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Cinco días en París y Euro Disney

Autor: Jaime Fuertes (Del 4 al 9 de enero de 2000)

Tres noches en París y dos en Disneyland

Un viaje con problemas

Salimos desde Sevilla, con escala en Barcelona (el aeropuerto del Prat funciona a las mil maravillas); a la vuelta hicimos escala en Madrid y nos topamos con ¡el Show de Barajas!: aterrizamos y tenemos que estar un cuarto de hora dentro del avión porque aún no tenían preparada la escalera para bajar. Nuestras maletas no siguen hasta Sevilla, se quedan en Barajas y tardamos dos días en que nos las devuelvan. La próxima vez haremos escala en Barcelona como sea (Barajas es de chiste).

Y para darle de comer aparte es el mayorista que nos tocó: Cuidado con Panavisión

Muy importante: al contratar con la agencia de viajes (sea cual sea), preguntar cuál es el mayorista. Si es Panavisión, que Dios os coja confesados.

Llevábamos incluidos los traslados Aeropuerto-Eurodisney, Eurodisney-París y París-Aeropuerto. Llegamos a París y ¡sorpresa! No vemos ningún letrero de Panavisión para recogernos; un matrimonio con la abuela y los niños se encuentra en nuestra misma situación. Esperamos y Panavisión no llega; hasta que aparece por allí un tipo de la empresa Vilsa-Travel (la encargada de recogernos, contratada por Panavisión con nuestro dinero) y nos explica que hay problemas. Llamamos por teléfono a Vilsa-Travel. Que lo sienten mucho, pero que han roto todos los acuerdos con Panavisión, que no les paga, y que no va a venir nadie a recogernos, que declinan la responsabilidad, etc. Pues qué bien. Eso significa que cuando dos empresas tienen problemas entre ellas, la forma de solucionarlo es, sencillamente, joder al cliente -que no tiene ninguna culpa en esa disputa-. Tenemos que pillar un taxi (hasta Eurodisney, el taxi nos cobra 750 francos -unas 19.000 ptas.-.

Una vez en el Hotel Sequoia nos dicen que sólo tienen constancia de un día de acceso al parque (y hemos pagado tres días). De momento nos dan el ticket para este mismo día, y mañana ya se verá. Telefonazo a Viajes Iberia de Sevilla, la agencia que nos ha metido en el embolado con Panavisión; que lo arreglen como sea, necesitamos los tickets para los dos días siguientes, y los traslados ya me los pagarán.

Al día siguiente nadie ha llamado al hotel o enviado un fax para confirmar nuestros tres días. Una hora en recepción para que el propio hotel se encargue de solucionarlo (tenemos un bono con el que tenemos derecho a que nos den los tickets). Finalmente lo solucionan.

Al día siguiente se nos ocurre llamar a Panavisión, a ver qué pasa con nuestros siguientes traslados. Nos dicen que ya se ha arreglado la situación y que vendrán a recogernos para llevarnos a París (y si no se me ocurre llamar, ¿me hubieran avisado de alguna forma?). Nos citan el día acordado a las 6 de la tarde; el conductor llega a las 6'45, cuando ya estamos pensando en que nos han vuelto a dejar plantados. Por este retraso, llegamos a París con el tiempo justo de soltar nuestras maletas en el hotel y pillar el autobús que nos va a llevar a una excursión que teníamos incluida en el precio.

Otro día, cenando en un restaurante, el dueño resulta ser español, y trabaja con mayoristas que le traen clientes. Cuando le menciono a Panavisión se lleva las manos a la cabeza:
- ¡Pero si no pagan ni siquiera a los hoteles!.
Cualquier día alguien va a llegar a París y le van a decir en el hotel:
- Lo sentimos mucho, pero esta reserva está cancelada. Hemos roto todos los acuerdos con Panavisión.
Qué bien, ¿verdad? Llegar a París y no tener habitación. Con Panavisión la aventura está garantizada (ese podría ser el lema de la compañía).

Nota: la factura del taxi nos la pagaron a la vuelta y al cabo de dos semanas (prueba de la velocidad de Panavisión haciendo sus gestiones).

El precio de todo esto -viaje, hoteles (cinco noches con desayuno incluido), traslados y dos excursiones-: 125.000 ptas. por persona.


Hotel, precios, comida

El hotel

Nos alojamos en el Libertel Lafayette, situado en la calle Lafayette (zona de Ópera); es céntrico, tiene una boca de metro muy cerca de él y la zona es estupenda. El hotel es el equivalente a un tres estrellas; es pequeño, limpio y coqueto, con habitaciones muy acogedoras. El servicio está bastante bien y el desayuno incluido en el precio es muy abundante.

