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Diario de viaje a Bali IV


26 de abril, miércoles

Dejamos el Jalan-Jalan, no sin antes darnos un buen masaje en el propio hotel. Mi mujer y yo pasamos a diferente sala. El joven masajista me pide que me desnude por completo y que me tumbe sobre una mesa. Cubre mi sexo con una toallita, se impregna las manos con algo de aceite y pasa a la acción. El masaje termina en una bañera llena de agua muy caliente, flores y sales. No está mal. Antes de dejar Ubud echamos una ojeada a las galerías de arte con objeto de comprar algún cuadro. La mayor parte de los cuadros son muy similares; el típico abigarrado trozo de naturaleza densamente poblado de verdes hojas. En realidad, la mayor parte de estos cuadros están pintados a lapicero por maestros y después sus alumnos rellenan los trazos como si se tratase de librillos de colorear infantiles. Esto genera unas obras muy similares y de escasa calidad pero que al parecer, se venden bien.

En los escasos cuadros de temática más original e individualista no encontramos precios razonables, a nuestro entender, los cuadros no valen lo que piden. Paramos en Bangli, donde están desmantelando un mercadillo que ya se ha celebrado.En Bali hay unos 50000 templos y ahora ponemos rumbo en dirección norte, hacia el Pura Besakih, el templo madre de Bali. La carretera que lleva a Besakih está flanqueada por penjors, largas pértigas de bambú que representan a las montañas sagradas. La punta se inclina hacia el suelo de donde cuelga un penacho de hojas y cintas de colores representando la cola del Barong, criatura mitológica, mitad perro y mitad león, que encarna la lucha eterna entre el bien y el mal. En su parte media, en ocasiones, se colocan pequeños altares también de bambú donde se depositan las ofrendas. Algunos tienen largas telas en forma de grandes banderolas con los colores de los dioses (negro, amarillo, blanco o rojo).

Como es habitual en toda atracción turística de primer orden, tratan de exprimir al turista todo lo que pueden. En la carretera hay un control policial, unos guardias te piden unas rupias sin darte recibo alguno, es un control con el objetivo de sacarse un dinero extra.Más adelante encontramos un aparcamiento. Qué raro que no cobren por aparcar. El templo está en la cima de una pequeña colina y desde el aparcamiento hasta allí se sube por una carretera recta, en su inicio nos topamos con otro control, esta vez, quieren que nos cubramos las piernas con unos sarongs, a pesar de que llevamos pantalones largos, y cobrar por ellos, claro. Volvemos al coche y nos vestimos con los nuestros. Es inútil, quieren su dinerito y hay que dárselo, y una vez más, sin ningún recibo. La carretera está afortunadamente cortada al tráfico y en sus orillas se despliegan multitud de puestos de vendedores de fruta y de artesanía local. Demasiada gente mezclando espiritualidad con lucro para mi gusto.

No esperábamos encontrarnos con tanta gente, hay miles de personas. El colorido de los trajes de las balinesas es sensacional, muy llamativo. El punto negativo del lugar son los falsos guías que no nos permiten movernos con libertad, son chavales que se ponen bastante pesados si no les permitimos que nos acompañen como guías. La visita merece la pena, el lugar es espectacular y se pueden ver las ofrendas y las bendiciones de los sacerdotes. Los templos principales están consagrados, como siempre, a Siwa, Wisnu y Brahma. Al regresar hacia el coche nos hacemos con una buena provisión de mangostinas y maracuyás, dos de mis frutas preferidas. De Besakhi nos dirigimos a Candi Dasa, donde nos alojamos en un bungalow.

