Merodeando por la inquietante Bangkok
Imágenes inconfundibles. Canoas de madera con frutas multicolores impulsadas por mujeres con sus amplios sombreros acampanados, eran y siguen siendo fieles postales del sudeste asiático. Pero los tiempos han cambiado, y esas imágenes ya no representan a la occidentalizada, creciente y moderna Bangkok . La realidad refleja una constante escena de lo que es hoy, su caos comercial. Los suveniers sobrepasan los mostradores de los vendedores de feria callejera, como así también sucede dentro de cada uno de sus epicentros comerciales. Un fiel exponente de ello, es el laberíntico e interminable “Chatuchak Market”, un enorme mercado-feria donde inevitablemente los turistas superan en número y compras a los curiosos locales.
Ya no es fácil, aunque sí recomendable perderse en los pequeños y antiguos canales de la ciudad, donde puede verse a los nativos yendo a realizar todos sus deberes en botes. Lo que es realmente característico e imperdible, es el paseo por el río principal, conocido como el “Mae Nam Chao Praya”. Innumerables botes turísticos navegan a lo largo del río, brindando a los turistas con cámara en mano, imágenes típicas de la ciudad. Cada estación o pequeña parada en este afluente puede ser la puerta de entrada para visitar algún hotel, restaurante o templo budista.
Dentro de las calles y avenidas de la capital tailandesa se entremezclan interminables rascacielos, centros comerciales en demasía, puestos de venta callejeros y el típico aroma local de comida ambulante. Una atractiva manera de ver todo aquello interrelacionado, es viajando en el “sky train” o tren de los cielos. Desde allí arriba puede apreciarse todo ese moderno ecosistema de avanzada.
Algunas veces, sentirse una estrella de cine cuando se transita por sus calles, no es una mera exageración. El interés de su gente por uno, más que halagador, por momentos puede resultar algo agobiante, y no está de más tener algo de cuidado cuando hay recomendaciones o sugerencias de por medio. Los timos más comunes son los relacionados con el transporte, como el túk-túk o coche-moto, muy utilizados para movilizarse dentro de la ciudad, como así los billetes para viajar en autobús hacia otros puntos del país y periferia. Es usual encontrar que el mismo asiento de autobús tenga infinidad de valores o precios, según la agencia donde sea adquirido. En esos casos, conviene elegir el más económico, ya que finalmente viajarás junto con pasajeros que han pagado el mismo medio de locomoción, pero de manera sobrevaluada.
Es lógico pensar por qué Bangkok o Tailandia entera abarcan un sin fin de turistas provenientes de Europa, Norteamérica y Australia. Visitantes provenientes de sitios de gran poder adquisitivo eligen este país, porque aún con precios en alza, no deja de ser un parador económico y exótico a la vez, con condimento occidental (un plus en música y diversión) para que el turista de los países antes mencionados, pueda sentirse más que como en casa.
La oferta de sexo en Bangkok es tan constante que forma parte del paisaje nocturno, iluminado en parte por sus coloridos taxis de marcas japonesas. La gente es muy agradable aún en la insistencia, así que no alterarse al refutar una propuesta. Las mujeres que exploran la noche por lo general son delgadas, usan peinados occidentalizados y vestidos con minifalda.
Los puntos principales donde se congregan los turistas dentro de la ciudad, son las calles Ko San Road y Sukhumvit. La primera es una peatonal repleta de negocios callejeros repartidos entre puestos exóticos para comer, tiendas de ropa, bares y pubs para más diversión, acompañada de una sonorización pop occidental de moda. La segunda opción, incluye una pequeña emulación lumínica a la famosa ciudad del juego, Vegas. Esa calle se denomina Soi Cowboy (una delgada línea conformada por 20 o 30 bares de oferta sexual con elegantes señoritas en sus frentes promocionando la entrada) y Nana Plaza (famoso lugar concurrido por extranjeros en busca de travestis locales y transexuales).
Un cosa sí que es poco frecuente y vale destacarse. Si alguna vez te topas con el automóvil del rey y todo su séquito de vehículos idénticos entre sí, no te asustes y tan solo disfruta del “privilegio”. No se detuvo el mundo, ni estás en una secuela cinematográfica de “Matrix”, aunque así lo parezca. Solo debes permanecer unos minutos totalmente estático como el resto de los transeúntes. En el peor de los casos, al destacarse tu condición de turista por tu distraído movimiento, solo recibirás un seco grito policial como advertencia.
En definitiva y fuera de todo ello, si te decides por la capital tailandesa, no hay dudas que tendrás amabilidad, diversidad y diversión garantizadas.
Sà wàt dii Bangkok!.



