admin

Viaje al Corazón de Indochina I

Autor: Víctor Miguel Saiz Martínez (2006)

PRÓLOGO

El diario que a continuación detallo, es el fiel reflejo del viaje que Rosi y yo hicimos desde el 17 de Noviembre al 10 de Diciembre de 2006 por tierras de la antigua Indochina. En concreto visitamos 3 países: Camboya ( templos de la zona de Angkor y la capital Phnom Penh), Vietnam (principal destino del recorrido) y Tailandia (Bangkok).

Nuestra objetivo era hacerlo todo por nuestra cuenta, llevando sólo confirmados los vuelos de entrada y de salida, en un itinerario que iniciamos en Camboya para cruzar a Vietnam a través del Río Mekong y recorrer este país de Sur a Norte, acabando en Bangkok, la capital tailandesa.

En la preparación del viaje, tuve en cuenta fundamentalmente la información que me dio mi hermana Mar, que hizo un viaje parecido meses antes, guías de viaje, en especial la Lonely Planet y los diversos foros de viajes que cada vez más proliferan por Internet.
Creo que es interesante divulgar este diario, con fin de que pueda servir de ayuda a otras personas que se decidan a visitar la zona.

1 Y 2. DÍA. VIERNES Y SÁBADO 17 Y 18 NOVIEMBRE. ALICANTE-MADRID-DOHA-BANGKOK

Después de llegar a la T-4 procedentes de Alicante, embarcamos con Qatar Airways para dirigirnos a Bangkok, haciendo escala en Doha, la capital de Qatar. A pesar de que teníamos bastantes dudas sobre esta compañía, la experiencia fue muy positiva ya que cuenta con aviones bastante modernos, que incluso tienen pantallas individuales para ver películas y jugar a los videojuegos, además de un excelente servicio a bordo. En cuanto a la puntualidad, sólo tuvimos un pequeño retraso en la escala de Doha, ciudad que desde el aire parece la típica urbe construida en medio del desierto al amparo del petróleo. Su pequeño aeropuerto tiene un área de tiendas bastante selecta (joyas, relojes, perfumes...), en la que se mezcla gente de lo más variopinta: árabes con túnicas impolutas, seguidos de mujeres cubiertas con chadores negros, europeos como nosotros, en tránsito para destinos asiáticos (India, Nepal, Tailandia...), orientales de nacionalidad indescifrable de vacaciones etc.

La llegada al moderno y recientemente inaugurado aeropuerto Suvarnabhumi de Bangkok, la hacemos prácticamente con el horario previsto así que, cuando hemos recogidos las maletas, son las 11 de la noche y, como tenemos que volar a Phnom Penh a las 7 de la mañana, decidimos pasar la noche en la terminal. Después de dejar las maletas en consigna y cenar ligeramente (estábamos empachados de la cantidad de comida que nos sirvieron en el avión), nos tomamos unas copas y damos unas cabezadas en unos sillones bastante cómodos, con el único inconveniente del aire acondicionado exageradamente alto, que nos deja tiritando.

3. DIA. DOMINGO 19. BANGKOK-PNONM PHENH-SIEM REAP

Volamos de Bangkok a Pnonm Phenm con Air Asia y en una hora nos plantamos en la capital camboyana. El aeropuerto está prácticamente vacío, por lo que los trámites aduaneros -que incluyen sacar el visado- son muy rápidos. En el exterior tomamos un taxi (5€) para ir al centro de la ciudad con la pretensión de coger un autobús e ir a Siem Reap (la localidad más cercana a los templos de Angkor, nuestro primer destino). En medio de un tráfico caótico, en el que motos y bicicletas superan en un número abrumador a los coches, llegamos a la sede de Mekong Express, cuando un autobús acaba de salir y no hay otro hasta las 12,30, por lo que aprovechamos para contratar un tuk-tuk -una motocicleta que lleva adosada una especie de carrito, en el que caben cuatro personas-, para visitar el Palacio Real (recinto fortificado en el que viven el Rey y que cuenta con varios edificios, entre los que destaca la Pagoda de plata, llamada así por tener una cúpula construida con miles de tejas del preciado metal), y la prisión de Tuol Sleng, antigua escuela que se convirtió en una de las cárceles donde entre 1975 y 1979 el jemer rojo Pol Pot y sus secuaces, internaban y torturaban a sus compatriotas con el fin de “buscar el enemigo oculto” dentro del Partido, y exterminar todo aquello que consideraban atentatorio al Estado, en nombre de una ideología maoísta paranoica que, entre otras cosas, supuso la eliminación literal de las ciudades, la desaparición de la moneda, el comercio, las escuelas, la literatura, el arte, cualquier manifestación religiosa, y que causó la muerte de cerca de dos millones de camboyanos. Parece ser que únicamente 7 de las 20.000 personas que fueron llevadas a este siniestro lugar para ser interrogadas sobrevivieron y, la verdad es que “algo” flota en el ambiente puesto que nunca había estado en un sitio que me causara tanto horror y estremecimiento –ni siquiera en un campo de concentración alemán-; sólo las fotos de los detenidos, con el pánico reflejado en sus rostros, ponen los pelos de punta, de tal forma que tanto Rosi como yo salimos medio mareados, preguntándonos como la comunidad internacional permitió tal genocidio hace sólo 30 años. Renunciamos a ir a los Killing Fields, (campos de exterminio, donde eran ejecutados los prisioneros que no habían perecido en los interrogatorios), situados en las afueras de la ciudad, y nos dirigimos a la estación de autobuses para trasladarnos a Siem Reap. Son 6 horas de viaje en el que vamos dormitando y viendo un paisaje variopinto en el que predominan grandes extensiones de campos de arroz. Las casas de los lugareños son unas construcciones de madera, en el mejor de los casos o de hojas de banano, las más modestas, sobre una especie de pilares que permiten aislarlas del agua. Los animales conviven con las personas, hay hamacas, hornos, mesas, y los puestos de venta (comida, bebida, gasolina, souvenirs...) son muy abundantes a ambos lados de la carretera.

