admin

Diario de viaje a Bali III

22 de abril, sábado

A las once, salimos hacia el lago Batur. Nos adentramos en el Bali más profundo, las carreteras empeoran y se estrechan, apenas hay tráfico y los socavones menudean. A pesar del mal estado del pavimento, no tenemos mucho problema para continuar, sólo poco antes de Penelokan, en una subida, ante dos grandes socavones, tengo que echar marcha atrás y volverlo a intentar, a la segunda intentona pasamos sin mayor problema. En realidad, no es necesario un todo terreno para circular en Bali.

A partir de Penelokan la carretera es buena. Las terrazas de arroz crean un paisaje místico, de cuento de hadas. Nos gustaría bajar a contemplarlo pero en cuanto paramos el coche nos rodean los chavales y vendedores de artesanía para turistas.Al llegar a la caldera hay un control para turistas.Intentamos parar en un mirador alejado de los cazaturistas. Es inútil. Enseguida corren los críos hacia nosotros para vendernos sus postales y lápices de colores. Es difícil no hacerles caso, le rodean a uno de tal forma que es imposible andar. Seguimos hasta el embarcadero del lago.

Sin bajar aún del coche ya tenemos a cuatro personas alrededor. ¡Y vaya pintas! Más de uno no se bajaría al verlos. Por supuesto, todos se ofrecen a llevarnos hasta el cementerio de Trunyan. Nosotros preferimos las barcas oficiales. La tarifa la encontramos algo cara, así que hacemos cuentas y esperamos a que recale más gente para que nos salga el viaje más barato. Al de pocos minutos aparece una pareja muy joven de indonesios. A ellos también les parece muy caro, así que les ofrezco la posibilidad de ir los cuatro en la misma barca y aceptan. Nos sale el viaje por 30750 rupias por persona.

Después de media hora de viaje llegamos al famoso cementerio de Trunyan. Hay más de diez “guías” esperándonos. El ambiente no es saludable, demasiada gente esperando sus propinas y muy pocos turistas. Esto es la Gran Turistada. Se dice que el árbol que cobija los restos emana un olor que enmascara las emanaciones fétidas de los cuerpos que descansan sin enterrar. Un "guía" nos ofrece un trozo de corteza del árbol para oler. No huelo a nada. El cuerpo más reciente data de hace ocho años, según ellos. Hay unas seis tumbas al aire y sólo una de ellas contiene un esqueleto medio envuelto en un sarong. Eso sí, hay calaveras hasta para marcar el camino. No dudo que hace cincuenta años se dejaran los cuerpos pudrirse a la intemperie, ahora esto es sólo una trampa para turistas.Cuando nos marchamos piden su propina, les doy 10000 rupias y no parecen satisfechos, también quieren que dejemos algo en el cuenco del suelo. Siguen pidiendo dinero hasta que llegamos al barco. Ni caso. Se ponen realmente pesados.

Ya en la barca nos sentimos algo más seguros, pero nos rodean dos viejecitos en sus canoas de tronco de árbol, probablemente lo más genuino del lugar. Ella se acerca al lado de mi mujer y él al mío. Nos extienden su mano pidiendo. Cuando miro a la cara de ella me quedo petrificado, es de película de terror. Es toda arrugas y tiene pelos de bruja, la dentadura es casi inexistente y negra, está en los huesos. Menudo susto me ha dado la vieja, si me sale de noche tendría pesadillas.Trunyan tiene buen aspecto y sus paredes blancas de ladrillo distan mucho de la aldea remota que uno espera encontrar en este apartado lugar. Desde la barca se ven los desmontes y terraplenes típicos de una carretera; no están tan aislados como quieren dar a entender. Seguimos hacia la decadente Singaraja. En el camino, paramos en Kintimani, donde se encuentra el segundo templo más importante de Bali: el Pura Ulon Danu Batur.

Tenemos suerte, están celebrando algo. Todo el pueblo está vestido con sus mejores galas y se dirigen al Pura. Las calles están engalanadas con estandartes de colores y la policía regula el tráfico. En cuanto ponemos pie en tierra, casi sin darnos cuenta, una mujer nos coloca un sarong a la cintura, nos los vende o alquila para que podamos ver la ceremonia. La verdad es que resulta de lo más espectacular todo este tinglado. No tenemos mucho tiempo para llegar a Singaraja antes de que anochezca, así que, muy a nuestro pesar tenemos que conformarnos con una breve ojeada al lugar de la ceremonia.El camino se hace pesado, la carretera es muy virada y no está iluminada. De todas formas, rara vez paso de los 50 km/h, dado el tráfico, lo angosto de la carretera, la poca iluminación y los mil y un incidentes que pueden surgir en el camino.

