admin

Destino India y Nepal II

19 de marzo, lunes

Antes de que nos recoja nuestro chofer intentamos de nuevo dar un paseo. Está vez tomamos la calle de la derecha. Tampoco llegamos demasiado lejos por aquí; la gente no nos deja en paz. Deben ver en nosotros a millonarios occidentales y a cada 10 m se nos pega alguien para pedirnos algo, y son realmente insistentes.

Cruzar la calle también es una pequeña aventura. El tráfico de motos, bicicletas y coches es espectacular, incesante. Y la polución ahoga. No recorremos ni 80 m y nos volvemos hacia el hotel. Es agobiante.

A diferencia de otros países, en la India escasean los puestos de comida por la calle, la razón es que la dieta está muy ligada a la
religión y las diferentes comunidades hindúes no son uniformes, al no existir unas reglas comunes, cada una tiene sus reglas y costumbres sobre lo que es un alimento puro o impuro. El resultado es que suelen evitar cualquier comida preparada fuera de casa.

Nuestro chófer llega puntual. Salimos de la ciudad, paramos frente al famoso Hawa Mahal, fachada construida para que las mujeres del Marajá vieran los desfiles sin ser vistas. Hacemos algunas fotos y seguimos nuestro camino hacia la antigua ciudad mogol de Agra. Por el camino pasamos por pueblos muy pobres, míseros. Si quitáramos los vehículos de motor podríamos decir que hemos retrocedido en el tiempo más de mil años. Esta impresión tiene uno cuando ve las caravanas de camellos con indios vestidos con el tradicional dhoti y turbante, es alucinante.

En un mercadillo de un pueblo paramos a comprar algo de fruta, al bajarnos del coche causamos sensación, nos rodean y nos miran de arriba abajo. Nuestro chofer se encarga de comprar la fruta y también un cuchillo para pelarla.

Volvemos a la carretera. Singh nos comenta que para conducir en India hace falta buenos frenos, buena bocina y buena suerte. Yo añadiría: nervios de acero y santa paciencia.Nuestro chofer, Singh, profesa la religión sikh. Todos o casi todos los sikhs se apellidan Singh (león), igual que todos los musulmanes en la India se apellidan Han, es una manera de identificarse entre ellos. La mujeres sikh se apellidan kaur (princesa). La mayor parte de los sikhs llevan turbante y ocultan tras él una cabellera larga hasta la cintura, ya que nunca se cortan ni el pelo ni la barba. Según esto, nuestro chofer es un sikh algo descafeinado, no lleva turbante ni pelo largo, aunque sí barba, pero arregladita. Ah, y el pelo teñido con gena.

De los sikhs se dice que son los catalanes de la India: comerciantes, trabajadores y peseteros. Por ahora son unos veinte millones y pasa por ser la religión más joven del planeta, se fundó en 1469. Toma cosas del hinduismo y del islamismo. Creen en un solo Dios. Rechazan ídolos, figuras, monjes, sacerdotes, ordenes de monasterios y castas. Pero eso sí, tienen 10 gurús que son los que mandan y sus hijos y otros parientes les suelen suceder en el cargo.

Seguimos nuestro camino por este variopinto país. En una llanura vemos pavos reales salvajes, creo que también son sagrados.A 38 Km de Agra nos encontramos con las ruinas imperiales de Fatehpur Sikri, ciudad realizada en arenisca roja. Su diseño combina varios elementos regionales de arquitectura de Asia Central e Irán. Fatehpur Sikri nació por iniciativa del Emperador mogol Akbar y allí llevó a cabo experimentos en el arte y la arquitectura. Fatehpur Sikri fue una vez la capital, pero la tuvieron que abandonar por la falta de agua.

Agra es una de las ciudades más densamente pobladas de la India, y eso lo notamos enseguida; a las afueras de Agra nos vemos envueltos por un sofocante embotellamiento donde abundan las bicicletas y los rickshaws, el motivo es un cruce conflictivo. El follón es mayúsculo pero nadie pone mala cara.

Nos alojamos en el nuevo y lujoso Jaypee Palace. Cenamos en un bufé al lado de la piscina. La cocina es de primera, un auténtico placer para los sentidos.

20 de marzo, miércoles

Nuestra primera visita de la mañana es el mundialmente conocido palacio Taj, mausoleo de la emperatriz Mumtaz Mahal -elegida de palacio-, la esposa favorita del emperador mogol Shah Jahan.Unos dicen que lo construyó como recuerdo de su amor por ella, otros dicen que por megalomanía, quien sabe, vista la importancia de las mujeres en esta sociedad, yo me inclino por lo segundo. Su construcción comenzó en 1631 y duró 22 años, trabajaron 22000 personas en él. Para mí, su belleza es hipnótica, impactante. Su secreto radica en el equilibrio de formas y en su perfección geométrica. A media distancia es donde uno aprecia mejor su belleza. Sublime.

