Destino India y Nepal IV
24 de marzo, domingo.
Descansamos en la piscina del hotel hasta la hora del vuelo a Varanasi, una de las siete ciudades santas de la India y lugar de peregrinación por excelencia. Las medidas de seguridad en el aeropuerto parecen muy meticulosas, pero en la práctica son pura fachada. Hay hasta controles a pie de avión. Nos cachean dos veces y la gente tiene que identificar sus maletas antes de entrar en el avión.
En Varanasi nos espera otro Ambassador y Kumán, un guía que habla español. Llegamos al Clarks a las cuatro, cuando se ha cerrado ya el restaurante, así que nos tomamos una pizza muy cargada en el bar. El hotel parece un poco pasado de moda pero aceptable.
Comenzamos la visita de Benarés con el templo Bharat Mata o de la Madre India, donde hay una gran maqueta en relieve de todo el país realizada en mármol. Parece que se construyó para promover el patriotismo y la unidad entre las distintas comunidades del país.
Varanasi debe su nombre actual a dos afluentes del Ganges: el Varuna y el Asi. Continuamos con la universidad, de un urbanismo muy inglés, grandes y rectas avenidas entre los campus. Vemos también el templo de la universidad y algún otro más. En el bufé de la cena nos topamos con una cara conocida, no acertamos a saber donde la hemos visto antes, así que tiene que ser él quien nos lo recuerde. Es el representante de Tour Masters que nos recibió en Delhi, el tipo acompaña a un grupo de doce personas, todos indios.
25 de marzo, lunes
Nuestro despertador suena a las cinco y cuarto. A estas horas ya hay gente por las calles. Me sorprende verlos correr por las calles, algunos con ropa de deporte, otros con ropa de calle. Según nuestro guía, la hora habitual de levantarse son las cuatro y media. Trabajan seis días a la semana, incluso los escolares, excepto los más pequeños.
Empezamos bien, por el camino vemos a gente llevando un cadáver en dirección al Ganges. Cerca de los ghats hay bastante actividad, a pesar de la hora tan temprana. Por indicación del guía, cambio unos billetes por monedas para dar unas rupias a los que sobreviven con las limosnas de los turistas. Están alineados sobre el barandal que conduce al embarcadero, muchas son viudas que al morir su marido se han quedado sin sustento. Antes morían con ellos en la pira funeraria, ahora tan salvaje costumbre ha quedado olvidada. Todo este tinglado impresiona un poco y es auténtico, no hay demasiado montaje comercial en torno a ello. Todavía.
Muchos peregrinos ya están en los ghats, hacen sus abluciones y sus ofrendas florales, algunos se introducen en el Ganges hasta la cintura y rezan. Aquí también hay separación de sexos: hay ghats para mujeres y ghats para hombres. Montamos en una lancha para recorrer todos los ghats.
A lo largo de las orillas, además de los peregrinos, vemos a los que lavan la ropa, extendiendo los coloridos saris sobre las escalinatas. Presenciamos también una pelea de perros y algunos turistas de aspecto jipi que se desayunan en las terrazas de las pensiones cercanas al río.
Las cremaciones se realizan fundamentalmente río abajo. Hay abundante leña almacenada y muchas cenizas sobre los pedestales de hormigón, seguramente de las cremaciones de ayer. Parece las incineraciones se desarrollan sobre todo por la tarde. No a todos los hindúes se les quema, se libran los niños, que se les entierra. Kumán nos señala la casa del individuo que tiene la exclusiva del fuego sagrado. Parece que no le va mal el negocio, su terraza está flanqueada por dos enormes tigres disecados.
Recorremos a pié las estrechas callejuelas que ya empiezan a llenarse de gente y de... vacas. Caminar por estas calles es una experiencia imborrable; a cada dos pasos surge la sorpresa. Hay muchos pequeños templos en cualquier rincón y tiendas minúsculas, panaderías, ultramarinos, etc, todo bastante sucio. Tengo la impresión de haber retrocedido en el tiempo unos mil años. En ciertas zonas no se nos permite pasar con la cámara, se las entregamos confiadamente a un chico que nos las devuelve una calle más abajo. Uno de los templos es problemático y hay una gran presencia policial, parece que tanto los hindúes como los musulmanes lo reclaman para sí.
Nos encontramos con dos extranjeras, una de ellas con un enorme chichón en su cabeza, no sabemos que le ha pasado.
Me marcho con pena de la zona de los ghats, me gustaría recorrer las callejuelas con más tranquilidad, en este hervidero humano, en cada esquina surge una sorpresa. Varanasi no deja a nadie indiferente, la vida y la muerte confluyen a orillas del Ganges.
Por la tarde visitamos Sarnath, lugar muy importante para los budistas ya que fue aquí donde Siddharta Gautama Sakyamuni, el primer Buda (iluminado), pronunció sus primeras enseñanzas (Dharma), en el 532 a.C., a los 35 años de edad. En el siglo I y II, la filosofía budista fue muy popular en India, China, Japón, Corea, Tíbet y Mongolia. Después remitiría debido a invasiones de musulmanes, hunos y otros pueblos, pero hoy en día aún cuenta con millones de seguidores en todo el mundo. De los monumentos construidos en la antigüedad sólo queda las ruinas de la Estupa Dhamekh.
