpos de más de 3.000 años. Con el paso de los días y la falta de sueño, se ven casi mejor que nosotros.

Del resto del Museo Egipcio de El Cairo ya nada nos llama la atención. Pasamos ante figuras y sarcófagos milenarios como el que pasa entre medio de puestos de fruta en un mercado. A lo tonto tonto, ya llevamos más de dos horas de museo. Crunch crunch... los estómagos empiezan a rugir.

Regresamos al taxi y a comer. Le decimos a Aziz que queremos ir al restaurante El Nil Fish. Según nuestra guía, está relativamente cerca del museo pero, como precavidos que somos, pensamos que no debe estar tan relativamente cerca como para ir a pie. Aquí cualquier distancia, por corta que sea o parezca, se puede hacer eterna entre el calor y calles y callejones que no salen en los mapas. Entre nuestras indicaciones, varias consultas a los peatones y después de dar varias vueltas... llegamos. Se trata de un restaurante de egipcios para egipcios, sin turistas y sin ningún atractivo especial desde la calle. Sólo se puede comer pescado y algo de verde. El restaurante tiene las mesas en el interior, y cara a la calle funciona como una casa de comidas para llevar. Escoges el pescado, te lo pesan, te lo cocinan a la plancha o frito, y te lo llevas o te lo comes ahí. Comemos gambas, dorada, sepia, mezzes (una selección de aperitivos, verduras y salsas con la que siempre acompañan las comidas) y aish (tortas de pan). Nos ponemos las botas!. Tanto que hasta nos cuesta acabarnos las 8 gambas que hemos dejado para el final. La cuenta final sube 96 £ (2.400 pts) con las bebidas y el servicio, a repartir entre los dos. El lugar no es bonito, pero el aire acondicionado y, sobretodo la comida, es muy recomendable.

Nada más salir del restaurante, compramos en una tienducha, tipo colmado, un par de tarjetas de teléfono para llamar a Spain desde las cabinas de la calle. Si queréis comprar tarjetas, localizar primero un teléfono, seguro que justo al lado tenéis donde comprar las tarjetas. Hay tarjetas de varios precios, las nuestras valen 15 £ y duran 3 minutos de conversación al extranjero. Lucia y Jonas se meten en un internet-café (hay que ir a buscarlos en los centros comerciales modernos) y nosotros nos vamos a tomar el postre al hotel Marriott, en el barrio de Zamalek, a escasos minutos de donde estamos. Zamalek es la zona más residencial del Cairo y el hotel Marritot es un antiguo palacio donde cada sala es una reliquia. Paseamos y nos damos un caprichito de merienda: tarta de chocolate y un par de zumos de frutas.

Regresamos a por los brasileños y ahora... hacia el hotel. Nos merecemos una ducha y una descanso, por corto que sea. Para los que no podáis pasar sin conectaros a internet, comentaros que en la mayoría de los hoteles es posible conectarse, así como telefonear, pero los precios son bastante más caros. Digamos que espabilarse en la calle resulta más divertido y barato, aunque luego todo lo que te ahorres por un lado te lo gastes en la merienda del Marriot.. Pero en eso consiste la gestión de un presupuesto; ahorrar aquí para gastar allí y viceversa.

Le comentamos a Aziz que esta noche queremos ir a ver el espectáculo de luz y sonido de las pirámides (40 £ por persona en la explanada que hay delante de la Esfinge). El show se hace cada día y en varios idiomas, pero ni ayer ni hoy toca en spanish, así que nos tendremos que conformar con ir a mirar y gracias. Aziz nos explica que tiene un conocido que, por 25 £ por persona, nos presta una azotea con unas vistas estupendas al espectáculo. Decidimos ir a ver sin comprometernos, aunque ya le decimos que tendrían que ser 25 £ con las bebidas incluidas.

Llegamos al hotel y antes de dormir un poco decidimos empezar a preparar las maletas y... joeeeer!!!. ¡¡¡Hay una que está hecha una mierda!!!. Como no hagamos algo se nos abre en medio del aeropuerto y seguro que lo primero que sale son los calcetines y calzoncillos sucios (es la ley de Murphy). Medio desesperados por no encontrar ninguna solución, decidimos pasar del problema momentáneamente. Nos duchamos y dormimos un poco.

