Destino India y Nepal V
Hoy se celebra la fiesta hindú Phagu Pornima o “fiesta del color” que simboliza el triunfo de lo bueno sobre lo malo. En India queman piras de fuego y en Nepal se lanzas pintura rojiza unos a otros y también bolsas con agua.
Visitamos Bhaktapur, que literalmente significa ”la ciudad de los devotos”. Muy pocos turistas a la vista, lo que se agradece. La contrapartida es que a menos turistas más pesados se ponen los vendedores de postales, guías, collares, figuritas de madera, puñales, instrumentos musicales típicos y demás, un auténtico agobio que tenemos que aguantar desde el aparcamiento hasta la entrada al recinto medieval. Una vez dentro, la tranquilidad es total.
En Bhaktapur no son sólo interesantes los templos y palacios, sino las casas particulares, que también resultan curiosas por su antigüedad, parecen pequeñas, oscuras e irregulares y muchas tienen los marcos de las ventanas labrados con abigarrados y densos dibujos. Desde luego, la visita merece la pena.
Los chavales andan envueltos en una guerra total, se lanzan agua con pistolas de plástico, con bolsas o con cubos, pero lo peor son los apostados desde las ventanas y las azoteas, que no respetan a nadie, ni a los turistas, que también somos blancos para ellos. Afortunadamente, la temperatura es alta y nuestros empapados pantalones secan rápido. Peor es cuando somos alcanzados por bombas de agua coloreada, mezclan agua y kurkum y el resultado es un líquido rojo cuya mancha no es fácil de limpiar.
Dejamos Bhaktapur y nuestro chofer nos conduce hasta Patán.Desde luego, los artesanos de la época labraban la madera y la piedra como nadie, con mucha atención al detalle. Tomamos un taxi que nos lleva hasta la estupa budista de Swayambhunath, de 2500 años de antigüedad. La estupa es un túmulo hemisférico que representa los cuatro elementos de la tierra: tierra, fuego, viento y agua. Sus trece anillos dorados simbolizan los trece pasos del nirvana. Las estatuas de las diosas Ganga y Yamuna guardan la entrada. La vista del valle de Katmandú desde aquí es magnífica.
29 de marzo, viernes
Hemos pasado la mañana por la plaza Durbar de Katmandú y sus alrededores. En un edificio de la plaza reside la diosa viviente Kumari Devi. Es, ante todo, una virgen. No tiene más de cuatro o cinco años y es la reencarnación de la diosa Durga. Por supuesto, la diosa no es una niña cualquiera, el proceso de selección es riguroso: debe pertenecer a la casta Newari Sakhya, no tener marcas o heridas en el cuerpo y responder a 32 señas particulares, entre ellas la de permanecer impasible ante el pánico. Su reinado concluye con su primera menstruación.
De ahí en adelante vuelve al mundo de los mortales, a buscarse la vida.
Hoy no se muestra al público, probablemente porque no está programada la visita de ningún grupo organizado.Pasamos también por la Freak Street, famosa en los setenta por la gran cantidad de jipis que vivieron por aquí, entre ellos, Bob Marley. Katmandu formaba parte de las tres kas, junto con Kabul y Kuta, aquí venían a por heroína y jachís a bajo precio. Ahora sólo es una calle comercial con pequeñas tiendas de recuerdos para turistas y algo de ropa jipi.
Las callejuelas que rodean la zona histórica están repletas de pequeños negocios de todo tipo: ropa, carnicerías, pescaderías, fruterías, ferreterías, cacharrerías, etc, y entre todo esto, pequeños templos que son un remanso de
paz. Hay mucha gente en las calles y cuando miro a mi alrededor me veo transportado al medievo. Tiene un no sé qué que me cautiva, me gustaría quedarme en esta ciudad hasta que mi encantamiento se desvanezca.
Tenemos que dejar Katmandú con gran pena por nuestra parte, nos hubiera gustado quedarnos mucho más tiempo y por supuesto, hacer senderismo cerca de los famosos Annapurnas, pero el tiempo es un bien escaso y no se puede estirar.
En el aeropuerto de Katmandú nos hacen esperar casi media hora para sellar nuestros pasaportes con ¡el visado de entrada! No lo hicieron cuando entramos en el país y nos lo estampan cuando salimos. Parece increíble que nos dejaran
entrar sin comprobar que lo teníamos. Luego están los continuos y absurdos controles y cacheos, mero trámite y poca efectividad. Un funcionario me hurga en la maleta mientras habla con otro; no se percata del cuchillo que está a dos palmos de sus narices. Tampoco los rayos X lo detectan. Los pasajeros que han facturado algún equipaje lo tienen que reconocer a pie de avión. Una vez en el avión esperamos una hora por dos pasajeros que se retrasan. En vista del caos reinante, yo, por si acaso, pregunto a las azafatas si realmente este es el avión que vuela a Delhi.
En el aeropuerto de Delhi nos espera Minostra, de Tour Masters. Mi mujer va más cargada que yo, sin embargo, Minostra coge mi maleta. Este es otro malentendido cultural: al contrario que en nuestra sociedad, ayudar a una mujer con los bultos o cederla el asiento en un autobús se considera trato vejatorio, es como rebajarla. A nosotros nos cuesta entenderlo, pero así es su cultura. También es frecuente ver a parejas de hombres de cualquier edad pasear cogidos de la mano, y esto se ve como algo normal, todo lo contrario que entre un hombre y una mujer, que se considera una actitud sexual, al igual que el beso entre sexos opuestos.
