Ópera de París: Palacio Garnier y Palacio de la Ópera de la Bastilla
Uno de los principales atractivos de la capital de Francia es la Ópera de Paris o, correctamente expresado en francés, la Opéra National de Paris. Siglos de historia avalan la excelencia de esta institución aún en la actualidad pone en escena los espectáculos más maravillosos. La Ópera de Paris es la sucesora de la Académie Royale de Musique, fundada en París por Luis XIV en 1669, que fue adoptando diferentes nombres a lo largo de la historia. Como tal, se cuenta entre las instituciones artísticas y culturales más antiguas del continente europeo.
Sin embargo, no es su historia su único atractivo. Como si no bastara sólo su nombre para despertar la curiosidad de los viajeros, la sede de la Ópera de Paris se encuentra emplazada en dos importantes edificios de la capital francesa: El Palacio de la Ópera, o Palacio Garnier, y el Palacio de la Ópera de la Bastilla, de más reciente inauguración. Ambas construcciones conllevan importancia histórica, arquitectónica y artística en sí mismas, por lo que la visita a la Opera de Paris es digna de entrar en el itinerario de viaje para quienes planean recorrer las calles parisinas.
La Académie Royale de Musique -entidad de arte dramático que abarcaba ópera, ballet y música- fue establecida por el compositor Jean-Baptiste Lully y por orden de Luis XIV, que en 1713 la volvió una institución estatal. Desde sus comienzos, hasta que en 1875 se inauguró el Palacio Garnier, la Académie Royale de Musique estableció su sede en 13 diferentes teatros, la mayoría de ellos destruidos por incendios. Sin embargo, como si el espacio físico no importara, a todos los edificios donde funcionó se los conoció popularmente como Ópera de Paris, por la misión que asumió la entidad de difundir la ópera francesa tanto en Paris, como en otras ciudades del reino.
Entre las reformas urbanísticas de París que llevó adelante Napoleón III, supervisadas por el Barón Haussmann. La gran reconstrucción parisiense que emprendió Haussmann, mientras la historia de Francia, la construcción se vio interrumpida por los efectos de la Guerra Franco-Prusiana, la caída del Segundo Imperio Francés y la Comuna de París de 1870. Sin embargo, el 29 de octubre de 1873, un incendio acaba con el Teatro de la Academia Real de la Música, y la administración de la ciudad volvió a centrar sus esfuerzos en la obra del Palacio Garnier.
El 15 de enero de 1875, finalmente, queda oficialmente inaugurado el Palacio Garnier en una ceremonia de destacada trascendencia. La apertura implicó la presentación del tercer acto de la ópera La Juive, de Halévy, y extractos de la ópera Les Huguenots, de Meyerbeer. Desde entonces, y hasta que en 1990 se inaugura el Teatro de la Bastilla, el Palacio Garnier se constituyó en la sede de una de las más exquisitas compañías artísticas del mundo, en plena actividad durante todo el año y con presentaciones en Paris, en diferentes regiones de Francia y en el exterior del país. Si bien actualmente la Compañía de la Ópera se encuentra en el Teatro de la Bastilla, el Palacio Garnier aún alberga a la Academia Nacional de Música y se lo sigue conociendo popularmente como la Ópera de París.
Acercarse a la Plaza de la Ópera y darle una mirada al monumental edificio de Garnier es una experiencia digna del asombro. Una escalinata conduce a la entrada y la fachada está compuesta en dos planos, el primero como una delicada cortina de columnas entre las que están dispuestos bustos en bronce de compositores famosos como Mozart y Beethoven y, detrás, la entrada al edificio. La bienvenida la da el mismo Napoleón III de quien, aunque no llegó a ver finalizada la obra, se colocó su inicial junto a la de su esposa Eugene en la fachada. La Avenida de la Ópera, a la que la construcción le dio nombre, lo conecta con el Museo del Louvre que queda a sólo 10 minutos de caminata.
Si bien la vista desde la isleta central de la Plaza de la Ópera es magnífica, el interior del edificio reproduce el mismo sentido. No en vano Garnier convocó a catorce pintores y mosaiquistas y 73 escultores que se dedicaron a la ornamentación del palacio. La escalera de mármol, los foyers –que son los espacios donde se acostumbraba pasear en los entreactos- y sus impresionantes mosaicos sobre fondo dorado, el Salón del Glaciar y el trabajo que Clairin hizo en el techo, la sala de espectáculos y su techo pintado por Chagall son los aspectos más destacados del exquisito edificio.
El espacio total que ocupa el Palacio de Garnier es un tanto menor al destinado a su predecesor, ya que se encuentra establecido en 11 mil cuadrados y tiene capacidad para 2.200 espectadores. El diseño del auditorio se basa en una serie de arcos que descansan sobre pares de columnas dispuestos de tal modo que circundan el escenario, los palcos y las tribunas de honor. Ornamentada por la obra de Chagall, se encuentra en el centro del auditorio un gran candelabro, técnicamente dotado de un sistema de poleas que le permite descender al nivel del piso y conformado por meticuloso esquema de luces de diferente intensidad.
