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Castillos de Baviera: Rothenburg ob der Tauber

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Fecha del viaje : 
28 de Jul de 2008
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Plano - Castillos de Baviera: Rothenburg ob der Tauber

Después de varios intentos fallidos, por fin nos pusimos de acuerdo un grupo de amigos para realizar una escapada a Alemania. Aprovechando que uno de ellos estaba trabajando allí, la excusa era perfecta. Nos movilizamos 14 personas para pasar juntos los cinco días del puente de la primera semana de diciembre de 2006.Salimos del aeropuerto de Reus con destino a Frankfurt Hann con la compañía Ryanair.

Al llegar al aeropuerto recogimos los coches de alquiler y, sin perder tiempo, nos dirigimos hacia nuestro primer destino:Rothenburg ob der Tauber.

El trayecto se nos hizo un poco largo, ya que el tráfico era intenso y enseguida oscureció, con lo que no pudimos ni siquiera disfrutar del paisaje. Estábamos alojados en el Hotel Gasthof Goldenes Lamm, un establecimiento sencillo pero con una inmejorable situación, en la misma Marktplatz.

Una vez dentro del recinto amurallado, enseguida se percibe la sensación de encontrarse en un lugar donde la historia ha dejado huella. Edificada en una de las orillas del río Tauber, en Baviera, es una de las ciudades medievales amuralladas mejor conservadas de la vieja Europa, a pesar de haber sufrido varias guerras y invasiones.

Salimos a dar un primer paseo por la ciudad que ya se encontraba totalmente tranquila. Los diferentes puestos del mercado de Navidad ya estaban recogiendo y los grupos de turistas que la invaden durante el día ya habían desaparecido. Caminamos sin rumbo por las callejuelas adoquinadas y la iluminación navideña ayudaba a recrear una imagen de postal.

Los orígenes de Rothenburg se remontan al siglo XII. En 1142 se construyó el castillo rojo o “rothe burg” que daría el nombre a la ciudad. Hacia 1274 obtuvo el título de ciudad imperial libre y en 1802 pasó a formar parte de Baviera. Durante la Guerra de los Treinta Años fue asediada y conquistada por las tropas católicas y estuvo a punto de desaparecer. Al final de la 2ª Guerra Mundial, un bombardeo destruyó algunas casas, nueve torres y casi 700 de los más de 2000 metros de muralla.

Algunos años después, se redescubrió para el turismo y se empezó a considerar una de las joyas de la Edad Media.

Después de aquel agradable paseo y de una merecida cena en el restaurante del hotel, nos fuimos a dormir con la satisfacción que produce el descubrir lugares como éste.

El edificio donde pasaríamos la noche también forma parte de la historia de la ciudad, ya que la cofradía de pastores lo utilizó desde 1438 como hostal en Rothenburg, y de ahí le viene el nombre de Goldenes Lamm.

El día siguiente empezó con un buen desayuno y con las ganas de seguir empapándose de cada rincón de la ciudad. La suerte estaba de nuestra parte y amaneció un día espléndido y soleado. Caminamos toda la muralla que fue totalmente reconstruida gracias a las aportaciones económicas de empresas y particulares.

A lo largo del recorrido se pueden ver las placas de piedra en el que consta el nombre de la persona (muchos japoneses) o empresa que hizo la donación y los metros que se restauraron con la misma. Desde aquí se divisa la techumbre de varios edificios, la mayoría triangulares y otros escalonados, destacando la silueta de una de las torres de la ciudad, la Klingentor, construida a mediados del siglo XV.

Se hace patente el orden, la limpieza y el buen estado de conservación de la muralla, torres, casas e iglesias.

Continuamos hasta el castillo que se encuentra en un agradable parque.Nos encontramos con rincones encantadores y tiendecitas para quedarse boquiabierto.

Entramos en la famosa tienda Käthe Wohlfahrt, un verdadero mundo de fantasía donde todo el año es Navidad. Seguimos por la Hofronnengasse hasta la Markplatz donde se encuentra el ayuntamiento, mitad gótico y mitad renacentista y la Ratsherrentrinkstube, la taberna de los concejales, con el reloj más antiguo de la ciudad, que data de 1683.

Subimos a la torre del ayuntamiento y desde sus 60 metros contemplamos la ciudad en toda su magnitud como si estuviera sacada de un cuento.

Al bajar, reponemos fuerzas con un vaso de glühwein, el delicioso y dulce vino caliente con canela.