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Norte de Portugal: tierra de historia, leyenda y tradición

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Ciudad Iluminada - Norte de Portugal
Casa en el bosque - Norte de Portugal

El Norte de Portugal es una zona que permanentemente invita a ser recorrida. Dotada con maravillosos escenarios naturales –como el valle del Duero, las playas de Viana do Castelo y el Parque Nacional de Peneda-Gerês-, combina la historia más antigua del país con las manifestaciones culturales más modernas. Se destacan en las principales ciudades del norte de Portugal los cascos antiguos donde quedó grabada la fundación del país mismo y que resultan sumamente acogedores para el viajero.

Braga es una ciudad que se destaca por su historia y su fuerte carácter religioso. Desde la época del predominio celta en la zona, esta ciudad se hallaba habitada. Sin embargo, desde el siglo II aC, con la llegada de la ocupación romana, cobró verdadera importancia y fue fundada con el nombre Bracara. En el siglo III se creó la archidiócesis bracarense que tenía jurisdicción sobre los obispados de toda la región conocida entonces como Gallaecia. En esta etapa de su historia la ciudad adquirió una relevancia religiosa tal que si hizo conocida como “la Roma portuguesa”. Dicha importancia perdura hasta la actualidad, a tal punto que Braga es considerada la ciudad más religiosa de Portugal y sus principales atractivos turísticos son el casco histórico y la Catedral. Sin embargo, Braga es a la vez una de las urbes más cosmopolitas y modernizadas del país, caracterizada por el bullicio de la gente que disfruta de los paseos comerciales y culturales.

Sin lugar a duda, Braga es una ciudad para recorrer a pie. Las numerosas calles de sentido único dificultan la circulación de automóviles y, al mismo tiempo, las distancias son cortas por lo que no es necesario desplazarse en coche. Desde la estación de trenes, se puede llegar caminando a la zona del centro histórico en unos quince minutos por Rua Andrade Corbo. Asimismo, la estación de autobuses se encuentra a diez minutos del centro a pie por Rua dos Chãos.

En el centro de la ciudad se encuentra emplazada la Praça da Republica, en donde nacen las dos calles principales de Braga: La Avenida Central, un paseo peatonal de donde partía la vía que unía la ciudad con Astorga en épocas de ocupación romana, y Rua do Souto, una calle sumamente comercial que va hacia la Catedral y termina en el Arco da Porta Nova.

Detrás de la arcada renacentista que da la bienvenida a la plaza, se despliega el casco histórico de la ciudad, donde es casi una aventura recorrer a pie las callecitas en busca de símbolos medievales –como la Torre del Homenaje, el torreón de la Porta Nova, la Catedral y el palacio arquiepiscopal- y barrocos –entre los que se cuentan, el Palacio dos Biscainhos el Convento do Pópulo, la Casa dos Crivos y el Palacio do Raio-.

Desde la Praça da República, se puede descender por Rua de Souto hasta la Catedral, aprovechando el paseo para curiosear en las numerosas y variadas tiendas de la calle, incluso pueden encontrarse artículos religiosos típicos de la ciudad. La Catedral de Braga, dominante entre los edificios de la ciudad, se encuentra emplazada sobre una mezquita árabe desde 1070 y sobre su base de estilo románico fueron añadidos detalles góticos, barrocos y renacentistas. En el interior del edificio se encuentra el Tesouro da Catedral, uno de los más importantes en su género. Así también, la Catedral cuenta con tres capillas, de las cuales la más conocida en la Capela dos Reis, que data del siglo XIV, donde se encuentra enterrado el Arzobispo Lourenço, de quien la leyenda popular dice que fue encontrado en su tumba luego de muchos años de fallecido sin ningún tipo de deterioro.

Frente a la Catedral, cruzando la Rua de Souto, se encuentra el Palacio Arzobispal, un edificio de imponentes dimensiones donde se conserva la biblioteca municipal y algunas facultades de la Universidade Católica Portuguesa. Entre las Iglesias ubicadas en Braga, una de las más interesantes es la Capela de Conceiçao, en Largo São João de Souto, donde su magnífica torre y los dibujos de los azulejos captan la atención de los visitantes. Otros edificios interesantes de ver en Braga son el Palácio dos Biscaínhos, la Capela da São Frutuoso y el Mosteiro de Tibães.