El material de construcción es el mármol blanco con infinidad de piedras semipreciosas incrustadas para hacer los dibujos y las frases del Corán. Su interior es sencillo, tan sólo unos biombos de mármol labrado y los cenotafios de Mummatz y de Shah Jahan. El tal Shah Jahan quería construir otro mausoleo para él, igual al Taj, en mármol negro, en la otra orilla del río Yamuna y unirlos mediante un puente de plata. Su hijo vio que con ese despilfarro no le iba a quedar una gorda y lo encerró en el fuerte, donde murió a los setenta y tantos años, después de una noche de orgía sexual y drogas. Abandonamos con pena uno de las construcciones más bellas del mundo.

Por la tarde visitamos Sikandra para ver otro mausoleo: la tumba del Emperador Akbar. Se encuentra en un espacioso jardín con monos y ciervos. En el lado sur hay una puerta muy alta con cuatro minaretes-torre, y puertas falsas colocadas para simular simetría. El mausoleo se comenzó en tiempos de Akbar, y se completó en 1613 por su hijo, el emperador Jahangir, quien modificó el diseño original. La tumba que en realidad se ve es, como es costumbre, su cenotafio, la tumba real es una simple cripta dentro de una sala. Una cosa curiosa es que no se pueden ver los cuatro minaretes desde un punto, uno de ellos siempre está oculto por la tumba. La visita es interesante por la importancia que tuvo históricamente el emperador Akbar, pero como monumento artístico tiene poco que ofrecer. La sala que alberga el cenotafio está en un estado de abandono total.

Continuamos hacia el fuerte Agra, situado a la orilla del contaminado río Yamuna. onstruido por Akbar en el periodo 1565-73, fue sucesivamente ocupado y ampliado por Akbar, Jahangir y Shah Jahan. Los edificios más sobresalientes dentro del fuerte son el Jahangiri Mahal, Khas Mahal, el viñedo Anguri Bagh, los baños del Sheesh Mahal y Masumman Burj donde Shah Jahan murió cautivo por su hijo Aurangzeb.

Los extranjeros escasean y una vez en el interior de los edificios turísticos se está de maravilla, el lado negativo es que los que viven de los turistas vendiendo sus postales y guías de bolsillo realmente nos asedian y no nos dejan en paz desde que salimos hasta que nos introducimos en nuestro vehículo. Todos buscan su negocio, algunos exhiben sus horribles deformaciones corporales, a veces, bastante desagradables de ver.

21 de marzo, jueves

Dejamos el Jaypee Palace y nos dirigimos a áreas más rurales y pobres, si cabe. Esta vez en tren, en el Shatabi Express. Viajamos en primera, pero la limpieza de los vagones deja mucho que desear, aunque desde luego es cien veces mejor que las descripciones de los trenes del libro de viaje “Donde las piedras son Dioses”, vamos, que se puede tolerar.

Nos bajamos en Gwalior, donde nos espera nuestro nuevo chofer, esta vez con un Ambassador, típico coche indio, que parece de los años cincuenta. Los indios están muy orgullosos de su coche aunque tecnológicamente esté a años luz de cualquier coche occidental. Este en concreto está algo cascado y es muy ruidoso. El chófer tampoco nos gusta demasiado, conduce demasiado deprisa y mira de soslayo.

En Gwalior visitamos la fortaleza, el palacio y el museo del Marajá. Continuamos con el Palacio Jai Vilas, que es la residencia actual de la familia real de Scindia. El Palacio combina los estilos de arquitectura Toscana y Corintia. 35 habitaciones del palacio se han convertido en el museo Jivaji Rao Scindia, y evocan el estilo de vida de la corte real. Vivían a todo lujo, como anécdota, una enorme mesa incluye un tren de plata con vagones de vidrio que circulaba por la mesa para servir las bebidas.

En la carretera vemos un hombre completamente desnudo caminando por el arcén, sólo se apoya en una vara. Nuestro chofer nos aclara que pertenece a una secta jainista: los digambaras. Más adelante, en dirección contraria, nos cruzamos con varios que visten completamente de blanco y llevan las cabezas rapadas, deben ser los svetambaras, otra secta de los jainistas. Seguro que celebran algún congreso.El punto clave del jainismo es su primer mandamiento: "No mates a ninguna cosa viviente; no lastimes a ninguna cosa viviente mediante la palabra, pensamiento o acto, ni siquiera en defensa propia." Para los jainistas no existe, como para nosotros, diferentes clases de vida, todas tienen el mismo valor. Matar un pollo, dicen, es peor que matar una persona, al menos ésta se puede defender.

Al salir de Gwalior, en una de las escasas cuestas del trayecto, se rompe la correa del ventilador y regresamos a Gwalior para cambiarla. En cuestión de una hora estamos de nuevo en ruta.

En Orchha nos alojamos en el Orchha Resort. Orchha es un pueblo muy pequeño y escasean los alojamientos, de todas formas, el hotel tiene todas las comodidades. Por la noche, charlamos con un guardia de seguridad, que nos enseña el hotel. Tienen también tiendas de campaña con baño y ducha incorporada.

Seguir a Destino India y Nepal III

Volver a Diarios de Viajes