El extenso escenario, construido con capacidad para 450 artistas, es uno de los más grandes de Europa. Con más de 20 metros de alto, tiene capacidad para albergar escenarios fácil y rápidamente desplegables con el uso de una maquinaria creada sólo a tal efecto. Por su parte, si bien el edificio cuenta con una excelente acústica, no es un de los aspectos en los que se detuvo Garnier. La leyenda cuenta que en alguna oportunidad la vibración de la voz de una soprano hizo que colapsara el candelabro central y matara a una persona. Dicho mito, junto al del lago subterráneo –surgido de la corriente subterránea que encontró Garnier al cavar los cimientos y encerró en un reservorio de concreto para prevenir infiltraciones- dieron origen a la novela El Fantasma de la Opera, de Gastón Leroux.
El Palacio Garnier se constituyó como uno de los edificios más influyentes de su época, de tal manera que numerosos edificios posteriores tomaron sus líneas de estilo; entre ellos, el Teatro Nacional de Rio de Janeiro y la Ópera de Alambre de Curitiba, en Brasil y el Teatro Colón de Buenos Aires, Argentina. Su belleza y trascendencia alcanzaron la pantalla grande cuando se utilizó la entrada principal y la gran escalera del Palacio para la escena del baile de las máscaras de la película biográfica María Antonieta, de Sofia Coppola.
El imponente Palacio Garnier era mucho más que un sitio donde disfrutar de un buen espectáculo de ópera, era un lugar de prestigio donde se reunían las elites burguesa y aristócrata. De hecho, el peso simbólico del edificio como elemento imperial, como signo de opresión, retrasó notablemente la finalización de las obras. Incluso, el mismo Charles Garnier no fue invitado a la ceremonia de apertura, sino que tuvo que pagar su propia entrada y ocupó un palco secundario como consecuencia del abierto rechazo de las nuevas autoridades a quienes habían trabajado en servicio al emperador.
Actualmente, el Palacio de la Opera de Garnier se dedica casi exclusivamente a exhibir espectáculos de ballet, y estos son de un número más bien reducido, así como a alberga alguna ópera clásica sólo con motivo de ocasiones especiales. La entrada para recorrer el edificio es de 7 euros para adultos y de 4 euros para estudiantes y menores de 16 años, y en días de espectáculo se debe pagar la entrada al mismo. Las visitas pueden realizarse de 10 a 17 hs, a excepción de julio y agosto que el horario se extiende hasta las 18 hs. La mayoría de las representaciones actuales tienen lugar en el Palacio de la Ópera de la Bastilla, inaugurado el 13 de julio de 1989 en el marco de los festejo del bicentenario de la Revolución Francesa, con la representación de la ópera Troyanos, de Héctor Berlioz.
La Ópera de la Bastilla es un teatro de ópera que responde a las construcciones más modernas de la ciudad. Proyectado por Gerard Charlet, Carlos Ott y Michael Dittmann, es notoria la ruptura que significa respecto de los diseños de las óperas construidas en el siglo XIX. Notoriamente de menor tamaño que el Palacio Garnier, se ha constituido como el Palacio de París del arte lírico por excelencia.
El lugar asignado para su construcción, la prisión destruida durante la Revolución Francesa, tiene un alto contenido simbólico, a tal punto que es el mismo sitio que eligió Miterrand para celebrar su triunfo electoral el 10 de mayo de 1981, quien apadrinaría la obra unos años después. No por nada se lo conoce también como la “Ópera del Pueblo”. Este edificio, cuya arquitectura exterior es de cristal y cemento, se comenzó a construir en 1984 y el coste total de la obra se calcula en los 40.000 millones de euros.
El diseño del nuevo edificio de la Ópera de Paris, curvo y acristalado, es funcional y moderno. En el interior, los asientos de tapiz negro contrastan con los muros de granito, el techo de vidrio y el mármol pulido. Una escultura de Niki de Saint-Phalle y un cuadro de Riopelle, acompañados de la adecuada iluminación intimista completan el sentido del espacio. La Ópera de la Bastilla tiene capacidad para 2.700 personas. Y cinco escenarios móviles que lo vuelven una obra maestra del ingenio tecnológico. Actualmente, se estima que en la Ópera de Bastilla se dan entre 250 y 300 representaciones al año.
Ambos edificios de la Ópera de Paris son, actualmente, maravillosos atractivos de la ciudad. Completamente diferentes entre sí, ambos han sido motivo de numerosas disputas entre políticos, arquitectos, urbanistas, músicos y espectadores. Cada uno de ellos, albergan en sus muros el verdadero sentido de su época y dan cuenta del perfil de una ciudad, de un buen gusto y modernidad exquisitas, que se ha ido renovando a si misma.