Ya en las afueras de la ciudad se encuentran dos santuarios: La Iglesia del Bom Jesus Do Monte y el Santuario de Sameiro. Estos dos espacios son de gran importancia para los habitantes de la ciudad porque allí disfrutan de la paz que se crea en un entorno de fe y que es muy concurrido los fines de semana por aquellos que buscan tranquilidad. La Iglesia de Bom Jesús Do Monte es uno de los monumentos de Portugal más visitados por los turistas y se encuentra al pie del monte rodeada de un frondoso bosque donde se puede disfrutar de agradables picnics. Su famosa escalera de granito descubre a medida que se sube por ella maravillas artísticas con gran sentido para la fe cristiana. También hay en la zona algunos restaurantes dispuestos para las celebraciones de bodas y ceremonias locales que abren los fines de semana.

Una de las regiones más genuinas del norte de Portugal la constituye el área protegida que conforma el Parque Nacional de Peneda-Gerês (Parque Nacional da Peneda-Gerês). Con una extensión de 702.9 km², Gerês es el único parque nacional del país y comprende una cordillera de montañas donde los picos más altos son el Nevosa (1.545 m) y el Altar dos Cabrões (1.538 m). En toda la zona comprendida por el parque es sorprendente la cantidad de cursos de agua que la surcan entre arroyos, cataratas y ríos. En los valles la vegetación es verdaderamente exuberante y se pueden encontrar robles, laurel portugués, acebos, madroños, tejos y abedules de plata. A su vez, para quienes desean conocer el parque en profundidad, existen seis pequeños sitios de acampada y varias rutas de senderismo señalizadas que facilitan la llegada a los principales puntos de interés.

En Braga se puede disfrutar de cafés decimonónicos y restaurantes donde sirven los más exquisitos ejemplares de la gastronomía local, como el caldo de castanhas y charutos de chila y rabanadas. Algunos restaurantes recomendables son A ceia (Rua do Raio 331) y De Bouro (Rua Santo António das Travessas, 30).

Apenas dejando atrás la bella ciudad de Braga, se llega a Guimarães, una de las ciudades más atractivas del norte de Portugal. Guimarães también es conocida como la Cuna de Portugal, dado que sus orígenes se remontan a la Edad Media; sin embargo, es mucho más que un sitio histórico. Actualmente, se puede decir de la pequeña ciudad de Guimarães que ha sabido combinar armoniosamente los cuidados restos de las construcciones medievales con agradables avenidas barrocas y barrios residenciales en un entorno de campiña.

Un recorrido por el casco antiguo de Guimarães es una visita imperdible en el norte de Portugal. Los principales edificios de la ciudad, dotados de imponentes fachadas, se encuentran emplazados allí, surcados por las angostas callejuelas donde sin duda vale la pena perderse. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se encuentran en el centro histórico el Castillo de Guimaraes y el Palacio de los Duques de Bragança, donde se observa la influencia de la arquitectura señorial de la Europa Septentrional. Actualmente convertido en museo, exhibe buena parte de los Descubrimientos Portugueses, aspectos de las conquistas del norte de Africa, colecciones de armas de los siglos XV a XIX y colecciones de muebles.

Se destaca también, dentro de la arquitectura religiosa de la ciudad, la Iglesia de San Miguel (São Miguel do Castelo), una pequeña iglesia del siglo XII que exhibe una impresionante fusión de estilos que abarca el románico, el barroco, el neoclásico y el mudéjar. Además de su valor arquitectónico, se dice que allí fue bautizado el primer rey de Portugal, Alfonso Henriques, aunque es un dato no comprobado históricamente.