Los precios

Por lo general, todo es caro en París. Estamos en una ciudad en la que el nivel de vida es exorbitante; hay barrios en los que el metro cuadrado llega a los tres millones de pesetas.
Un café cuesta en cualquier cafetería unas 500 o 600 ptas. Para comprar souvenirs el sitio más económico es la calle Rívoli (en uno de los laterales del Louvre); allí hay tiendas repletas de camisetas, figuritas de los monumentos de París, etc. Y todo a un buen precio.
El metro es del mismo nivel que el de Madrid, y diez billetes cuestan 55 francos, por lo que cada viaje sale por unas 130 ptas.

La comida

Toda clase de deliciosos patés, ensaladas con escarolas frisé, chacinas variadas, etc. Aquí saben comer, de eso no hay duda.
Para comer a gusto y de forma económica lo más indicado es una brasserie (las hay a patadas), a medio camino entre una cafetería y un restaurante. Comer bien en uno de estos sitios sale por unas 2.000 ptas. por persona.


Lugares y monumentos de París

La Torre Eiffel

Es gigantesca, más de trescientos metros de altura, y su tamaño se refuerza aún más gracias a las leyes que prohíben en París construir edificios de más de seis plantas, salvo los rascacielos de la zona de Defense. Sin esta normativa arquitectónica, la Torre Eiffel dejaría de marcar el perfil de la ciudad.
Previo paso por taquilla, se puede subir a ella pateando miles de escalones o bien usar uno de los ascensores que albergan a más de cien personas (casi como montarse en un minibús). Hay tickets para cada planta; se puede sacar uno para la segunda, por ejemplo, y una vez allí, si se desea subir a la cima, puede sacarse otro ticket en una de las máquinas que se encuentran en la misma planta.
La parte más alta de la Torre tiene dos miradores: uno acristalado y otro más arriba al aire libre (todas las plantas tienen rejas protectoras, debido al elevado número de suicidios ocurrido en el pasado).
La vista es impresionante, y en pleno mes de enero el frío no permite estar demasiado tiempo arriba.

Notre-Dame

La primera vez que la vi fue de noche y a lo lejos, desde uno de los puentes que cruzan el Sena. La falta de iluminación y su imponente figura (con sus arbotantes y su afilada aguja recubierta de acero) me hizo pensar en un enorme monstruo de piedra durmiendo un sueño de siglos. La visión tenía algo de terrorífico y fantasmagórico.
De cerca y a la luz del día, Nuestra Señora de París es un hermoso edificio de estilo gótico y cargado de historia, aunque en España no tenemos nada que envidiarle (la Catedral de Sevilla o la de Santiago de Compostela la superan en belleza y magnificencia).

Museo del Louvre

En su interior el visitante puede recorrer hasta catorce kilómetros de pasillos; por eso, hay que dedicarle varios días completos para disfrutarlo enteramente. Nosotros estuvimos sólo un día y nos concentramos en lo más aclamado y notorio: la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, la Gioconda (única obra protegida por una vitrina), las galerías de pintura francesa e italiana, etc.
Decidimos también explorar con detenimiento la exposición del antiguo Egipto (según los entendidos está mejor organizada y expuesta que la del Museo de El Cairo).

El Arco del Triunfo

Erigido en memoria de todos los soldados que dieron su vida por la patria, alberga en su centro una llama que arde eternamente. De él parten doce avenidas que se pierden en el horizonte (una por cada batalla napoleónica).
Su visión es bien distinta cuando el visitante se coloca justo debajo de sus arcos (nos sentimos como pequeñas hormigas). Para llegar a él hay que cruzar el tráfico por debajo gracias a una serie de túneles.

Hospital de los Inválidos

Uno de los monumentos más hermosos y colosales de París, con una cúpula decorada con pan de oro que la hace brillar y lanzar destellos a kilómetros de distancia.
Dentro de él se puede visitar el sarcófago en el que está enterrado Napoleón y un completísimo museo del ejército de todas las épocas.

Sacré-Coeur

Si van andando, prepárense para una buena subida de calles empinadas; el último tramo es un funicular que salva al paseante de subir una buena cantidad de escalones (8 francos la subida y otros tantos la bajada).
La Iglesia del Sagrado Corazón es de estilo bizantino y sus cúpulas recuerdan al Taj Mahal hindú. Como dato curioso, la basílica fue edificada con piedra de Château-Landon (al sur-este de París) que bajo el efecto del agua de la lluvia segrega una substancia blanca parecida a la pintura; por ello, cuanto más llueve, más blanco es el Sacré-Coeur.
Además de contemplar un edificio fascinante (tanto por dentro como por fuera), junto a la Iglesia se encuentra uno de los lugares más parisinos y pintorescos de la ciudad: un diminuto barrio con una plaza amenizada por pintores que desarrollan su labor al aire libre y pequeños comercios de todo tipo, pensados principalmente para el turista.