Después de un breve descanso toca volver a salir de paseo con Lucia, Jonas y Aziz. Son nuestras últimas horas en El Cairo, así que hay que volver a salir a la carga, aunque sea a rastras y con unas ojeras que barren el suelo.

Salimos hacia las pirámides y en unos pocos minutos llegamos hasta un bloque typical Egipto. Un niño nos acompaña a la azotea, cada escalón es distinto y subimos totalmente a oscuras hasta arriba. En la azotea los ojos ya nos vuelven a servir, y lo primero que vemos son dos bancos de madera y una mesita que nos indican que no hay nada improvisado y que no somos los primeros en pasar por aquí, aunque tenemos toda la azotea para nosotros solos. La vista es impresionante y el lugar está de vicio. La paz de la terraza, la brisa que corre y las pirámides... a oscuras. Una gozada para relajarnos un poco del ritmo que llevamos!!!. Pedimos cervezas y también nos traen una botella de agua (cosa muy típica). Y de repente... Zaaas!!!. Las pirámides se encienden y empieza el espectáculo. Estamos a las mil maravillas!!!. Y para colmo, con la cámara de fotos apoyada en el súper-trípode, hacemos unas fotografías super-chachis.

Acaba el espectáculo y Aziz insiste en llevarnos a su casa, que está justo enfrente, para que conozcamos a su familia (qué corte!). Nos presenta a su madre, a su hermana, a su mujer y a sus dos pequeñajos: una niña y un niño. También nos enseña su casa y ya vemos que debe pertenecer a una clase media, aunque sus casas poco tienen que ver al nivel de vida en España. Nos invitan a un té hirviendo y hacemos cuatro tonterías con los niños.

Lucia y Jonas quieren volver al hotel, les acercamos y nosotros vamos al hotel Mena House a cenar. Este palacio-hotel es un lugar muy, muy bonito y muy, muy romántico. Damos un paseo y escogemos cenar, a la luz de las velas, en el restaurante que hay en el jardín, a los pies del palacio y de las pirámides iluminadas. La cuenta de la cena sale por 140 £ (3.500 pts). Y en definitiva... pensamos que vale la pena darse este capricho, pues en España costaría, como mínimo tres veces más.

Ahora... y antes de ir a dormir, toca solucionar el problemón de la maleta. Al menos tenemos la suerte que aquí, y aunque es la una de la madrugada, sabemos que algo encontraremos. Aziz nos acerca a una zona de compras donde todo está cerrado, aunque preguntando y ante la posibilidad de bussines... nos abren una tienda. Sí, sí, nos la abren!!! Nos quieren vender unas maletas que parecen salidas de las primeras olimpiadas griegas, pero no estamos tan desesperados. Casi prefiero que se me abra la maleta y se me salgan los calzoncillos en pleno aeropuerto a pasearme con esa antigüedad.

Mirando, mirando... y para demostrar lo muuuuy preocupados que estamos, compramos 5 huevos de piedra (a 12 £ cada uno) para no sé qué, pero de algo servirán, seguro!!!. Nos traen un rollo de cuerda que nos convence y que nos servirá para precintar la maleta. Nos sale más cara la cuerda (30 £) que las piedras, pero ya no nos quedan fuerzas para seguir regateando y además la necesitamos.

Aziz nos deja en el hotel. Le pagamos las 125 £ y un propinón de 50 £. Está muy contento, aunque no mira el dinero. Nos dice que somos muy buena gente y nos abrazamos y todo. Prometemos llamarle si un día volvemos a El Cairo, aunque no sabemos cuándo.

Llegamos a la habitación, nos duchamos y a la cama. Mañana será otro día.

 

Viernes, 20 de junio de 2003

El día de hoy se cuenta rápido. Lo más interesante ha sido conseguir levantarnos, conseguir vestirnos, y conseguir cerrar la maleta y envolverla en la súper cuerda de 30 £.

Y colorín colarado... este cuento se ha acabado !!!!!!!!!!!!!!!.

Hasta la próxima !!!