30 de marzo, sábado
Comemos en nuestro hotel y conocemos a una pareja de españoles que acaban de adoptar una niña de dos años. El hombre está entusiasmado, muy emocionado. Nos quedamos sorprendidos cuando nuestro guía nos comenta que en Delhi sólo tienen agua corriente una hora por la mañana y otra por la tarde, en invierno tienen más: cuatro horas en todo el día.
Hoy el sol arrea de lo lindo. Visitamos la Mezquita del Viernes y el Templo del Loto, una construcción moderna de hormigón muy visitada por los propios indios de otras zonas del país. Una vez dentro destaca su austeridad, no hay ni una sola señal religiosa, sólo bancos corridos, unos micrófonos y unos destartalados altavoces. Lo más divertido es observar a las mujeres indias con sus elegantes saris y sus adornos. Algunas llevan las plantas de los pies pintadas de rojo y a muchas les cuelga la clásica cadenita desde la nariz a la oreja y no faltan multitud de anillos y pulseras, por supuesto. Encuentro muchos paralelismos entre hindúes y gitanos.
Visitamos también el monumento en memoria de Gandhi, que consiste en una sencilla losa de mármol negro en un pequeño jardín.
India consiguió la independencia en 1947 y se fraccionó en dos: Pakistán, para albergar a los musulmanes y la actual India, para los hindúes, parsís y otros. Nehru fue el primer jefe de gobierno de la India independiente y Gandhi era
considerado como un Santo viviente, pero no vivió mucho tiempo más, un fanático radical que no le perdonó haber deseado la integración de los musulmanes, le pegó un tiro.
A 15 km al sur de Delhi, visitamos la Torre de la Victoria y la Columna de Hierro. La Columna de Hierro presenta la curiosidad de que a pesar de sus 1700 años de existencia no se ha corroído casi nada, los científicos aún no se explican que semejante pureza de hierro se pudiera conseguir en aquella época. Se construyó en memoria del rey Gupta.
La Torre de la Victoria la mandó construir Qutb-al-din-Aibak, un comandante turco que ascendió al trono de Delhi en 1206, para celebrar la toma de la ciudad. Sirvió también de minarete, para llamar al rezo.
Comemos en nuestro hotel y descansamos en la piscina. Al atardecer, recorremos las tiendas de la plaza Connaught. Hay mucha actividad y también muchas ganas de vender, a pesar de que se ve a la gente muy cansada.Sin saber cómo, un limpiabotas me hace el viejo truco de ensuciarme el zapato con mierda. El muy cabroncete me señala el zapato y me dice que me lo limpia gratis, le mandamos a hacer gárgaras y lo limpio como puedo con un papel.
Mi mujer se prueba unas zapatillas de cuero realmente exóticas, no están mal del todo, sin embargo, casi no tienen tacón, lo cual le resulta incómodo. Intentamos cenar en un restaurante recomendado por nuestra guía. Después de una buena caminata encontramos el hotel: no es del nivel que esperábamos, no hay más que ver la entrada. Volvemos por un atajo y cenamos en el nuestro.
Durante los fines de semana, los restaurantes de los hoteles de lujo son frecuentados por familias indias de clase alta. A nuestro lado come una familia con sus hijos, todos con sobrepeso. Se han puesto muy guapos para la cena. En general, a los hindúes les cuesta entender por qué los adinerados occidentales pasean con ropas andrajosas y se comportan como las clases bajas de la sociedad india. Los pantalones cortos, por ejemplo, son símbolo de las castas bajas. El bufé está pensado para ellos, es muy picante, así que tenemos que pedir a la carta y no hay muchas alternativas: apenas unos espaguetis a la carbonara y poco más.
31 de marzo, domingo.
Hoy está casi todo cerrado, el sol atiza en serio y hay poca gente por la calle. O sea, buen día para pasarlo bajo el aire acondicionado del Museo Arqueológico. Nos vamos andando, que es la mejor forma de conocer una ciudad.Su contenido resulta interesante, tiene suficientes atractivos para pasar unas horas. Después nos trasladamos en un autorickshaw hasta el exclusivo restaurante Ming del hotel Taj Mahal. Excelente servicio para una comida simplemente correcta. Pruebo el famoso tofu y cordero en salsa de ostras.
Llegamos a nuestro hotel con el tiempo suficiente para hacer las maletas, nos han ampliado la hora de dejar la habitación hasta las cinco, pero aún tenemos cuatro horas de espera hasta que nos recojan a las nueve para ir hacia el aeropuerto.
En el aeropuerto, de nuevo el caos, no nos sellan las maletas cuando pasan por los rayos X y tenemos que volver de nuevo a pasar por la máquina, etc. Salimos de Delhi con una hora de retraso que nos hace perder el vuelo París-Bilbao de las diez y hasta la una de la tarde no sale el siguiente. Este, a su vez, sale con mucho retraso debido a problemas técnicos. Total, que llegamos a las cuatro de la tarde cuando estaba previsto llegar a las once de la mañana. Y gracias.
La India es un país fascinante, las costumbres, la comida, la ropa, los edificios, todo. Uno no para de asombrarse a cada paso que da, en cierto sentido, es como retroceder en la máquina del tiempo. India también te deja un regusto amargo
por la inmensa miseria que les asfixia, sin embargo, tiene un poderoso poder de atracción, el 95% de la gente da un sentido religioso a su vida y eso le convierte en un país muy atractivo para los materialistas occidentales.
Ya estamos pensando en volver, quizá al sur, donde según dicen, la civilización aún ha calado menos que en las regiones del norte. Pero antes necesitamos algún tiempo para digerir todo lo que hemos visto.