Además, Guimarães cuenta con un vasto patrimonio artístico y cultural que se exhibe en los museos. Se destaca entre ellos el Museo Arqueológico Martins Sarmento. Este se encuentra ubicado en lo que fuera el claustro gótico y el jardín del extinto convento de Santo Domingo. Allí se conservan numerosos hallazgos de la Sociedade en la Citânia de Briteiros, el Castro de Sabroso, la Penha, y otros yacimientos arqueológicos de la región que los vuelven un espacio donde se exhibe una de las más notables colecciones arqueológicas de la Península Ibérica. Otros museos dignos de visitar son el Museo de Alberto Sampaio, con importantes colecciones de escultura medieval y renacentista así como de orfebrería y pintura, en Rua Alfredo Guimarães; el Museo de la Cultura Castrense, el primero en su género, en San Salvador de Briteiros; el Museo de Arte Primitiva Moderna, con sus representaciones en pintura Taif, en Largo da Oliveira; el Museo de la Agricultura de Fermentões, donde se exhiben piezas de trabajo y aspectos de la vida agrícola de la región, a 4 km del centro de la ciudad; el Museo de la Villa de San Torcazo, a unos 5 km del centro de la ciudad, y la Sala Museo José de Guimarães, donde se exponen en forma permanente obras del reconocido pintor y escultor, en Rua Conde D. Henrique.

Una de las épocas más agradables para visitar Guimarães es el verano. En agosto tienen lugar las Fiestas Gualterianas que visten a la ciudad con música, baile y comidas típicas. También se destacan la fiesta de San Pedro de Caldas das Taipas y las Nicotinas, festividad de los estudiantes en la que participan todos los habitantes de la ciudad.

Guimarães es una ciudad de ensueño que debe disfrutarse con los cinco sentidos. Por ello, es imprescindible conocer algunos de los más tradicionales sabores, como el bacalao con migas de maíz, el tocino del cielo y las tortas de Guimarães, que pueden degustarse en cualquier taberna típica.

En las afueras de la ciudad, a unos 15 km de Guimarães, se puede visitar la Citânia de Briteiros, una localidad arqueológica de la Edad del Hierro emplazada en el monte de São Romão. Unos de los monumentos pre-romanos de mayor importancia lo constituyen los balnearios. Se estima que hubo, por lo menos, dos en la citania de Briteiros de los cuales el del suroeste se conserva prácticamente completo.

La siguiente parada del recorrido, tendrá lugar en Viana do Castelo, ciudad del norte de Portugal ubicada en orillas del río Lima, en un entorno de montaña y de cara al océano Atlántico. Esta ciudad tiene un bello centro histórico, organizado en torno a la Praça da República, por el que se discurre a través de sus calles adoquinadas a medida que se dejan atrás plazas e iglesias y se alcanzan nuevas plazas y palacios, que se combina con la animada vida nocturna.

Uno de los principales sitios de interés lo constituye la Igreja Matriz de Viana do Castelo - Sé Catedral, una iglesia fortaleza del siglo XV en cuyo portal se encuentran esculpidas escenas de la Pasión de Cristo y esculturas de los Apóstoles. También se puede visitar la Igreja da Misericórdia de Viana do Castelo, ubicada en Rua Cândido dos Reis; la Igreja de Santa Cruz, en el Largo de São Domingos; la Igreja de Nossa Senhora do Carmo, ubicada en la Rua do Carmo; el Palácio dos Viscondes de Carreira ou dos Távoras, en la Rua Emídio Navarro; la Igreja da Ordem Terceira de São Francisco, en la Avenida 25 de Abril; el Castelo de Santiago da Barra , en Campo do Castelo; y la Citânia de Santa Luzia y el Santuário do Sagrado Coração de Jesus de Santa Luzia, en el Monte de Santa Luzia..

Entre los museos que se pueden recorrer en Viana do Castelo se encuentra el Museu do Traje, ubicado en la Praça da República, donde se expone una amplia muestra de los trajes típicos que fueron utilizados en diversas épocas tanto a nivel regional como local. También se puede visitar el Museu Municipal de Viana do Castelo – con accesos en el Largo de São Domingo y en la Rua General Luis do Rego- donde se exhiben pinturas, dibujos, cerámicas de los siglos XVII y XVIII y una colección de mobiliario indo-portugués del siglo XVIII, entre otras valiosas piezas.