Ha anochecido cuando llegamos a la ciudad, y a la salida del bus nos asalta una legión de personas, ofreciéndonos hotel o medio de transporte, entre un griterío que casi daba miedo. Después de pensárnoslo un poco, nos decidimos a atravesar la barrera humana para contratar un tuk-tuk, que en poco tiempo nos lleva al hotel Golden Temple Villa, lugar donde habíamos hecho una reserva por Internet. Nos gustó la habitación y después de conseguir que el precio (14 €) incluyera un desayuno completo (aunque solo lo disfrutamos un día), nos damos una ducha después de más de dos días viajando, para salir a cenar y dar una vuelta. La calle, poco iluminada, está llena de locales mezcla de karaoke y masajes, con aspecto de prostíbulos. Después de cambiar dinero y llamar por teléfono, entramos en un restaurante chino (Din Sum Dumpling, Sivatha Street) en el que sirven una comida deliciosa (6 € los dos). Estamos rendidos y, como será habitual a lo largo de todo el viaje, nos retiramos temprano a descansar.

4. DIA. LUNES 20. ANGKOR

Con el aire acondicionado casi al máximo, dormimos bastante bien hasta las 6,30 de la mañana. Bajamos a desayunar, y en recepción nos consiguen un tuk-tuk por 8 €, para ir Angkor, el corazón del inmenso imperio Khemer (o jemer) que floreció en Indochina desde el siglo IX hasta el XIII y que hoy acoge un fascinante parque arqueológico. A las 7,30 llega Son (cuyo e-mail es vat_sokun@yahoo.com), un recomendable conductor, que será nuestro compañero durante dos días, y, que en poco tiempo, nos lleva hasta la puerta de Angkor Vat, seguramente el más celebre monumento de la zona. Construido por Suryavarman II en el siglo XII y conocido en tiempos antiguos como “La Morada Sagrada de Visnu”, uno de los dioses más importantes del panteón hinduista, el actual nombre significa “Ciudad que es un Monasterio” porque después de la revolución religiosa instigada por Jayavarman VII en el siglo XIII, el imperio Khmer abrazó el budismo y Angkor Vat pasó de ser santuario visnuista a Vat, budista. El complejo ocupa dos kilómetros cuadrados y la entrada principal se hace a través de un puente que cruza un fascinante foso de unos 200 metros de ancho, bordeado por amplios niveles aterrazados que desciendan hacia el agua que rodea el enclave. Después de visitar pausadamente esta maravilla, continuamos viendo templos, en medio de hordas de turistas, entre los que destacan sobremanera los japoneses, fácilmente identificables por ir siempre en grupo, gritar y empujar sin miramientos, (a pesar de lo pequeños que son, tienen una gran habilidad para “ganar la posición”), y estar siempre en medio, de manera que te impiden hacer la foto deseada. Lo único positivo que tienen es que si quieres olvidarte del plano, sólo tienes que seguir a un grupo de “japos” porque seguro que te conducen a los sitios más interesantes.

En Angkor Thom, antigua ciudad rodeada por murallas que delimitan una zona de unos 3 kilómetros cuadrados, y que llegó a albergar a 1.000.000 de habitantes, visitamos, entre otras cosas, lo que queda del Palacio Real, la bellísima terraza de los Elefantes, la escultura del Rey Leproso y el enigmático Bayón, templo en el que destacan la multitud de caras esculpidas, que le confieren un aire fantasmagórico.

Deambulando por la zona, conocemos a dos jóvenes bonzos (monjes budistas) que pretender dialogar con nosotros, misión que resulta imposible dado que, si nuestro inglés es malo, el suyo es sencillamente inexistente.

El calor es en momentos insoportable por lo que compramos agua en multitud de ocasiones y rápidamente afinamos el precio a 2000 rieles (0,40 € la botella de 1,5 litros). Al medio día entramos en el espectacular templo de Ta Prom, en el que se han rodado escenas de varias películas. Situado en mitad de la jungla, las raíces de los árboles centenarios han engullido literalmente muchas de sus piedras y, si no fuera por la legión de turistas que pululan por el lugar, se podría llegar a sentir la misma emoción que debió embargar a los primeros exploradores de Angkor, cuando lo descubrieron. Para finalizar la jornada, acabamos viendo rodeados de una multitud, un atardecer bastante decepcionante en el templo de Phom Bakeng. Volvemos, ya de noche, al hotel para ducharnos y, después de llevar ropa para lavar a una ¿farmacia? nos vamos a beber unas “birras” y cenar a un restaurante recomendado por la Lonely, cerca de la horrible calle de los “guiris”, donde la comida es bastante regular por un precio similar a la noche anterior. Es temprano, pero nos vamos al “sobre” porque queremos ver el amanecer en uno de los templos que hemos visitado durante este día, situado en las cercanías de un lago.


Seguir a Viaje al Corazón de Indochina II

Volver a Diarios de Viajes