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Viaje al Sur de Argentina


Autor: Victoria (2004)

La Argentina tiene miles de opciones de turismo pero una de las más interesantes y recientemente desarrolladas es el sur. Con mi familia habíamos visitado poco el sur, así que planeamos un viaje a la comunidad galesa de Gaiman en la provincia de Chubut.

Salimos desde Buenos Aires en omnibus, haciendo una parada primero en Viedma, capital de Río Negro para que el viaje no fuese tan largo. La ciudad de Viedma está unida por un puente a la de Carmen de Patagones, la ciudad más al sur de la provincia de Buenos Aires. En pocos minutos cruzamos por el puente con un taxi y ya en el otro lado conocimos el Museo de la ciudad, la Iglesia y los alrededores. El puente cruza el Río Negro, por el que realizamos un paseo en barco de alrededor de 15 minutos con un paisaje excelente que costaba sólo 2.5 pesos por persona (0.60 euros).

La ciudad de Viedma tiene ciertas partes históricas como la enorme Iglesia o las calles que llevan a la agencia turística y al Museo Histórico. La temperatura acompañaba más bien cálida ya que era verano, así que después de caminar hicimos un alto en una heladería para refrescarnos con un buen postre por 2 pesos (0.50 euros).

Es una ciudad tranquila, sin mayores atracciones, pero es un punto importante en un recorrido por el sur, sobre todo por el valor histórico y cultural. Por lo demás, parecía una ciudad bastante céntrica.

Nos hospedamos en un hotel de 3 estrellas, aunque los precios por lo que recuerdo eran un poco más elevados que en otras localidades del interior del país para la calidad de los servicios.
Allí estuvimos sólo un día.

Al día siguiente hicimos el viaje también en omnibus a Gaiman, una localidad cercana a Puerto Madryn en Chubut. Es muy famosa por las casas de té, en donde se sirve torta galesa, tés de primera calidad, pasteles de manzana y dulce de leche y otras delicias tradicionales.
Lamentablemente, el clima no nos acompañaba porque a pesar de estar en el sur las temperaturas rondaban los 35ºC y era casi imposible caminar por las calles.

Nos hospedamos esta vez en una hostería familiar muy acogedora que se llamaba Gwesty Tywi, no hace mucho que estaba instalada. Los precios eran algo elevados, pero toda la región lo es y realmente era un lugar muy agradable, con excelentes y completos desayunos y las calles eran apacibles. Ideal para una visita placentera de descanso. Lo único en contra era la falta de aire acondicionado y ventiladores, dado que evidentemente estaban más preparados para el frío que para el calor. Lo mismo el problema de los mosquitos que nos perturbó durante los pocos días que allí estuvimos.

Gaiman es un pequeño centro con pequeños negocios y pequeñas casas. Por eso probablemente sea tan disfrutable pasar unos días allí: la gente se conoce, hay espacios naturales espléndidos con mucho verde, estanques y plazas muy bien cuidadas. También hay negocios de venta tradicional: vestimenta de lana, artesanías originales y productos autóctonos. No hay gran cantidad de cosas para entretenerse, así que no es un pueblo para el que le gusta salir a divertirse por las noches, bailar y volver al día siguiente. Creo que el único lugar más bien popular era una especie de bar en una esquina donde se reunían los jóvenes.Pero sí recuerdo dos puntos más que recomendables: primero, que el pueblo bordea el río, así que la orilla era el sitio elegido por todos los lugareños para soportar el calor, hacer picnic y pasar los atardeceres que eran los momentos más atrayentes de la jornada. El segundo punto de interés eran, por supuesto, las casas de té. Nadie se equivoca al recomendarlas como pudimos comprobar. Era una de las pocas cosas de las cuales la oferta era bastante variada: había por todo el pueblo y de distintos precios. Elegimos una junto a la costa, que finalmente nos gustó tanto que la volvimos a visitar: Ty Cymraeg. Los precios por persona creo que rondaban los 12 ó 15 pesos (2 a 4 euros) por el servicio completo de té que incluía una jarra de té para varias tazas, leche, tortas, pan con manteca, dulces, la clásica torta galesa y otras ricuras. Definitivamente fue lo mejor de la visita y volvería sólo para saborear esas mismas cosas, tantas y tan buenas que uno se quedaba satisfecho con sólo mirarlas. La casa de té además tenía un ambiente excelente, lleno de turistas, con un jardín trasero bellísimo y vista a la costa. ¡Incluso dejamos un mensaje en el libro de visitas, así que deja el tuyo!

Otra de las cosas muy recomendables que ahora me vienen a la memoria fueron las que probamos en un pequeño bar ubicado en una zona más alejada del pueblo. No recuerdo el nombre pero también se trataba de un espacio familiar, muy cálido. Nos sentimos muy a gusto y si no me equivoco almorzamos y cenamos allí al menos 4 veces. Tenía un pequeño puesto de artesanías con repasadores, cuadros y cucharas para llevar de recuerdo.
Muy buenas ensaladas y, sobre todo, los postres, propios de la región ¡eran una delicia incomparable! Muy buenos precios además.

En fin, durante el tiempo que estuvimos allí mayormente recorrimos las calles del pueblo, visitamos la Iglesia que está más oculta en las afueras pero es única en su categoría, con vitrales y mobiliario de la época en que los inmigrantes galeses llegaron allí; también visitamos las casas históricas ubicadas en el pueblo de Gaiman, que linda con algunas sierras de la región que subimos para contemplar el atardecer porque es un espectáculo impresionante.
Desde allí y junto con nuestro “guía”, que en realidad era el padre de los dueños del hotel, viajamos uno de los días hasta la Pingüinera, la entrada costaba 6 pesos (1.60 euros) y, a pesar del calor, pudimos disfrutar de la imponente vista del mar y las distintas especies de pingüinos que había en enorme cantidad en la zona y que se refugiaban del calor entre la vegetación y bajo los puentes. Por último, almorzamos en un parador unas baratas empanadas y reemprendimos el regreso. El viaje duraba alrededor de 1 hora por caminos más bien rústicos y el calor era ya insoportable, pero al menos teníamos aire dentro de la camioneta del guía, y la verdad que el paseo lo valía por mucho porque es una de las más importantes bellezas naturales del país.

El viaje de vuelta duró alrededor de 20 horas y fue algo agotador pero la visita a Gaiman principalmente y los distintos paseos que realizamos por los alrededores fueron de los más disfrutables y convenientes que se puedan realizar en el país. Sí remarco el tema de los precios que en general eran bastante elevados, pero es una zona recientemente “descubierta”, así que los turistas que busquen un lugar único y especial en la Argentina, tienen allí una más que tentadora opción.