Sin embargo, si en algo se destaca Viana do Castelo es un sus bellas playas. Por mencionar sólo algunas, vale la pena visitar Praia da Arda, donde se combinan exquisitamente la blanca arena, el monte y el entorno silvestre. Praia do Cabedelo, con un perfil completamente diferente, es una de las playas recomendadas para la práctica de surf y donde se practica también fly surf, en el que las tablas son impulsadas por cometas. Por su parte, la Playa de Afife es el lugar ideal para la práctica de nudismo; olas altas, alrededor de 3 mil metro de extensión y rodeada por un parque natural protegido, permite hacer nudismo lejos de construcciones pero a poca distancia del centro de la ciudad.

Completa la oferta de actividades de Viana su animada vida nocturna. Se puede disfrutar de un buen café acompañado de música en vivo en el Café-Teatro (calle Sá Miranda) o de unas copas con música también en el Glamour (calle da Bandeira, 185), en el Charko (calle dos Rubins, 69) o en El Jardim, perteneciente al hotel Melo Alvim (avda. Conde da Carreira, 28), donde el piano es el principal acompañante de la velada. Otra gran opción la constituyen las terrazas de la Praça da República y la Praça 1 de Maio.

Dejando atrás Viana, el siguiente destino es Braganza, una de las más bellas ciudades del norte de Portugal y su principal atractivo lo constituye la vieja ciudadela medieval, con sus calles empedradas y su atmósfera de barrio viejo y humilde que cada tanto se ve interrumpido por algunos de los más importantes monumentos. Entre ellos se destacan el Castillo de Bragança, en cuyo interior se halla un museo militar, cuya construcción se remonta al siglo XII. Al lado del Castillo se encuentra la Iglesia de Santa Maria de Bragança, en cuyo techo se pueden observar las imágenes de la Asunción de la Virgen.

En la parte baja de la ciudad, o lo que sería su casco histórico, las calles empinadas y las casonas le dan un cierto aire señorial por el que da gusto pasear tranquilamente. Uno de los sitios de interés es la Iglesia de san Vicente, de origen románico, cuya leyenda tiene más peso que su arquitectura. Se dice que allí se casaron en secreto Inés de Castro y don Pedro, antes de que la joven castellana fuera mandada a matar por Alfonso IV.

También se pueden visitar la San Juan Bautista da Sé, que data del siglo VI; la nueva catedral, ubicada en una colina en los alrededores de la zona del Teatro; el monasterio de Castro de Avelás y el Museo Abade de Baçal, ubicado en el palacio episcopal.

De todas formas, no se puede decir que alguien conoce el norte de Portugal si no ha recorrido las maravillas del Valle del Duero (Douro) y, desde Bragança, puede tomarse como uno de los caminos alternativos para llegar a Oporto. En las márgenes del Duero se combinan las riquezas naturales con una tradición vitivinícola histórica.

Se puede apreciar el entorno tanto desde tierra firme como atravesando el Río. Los poblados que se establecieron en torno al río se encuentran numerosas casas rurales en cuyos alrededores se pueden realizar numerosas actividades de ocio al mismo tiempo que conocer y disfrutar las tareas diarias que abarca el cultivo de las vides a partir de las cuales se elaboran muchos de los mejores vinos de Europa. Al mismo tiempo, cada vez son más los viajeros que se inclinan por un paseo en barco o cruceros por el Duero, esta especie de sucesión de lagos gracias a la construcción de embalses.

Siguiendo el río hasta su desembocadura en el Atlántico, y finalizando el recorrido por el norte de Portugal, la última parada es Oporto (Porto), la segunda ciudad más importante del país. Tal como muchas otras ciudades europeas, Oporto cuenta con un vasto patrimonio histórico y, a su vez, ha enfrentado un proceso de modernización que la semeja a las principales ciudades de Europa occidental.

El centro histórico de esta ciudad del norte de Portugal es considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y abarca monumentos tales como el Palacio de la Bolsa, la Catedral, la Torre de los Clérigos, el Palacio de Cristal, el Ayuntamiento y los puentes sobre el río Duero.