27 de abril, jueves

Visitamos el pueblo Bali-Aga más conocido: Tenganan. Está más cuidado de lo que es habitual, se nota que es muy turístico. Podemos pasear con tranquilidad y nadie nos persigue para vendernos algo. Bali-Aga significa original de Bali y estos pueblos se ven como los auténticos descendientes de los moradores más antiguos de la isla. Son altivos e independientes y representan los mayores conservadores de las viejas tradiciones de sus ancestros. Tenganan se considera socialmente y económicamente separado del resto de Bali, Dicen que es tal la obsesión por el aislamiento en Tenganan que hay una persona especialmente destinado a barrer el pueblo después de la visita de los extranjeros para borrar sus huellas. Dicen también, que si alguien escoge cónyuge fuera del pueblo queda excluido de la comunidad y debe abandonar el pueblo. Quizá sea verdad pero a mí me parece una exageración, el pueblo está ciertamente rodeado por un muro de piedra y la puerta de acceso es pequeña pero no están tan aislados como aparentan. El pueblo está muy limpio y claramente orientado al turismo, eso sí, la gente del pueblo ni tan siquiera nos mira. Genial. A la entrada hay un puestecito con un chico que vende calendarios hechos a mano. No sé cual de los tres calendarios que rigen el Bali vende: el gregoriano, el Saka o lunar de 12 meses o el Pewukon que combina diversos ciclos de duración variable a lo largo de sus 210 días. A la sombra de un árbol, un grupo de hombres juegan a las cartas.

También vemos un pájaro multicolor en una jaula. Las mujeres se afanan en una cocina al aire libre, parece como si estuvieran preparando comida para alguna celebración, hay comida para alimentar a todo el pueblo. Los chavales calzan deportivos de marca y montan en bicicletas de montaña. Los gallos de pelea descansan en campanas de bambú trenzado, los ponen a todos en fila uno al lado del otro, dicen que para que se piquen entre ellos y así fomentar su agresividad. Y por supuesto, no faltan las tiendas de artesanía del exclusivo tejido de Tenganan, el gringsing y también, cestillos de mimbre, que andan desparramados en la calle.

Visitamos también los baños públicos al aire libre de Tirta Gangga donde los chavales se lanzan en pelotas al agua sagrada. El agua es cristalina y el fondo de las piscinas está lleno de vida vegetal y animal.Desde el aparcamiento de los baños oímos un golpe seco, a la salida del aparcamiento, una pareja de franceses ha tenido un accidente con el coche, se han incorporado a la carretera por la derecha y han chocado de frente con una furgoneta de turistas, afortunadamente nadie está herido. Me acerco por si necesitan ayuda. El conductor es un chulín francés morenito con ademanes de señorito. En cuanto veo sus maneras de perdonavidas me doy media vuelta y vuelvo al coche. Su compañera corre detrás nuestro para pedirnos las señas de nuestro alojamiento por si necesitan ayuda.

A la vuelta, es noche cerrada y nos cae una tormenta impresionante, tenemos que parar en el arcén la carretera, los limpia no dan abasto y no se ve nada. Sin embargo, los balineses siguen en sus motocicletas como si nada. Los demás conductores tampoco ven nada: a veces, los coches se paran detrás de nuestro vehículo, creyendo que estamos en la carretera parados y no es así, estamos fuera del asfalto. En veinte minutos, que se hacen muy largos, el aguacero ha remitido y retomamos el camino hacia nuestro hotel.

28 de abril, viernes

Regresamos al Meliá de Nusa Dua justo a las doce. Devolvemos el Feroza y nos dedicamos el resto del día a zanganear en la playa, que de vez en cuando, no es mala actividad.

29 de abril, sábado

Visitamos Kuta, como no. Esto me recuerda Patong, en Phuket. Todos estos centros playeros son siempre iguales, visto uno, vistos todos. Intento comprar un polo de Ralph Laurent y no hay manera. Kuta tiene al menos tres tiendas donde exclusivamente venden estos polos, pues todas tienen el mismo defecto: los polos están doblados sobre un cartón sobre las estanterías y colocados unos encima de otros y claro, el sol ha decolorado la parte expuesta, con lo que todos, absolutamente todos, presentan un rectángulo decolorado por el sol, imposible de arreglar. Vaya desastre. Y damos por finalizada nuestra estancia en la isla más exótica e hinduista de Indonesia donde aún perviven algunas de las tradiciones más antiguas del mundo. Ha sido fascinante. Los balineses son gente muy orgullosa y celosa de sus tradiciones y tienen una organización que parece funciona muy bien, al menos hasta ahora ha mantenido a Bali como la menos problemática de las islas de Indonesia.Lo que nos ha quedado claro es que Bali es demasiado compleja para ser abarcada en quince días.

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