El Pantheón

En él descansan los restos de todos aquellos franceses que alcanzaron la gloria y la celebridad: Montesquieu, Voltaire y Victor Hugo son algunos de los personajes de la Historia de Francia que se encuentran enterrados en este gigantesco edificio de estilo romano.
Otra de las curiosidades que ofrece es la de contemplar el famoso Péndulo de Foucault, cuya oscilación demuestra el movimiento rotatorio de la Tierra.

La Madeleine

Un antiguo templo romano convertido en Iglesia (lo que son las cosas); la fachada, con espectaculares columnas, no hace pensar en absoluto que en el interior pueda estar desarrollándose un rito católico. La iglesia mantiene en su decoración algunos elementos (arcos, estatuas, etc.) propios de la Roma imperial.

La Concorde

Aquí está el monumento más antiguo de París: el obelisco de Luxor, una pieza egipcia con 33 siglos de edad y que muestra una serie de jeroglíficos que hablan de las hazañas de Ramses II y III. Alrededor de toda la plaza se encuentran las estatuas de ocho grandes ciudades de Francia. Las dos grandes fuentes son réplicas exactas de las que adornan la plaza San Pablo de Roma.

La Place Vendóme

En ella se sitúa el Hotel Ritz y, en el centro de la plaza, la Colonne Vendôme, de más de cuarenta metros de alta y construida por Napoléon con el metal de los cañones rusos y austriacos. Desde su cúspide nos saluda el general francés vestido de César.
En esta plaza y alrededor de ella se desarrolla la vida de uno de los barrios más lujosos de la ciudad; el metro cuadrado alcanza cifras de tres millones de pesetas; por lo tanto, si alguien quiere hacerse con un pequeño apartamento de cien metros cuadrados, debe disponer de trescientos millones de pesetas. Pero claro, estamos en una ciudad que posee un nivel de vida exorbitante, en donde hay camareros que hablan cinco idiomas y que ganan tres millones de pesetas al mes trabajando en un restaurante como Maxim's (en un sitio como este, el precio base del menú más barato ronda las 30.000 pesetas).

Los puentes

Más de treinta puentes cruzan el Sena, algunos de ellos de una gran belleza. Quizá el más hermoso de todos ellos es el de Alejandro III, presidido por altas columnas y estatuas decoradas con el pan de oro tan característico de la ornamentación parisina.

Los Campos Elíseos

Es la avenida por excelencia de la Ciudad de la Luz, con más de 70 metros de anchura; es la arteria que une a la Concorde con el Arco del Triunfo. Caminando por ella nos encontramos multitud de tiendas, restaurantes, cafés, cines, etc.

Jardines del Palacio de Luxemburgo

Uno de los jardines más hermosos de París. Personajes como Baudelaire se enamoraron de este paisaje y lo inmortalizaron en sus obras.
Uno de sus lugares más concurridos es la fuente central, rodeada de jardines en flores, y en la que los niños hacen navegar sus pequeños veleros (las naves pueden alquilarse allí mismo).
En una de las partes del jardín se encuentra una réplica en miniatura (también creada por Eiffel) de la Estatua de la Libertad.
El Palacio de Luxemburgo acoge hoy el Senado y no está abierto para los turistas.

Jardín de las Tullerías

Uno de los máximos ejemplos de lo que es un jardín a la francesa, con el colorido y las estatuas habituales en un jardín de estas características.


Disneyland París

Dos noches en el Hotel Sequoia (confortable y a diez minutos andando del parque), que imita el estilo de los grandes parques nacionales de Estados Unidos (el de Yosemite, por ejemplo).

En dos días completos y yendo entre semana hay tiempo de sobra para disfrutar de todas las atracciones, aunque supongo que en agosto será muy distinto.

En fín, esto es todo lo que pudimos ver en el Reino de la Ilusión:

Main Street

Es una réplica de la calle donde nació Walt Disney a principios de siglo. Está repleta de tiendas y cafeterías. A la entrada hay una estación de tren con paradas a las distintas partes del parque. El recorrido ofrece una buena vista de todo el recinto.
Al final de la calle se divisa el famoso Castillo de la bella durmiente; para los niños no puede haber mejor bienvenida.
En esta calle desfila también la cabalgata, aunque todo depende de la época del año; por ejemplo, en enero no hay cabalgata nocturna, sólo una a las tres de la tarde dedicada a los cinco continentes. Las principales carrozas son gigantescas, aunque todo el desfile es algo corto.