Si hay algo que se destaca en Oporto, son sus puentes. La imponencia paisajística, la innovación en infraestructura y la belleza de los diseños de los puentes que se construyeron en diferentes épocas y bajo la influenza de diferentes estilos arquitectónicos le amerita el nombre “la Ciudad de los Puentes”. El Ponte das Barcas fue el primero en construirse sobre el Duero; inaugurado el 15 de agosto de 1806, el diseño original se realizó con 33 barcas amarradas por cabos de acero que se podía abrir en dos partes para facilitar el tráfico fluvial. Luego de la catástrofe del Ponte das Barcas, en la que murieron miles de personas que huían de las tropas invasoras francesas en 1809, fue vuelto a construir y se utilizó hasta la inauguración del Ponte Pênsil (Ponte D. Maria II), que unía Oporto con Gaia. Este se conformaba por un obelisco de 18 metros sobre cada margen del río de los que pendían los cabos de suspensión. Este fue desmantelado tras la construcción del Ponte Luís I, aunque aún siguen en pie los dos pilares. El Ponte Maria Pia, construido en 1877 fue el primer puente ferroviario sobre el río Duero. Sin embargo, a fines del siglo XX ya no satisfacía las necesidades del tráfico y se encuentra en desuso desde 1991, cuando se inauguró el puente São João. Otros puentes para admirar son el Ponte da Arrábida, el Ponte do Infante y el Ponte do Freixo.

Como una de las grandes ciudades de Portugal, Oporto cuenta con varios espacios culturales de importancia, como la Casa da Música. Considerada la sala musical con mejor calidad acústica del mundo, fue construida para Oporto Capital de la Cultura 2001. Este espacio se destaca por encima de todos los demás auditorios para espectáculos, como el Teatro Rivoli, el Teatro Nacional São João y el Teatro Sá da Bandeira.

Por su parte, numerosos museos pueblan la ciudad de Oporto, como el Museo de Arte Contemporáneo, uno de los más visitados del país; la "Casa del Infante", que actualmente funciona como museo medieval de la ciudad y archivo distrital; la Casa-Museo Fernando de Castro, la Casa-Museo Guerra Junqueiro, la Casa-Museo Marta Ortigão Sampaio y la Casa-Taller António Carneiro. También se destacan el Museo de Transportes y Comunicaciones, el Museo del Carro Eléctrico, el Museo Nacional Soares dos Reis y numerosos museos temáticos: el Museo del Vino de Oporto, el Museo de la Industria, el Museo de Historia Natural, el Museo del Papel Moneda, el Gabinete de Numismática, el Museo de Arte Sacro, el Museo de la Misericordia, el Museo Nacional de la Prensa, Diarios y Artes Gráficas, el Centro Portugués de Fotografía, el Museo Romántico de la Quinta da Macieirinha, el Museo Militar de Oporto y el Castillo do Queijo.

En Oporto se debe prestar mucha atención a la gastronomía, ya que es la cuna de numerosos platos tradicionales. El plato de la ciudad por excelencia son las son las "tripas à moda do Porto" o tripas a la portuense, que data de la conquista de Ceuta de 1415. El Bacalao a la Gómez de Sá, la francesinha y el caldo verde también son destacados platos de origen portuense. Y sin lugar a dudas, estos exquisitos sabores locales deben ser acompañados de un vino de Oporto.

A pesar de las numerosas atracciones del norte de Portugal, de las variadas opciones de turismo que permite realizar esta región –que van desde el surf en las playas de Viana hasta las rutas del vino de Oporto- lo más agradable es conocer a la gente que habita las ciudades y los poblados. En una tierra que desborda historia, leyenda y tradición, las personas están dispuestas a compartir sus tesoros y enseñárselos a los viajeros. Al mismo tiempo, invitan a disfrutar de la desarrollada gastronomía local que sorprende una y otra vez los paladares de los visitantes. Un recorrido por el norte de Portugal permite disfrutar de los mejores aspectos de esta tierra que gratifica una y otra vez a los viajeros.