Turismo por la Lombardía, Italia
Piazzale Arnaldo, una de las plazas más concurridas de Brescia. Probablemente porque uno no espera gran cosa de la ciudad, Brescia llega a sorprender más incluso que otras localidades más afamadas. Tal vez lo más llamativo a simple vista sean sus plazas, de las que irradian la mayor parte de las calles y avenidas de la ciudad. En concreto, la plaza Pablo VI es destacable por su distribución arquitectónica, además de por acoger las dos catedrales con que cuenta la ciudad, la vieja (construida en el siglo XII y de planta circular) y la nueva, más moderna, más ecléctica y -a mi juicio al menos- mucho menos interesante que la primera. En la vieja, también llamada Rotonda, destaca la impresionante tumba de mármol construida justo frente a la entrada para acoger los restos de un antiguo obispo de la ciudad.
Otra de las plazas imprescindibles de Brescia es la de la Loggia, de planta cuadrada, en la que destacan de entre un hermoso conjunto de fachadas de estilo veneciano la propia loggia y la Torre dell'Orologio, con su reloj veneciano, ambos edificios ubicados uno frente al otro, a modo de presidencia compartida. La más modesta plaza del Mercado, que como su nombre indica acoge el mercado de frutas y verduras, es otro de los puntos cardinales de Brescia, e igualmente recomendable es la plaza del Foro, junto a la cual descansan los restos del viejo teatro romano y del mejor conservado Templo Capitolino, cuyas hermosas columnas todavía se mantienen en pie con dignidad y orgullo.
Una de las callejuelas características de BresciaLas callejuelas que corren junto a esta última plaza y que desembocan en la acogedora Piazza Tebaldo Brusato representan otro de los alicientes de Brescia: un paseo tranquilo por ellas, a la hora del atardecer, puede dar lugar a uno de los momentos más plácidos de la visita. Son calles medievales, estrechas, como la Via Cattaneo, poco atestadas de viandantes y flanqueadas por elegantes y bien conservadas fachadas levantadas en los siglos XVIII y XIX e incluso anteriores, como la Iglesia de Santa Giulia, en la actualidad sede del Museo de la Ciudad.
Algo más al oeste, la ciudad se descubre más viva, más comercial: las calles Palestro y Zanardetti son un hervidero de tiendas, bares y paseantes. A la hora en que nosotros caminamos por aquí, a las puertas del Teatro Grande una nutrida muestra de brescianos, en general bien vestidos, hace cola para asistir a una representación escénica. Nosotros, de aspiraciones más modestas, nos conformamos con degustar unas pizzas en el restaurante La Bersagliera, excelente pizzería situada en Corso Magenta y generosamente frecuentada por locales.
Queda para otra ocasión la visita al Castello y el paseo con algo más de detenimiento por otras de sus plazas, como la amplia y concurrida Piazzale Arnaldo. No obstante, la tarde dedicada a Brescia ha resultado más que provechosa, y desde luego nos ha confirmado que se trata de una ciudad que merece más atención de la que generalmente se le brinda en guías y libros de viaje: es un lugar tranquilo y acogedor, lo cual no es poco.