Sarnath también es un lugar sagrado para los jainistas, su decimoprimer profeta falleció aquí. Visitamos el Museo de Sarnath, donde se exponen las esculturas budistas descubiertas en las excavaciones. Después vemos el Templo Mahabodhi, cuyas paredes están pintadas con la historia de la vida de Siddharta, el primer Buda.
Pasamos la tarde en la piscina, nuestro hotel está un poco alejado del centro y además el día ha sido algo duro.
26 de marzo, martes
Volamos hacia Katmandú, capital del único reino hindú del mundo: Nepal. De nuevo nos registran de pies a cabeza. Nos piden seis veces la tarjeta de embarque antes de acceder al avión. Nepal tiene mucho mejor nivel de vida que la India, el tráfico es más ordenado, las aceras son amplias y se respira una mayor tranquilidad, además, todo está bastante limpio.
Nos alojamos en el Yak & Yeti, un magnífico hotel con todas las comodidades, muy bien situado, en una zona muy tranquila, a quince minutos de la Durbar square, y con la habitación más acogedora de cuantas hayamos estado, gracias a la iluminación basada en luces indirectas.
Salimos inmediatamente a la calle. Nos asombramos de no ser asediados por los cazaturistas. Las tiendas de las calles comerciales están muy bien surtidas. Las mercancías que ofrecen no llegan a la calidad de las de occidente pero están cerca. A esta hora de la tarde, las calles están atestadas de gente, casi es difícil andar, una señorita amablemente nos conduce hasta la plaza Durbar o del Palacio. Cuando llegamos no nos dejan entrar; está tomada por el ejército. Al parecer, hoy mismo han matado a 30 maoístas en la capital y hay algo de jaleo.
Paseamos por los alrededores de la plaza Durbar cuando empieza a llover, nos refugiamos en una pastelería y aprovechamos para comprar unos dulces y té en una tienda aledaña. Después, paseamos por un centro comercial y ya de noche, tomamos un taxi hasta nuestro hotel. La tormenta lleva truenos y relámpagos, nos recuerda que no muy lejos de aquí se encuentran ocho de los diez picos más altos del mundo.
Entre ellos, el Himalaya, el Annapurna y la cumbre del mundo: el Everest ( 8848 m). Dicen que en alguno de ellos se esconde el abominable hombre de las nieves o Yeti. ¡Uuuuuuh! El K2 se quedó en Pakistán.
En Nepal es donde nació el budismo, en el área del reino del Himalaya. Tomó su nombre de su fundador, Buda (el iluminado). No creen en ningún dios, por tanto, no rezan. Toman a Buda como ejemplo para sus vidas. Creen en la reencarnación, como los hinduistas, y por supuesto, tienen que portarse bien para que la siguiente vida sea mejor que la anterior.
A lo largo de la historia de Nepal se han sucedido periodos de budismo y de hinduismo, de tal manera que ahora ambas religiones están estan mezcladas que es difícil establecer límites entre ellas, de hecho, figuras que el budismo considera sabios, han sido transformadas por los hindúes de Nepal como nuevas manifestaciones de sus dioses. Muchos lugares de culto son comunes para budistas e hindúes.
27 de marzo e 2002, miércoles
Durante la dinastía de los reyes Malla, entre el 1600 y el 1700, se construyeron en el valle de Katmandú edificios y templos impresionantes. Katmandú, Patán y Bhaktapur eran reinos independientes y competían entre sí en la grandiosidad de los edificios. Por esta razón, en un área tan pequeña, de 25 x 20 km, se concentra una gran cantidad de palacios.
Nuestro enlace en Katmandú está un poco despistado, el tío no nos ha dicho a que hora nos recoge hoy, así que le llamamos nosotros. Creo que el problema es su dificultad para hablar inglés, le cuesta un horror.
Por fin aparece el chófer y el guía y nos conducen a Patán, la más antigua de las tres ciudades. Esta mañana he tenido diarrea y me he tomado unas pastillas que lo han cortado instantáneamente. El caso es que parte de los efectos secundarios son las nauseas y las empiezo a sentir con gran intensidad. Aunque procuro aguantar el tipo, en el templo de las ratas sagradas – sagradas y grandes como conejos- ya no puedo más, me mareo y tengo ganas de devolver. Me tengo que tumbar. Después de unos minutos de descanso me incorporo pero no veo que mi situación mejore así que nos volvemos al hotel. Anulamos las visitas de hoy y amablemente nos ofrecen el coche con chofer para mañana, aunque no el guía.
Descanso unas horas en el hotel y por la tarde ya me encuentro mucho mejor. Salimos y hacemos algunas compras, cedés de música local y algo de ropa étnica.
Seguir a Destino India y Nepal V