Fantasyland

Es como estar dentro de un cuento; mires a donde mires estás rodeado por el paisaje de una película Disney -con música de fondo incluida-. Toda la magia y la ilusión de Disneyland está aquí, y hasta el interior de cada restaurante o tienda está cuidado al detalle. Para los niños es un paraiso.

El castillo:
Es bonito por dentro, con vidrieras de colores sobre el cuento de la bella durmiente. En el sótano se encuentra el dragón resoplando (tiene un buen tamaño y la animación del muñeco está muy conseguida).

Blancanieves y los siete enanitos, Los viajes de Pinocho, El vuelo de Peter Pan:
Son atracciones del mismo estilo, montados en vagonetas y recorriendo los principales momentos de cada cuento (no es nada del otro mundo).

El país de los cuentos de hadas:
Un pequeño viaje en barca recorriendo maquetas de los principales cuentos de Disney; las miniaturas son preciosas.
Disneyland París

Adventureland

Piratas del Caribe:
Además de visitar el galeón, el puente colgante y las cuevas, aquí está una de las mejores atracciones del parque en cuanto a escenografía: un paseo en barca hasta la guarida de los piratas. La ambientación y los muñecos están perfectos.

Los Robinsones suizos:
Es hacer una buena subida hasta una casa construida en la copa de un árbol enorme. Lástima que no haya un mirador desde arriba y que las ramas del árbol impidan ver lo que debe ser una estupenda vista del lugar.

El pasaje de Aladino:
Es un bazar oriental de lo más pintoresco. Las calles de Aladino están reconstruidas al detalle.

Indiana Jones y el templo maldito:
Una espectacular montaña rusa que estaba cerrada por obras de mantenimiento.

Frontierland

Big Thunder Montain:
Una montaña rusa (aunque sin grandes caidas) montados en una vagoneta a través de varias minas y un paisaje agreste. El viaje es muy divertido. Aquí hicimos la mayor cola para una atracción (una hora de espera).

Phantom Manor:
Es una casa encantada que se recorre a pie y luego en cochecitos. La decoración es de lo mejor que puede verse en Disneyland; la atmósfera es terrorífica, con efectos de sonido y música fantasmal. Lo que más llama la atención son los fantasmas que bailan (hechos en holograma).
Un niño pequeño puede asustarse bastante.

Pocahontas Indian Village:
Estaba cerrado por el clima y el reciente temporal.

Discoveryland

Cariño, he encogido al público:
Es una de las atracciones estrella del parque, y de lo mejor que vimos. Una proyección en tres dimensiones y efectos táctiles (ratones que pasan por nuestros pies, un perro gigante que nos estornuda en la cara,...). La combinación de todo ello crea la ilusión de habernos encogido. El espectáculo es ingenioso, convincente y divertidísimo.

Space Mountain:
Otra de las atracciones más visitadas. A mí no me apetecía nada; Ángela sí se montó y fue zarandeada en un montón de giros y caidas en pendiente; dice que lo que más sufre es el estómago que se encoge y la cabeza que da tumbos de un lado para otro.

Star Tours:
Es un simulador de Star Wars; nos montamos en una nave y participamos en una batalla galáctica. Butacas móviles y una buena imagen de pantalla crean la sensación de estar en el espacio combatiendo a las naves imperiales. Se incluye el salto al hiperespacio y el ataque a la estrella de la muerte.

El Visionario:
Es una pantalla de 360 grados, con una película que nos rodea por entero y que trata de un viaje en el tiempo. No merece la pena guardar una cola. Como curiosidad, en la película intervienen rostros conocidos como Michel Piccoli, Jeremy Irons o Gerard Depardieu.

Los misterios del Nautilus:
Consiste en visitar el submarino del capitán Nemo.

Videopolis:
Es una enorme cafetería autoservicio, con muchas mesas para sentarse y un escenario en el que se ofrece un espectáculo a determinadas horas. El espectáculo que estaba programado para estos días era sobre la película Mulan (y ya estaban anunciando el próximo:Tarzán). Mulan estaba interpretado por acróbatas chinos haciendo toda clase de malabarismos; espectacular y colorista, un buen show de unos 30 minutos.

Disney Village

Se encuentra fuera del recinto de parque; es una calle llena de tiendas y restaurantes como el Planet Hollywood.
Toda la decoración es muy espectacular y absolutamente yanqui. Estuvimos cenando en un restaurante diseñado al estilo de los años 50: la barra, las mesas, las camareras con patines, la máquina antigua de discos, etc.
El sitio es concurrido y muy animado.

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