Cruzamos Singaraja de noche, es una ciudad de grandes avenidas y mucho comercio, de aspecto más moderno que Denpasar.Nos alojamos en Lovina Beach, en la 306 del Bali Taman Beach Hotel.

23 de abril, domingo

El tiempo es magnífico, así que seguimos disfrutando de la piscina del hotel y de la tranquilidad del lugar.Después de comer damos una vuelta por la playa. Sobre la arena descansan barcos de pescadores y también se ven chabolas al lado de la playa, muchos niños jugando, cerdos negros, gallinas, gatos, etc.Regresamos al hotel a pie, por la carretera. Hay tan poco tráfico que podemos pasar algunos minutos escuchando sólo los sonidos de la selva. Este silencio sólo es roto por alguna que otra moto, vehiculo habitual entre los balineses. Habrá que ver Asia dentro de treinta años, cuando su nivel de vida sea similar al de occidente. El mundo es de ellos, al ritmo que se reproducen nos van a borrar del planeta. Por la noche, nos acercamos a un chiringuito a degustar una magnífica langosta de dos quilos al módico precio de veinticuatro euros.Nos lleva un buen rato el acabar con el bicho, pero el rato que se pasa es de lo más entretenido. La cerveza nacional Bintang está muy bien y además los botellines de 0.6 litros tienen un tamaño como es debido, no esos botellines de juguete que sirven en Europa.

Descansamos en las tumbonas del hotel mirando las estrellas fugaces, con el sonido del mar de fondo.

24 de abril, lunes

Dejamos el Taman y ponemos rumbo a la Cascada Gitgit. Después de pasar Singaraja nos cae una tromba de agua de impresión. La carretera se convierte en río. Por los arcenes muchos escolares caminan empapados, parecen acostumbrados a estos aguaceros, muchos llevan sandalias de plástico y otros van descalzos y con los deportivos liados al cuello.Cuando llegamos a la turística cascada apenas llueve, pero cae sirimiri. El sendero de hormigón que lleva al pie de la pequeña catarata está repleto de puestos para turistas. El río baja en ejarbe, teñido de chocolate. El suelo resbala y la humedad es muy a alta. Seguimos hasta el lago Beratan, lugar de recreo de los balineses acomodados. Es temporada baja y casi no hay nadie. Algunos hoteles están c cerrados. Nos alojamos en el Enjung Beji Resort, al lado del templo Ulur Danu. Es un complejo turístico muy cuidado, sobre todo, los j jardines. Sin embargo, está como muerto. El restaurante cierra por la noche y a pesar de intentar buscar alguno abierto en el pueblo no lo encontramos, parece ser que todos los habitantes del pueblo están ensayando las representaciones de alguna celebración religiosa próxima. En la lejanía se oye el sonido del gamelán. Nos quedamos sin cenar.

25 de abril, martes

Llegamos hasta Jatiluwih para admirar las mejores vistas de los campos de arroz. Las carreteras son secundarias y las señales brillan por su ausencia. Apenas hay circulación.

Comemos en la terraza de una pequeña cantina en la carretera. Las vistas son inmejorables, pero falla la comida: el pescado que me ponen es de río y está muy pasado, me lo como porque tengo hambre, que si no...En muchos pueblos observamos una gran cantidad de vehículos aparcados frente a un banjar o junto a la carretera. Suele ser señal de que en su interior está teniendo lugar una pelea de gallos. Las peleas de gallos son sin duda una de las actividades de juego más populares y que más pasión levantan entre los balineses. Son completamente legales, siempre que no se celebren más de cinco combates y está limitado exclusivamente al público masculino.Al circular por las carreteras de la áreas rurales de Bali, es frecuente ver cestas de mimbre alineadas en el suelo con gallos en su interior. Dicen que es para potenciar su agresividad y para que se distraigan con el paso de vehículos. A los gallos se les acopla unos afilados espolones de acero de unos 10 cm de longitud que sirven para matar al rival. Durante las peleas, la gente apuesta millones de rupias que cambian rápidamente de mano. Los intermedios entre peleas son aprovechados también para los juegos de azar.

El kokokan consiste en apostar a uno de los seis animales y figuras representados sobre un tapete, la suerte de los dados se encarga entonces de decidir cual de ellos es el vencedor. El bola adil es un juego similar a este, las figura poseen una forma cóncava y sobre estas se lanza una bola que rodará hasta pararse en una de ellas, que será la ganadora. Llegamos a Ubud al anochecer, después de varias horas de conducir por las oscuras y jeroglíficas carreteras balinesas. Nos alojamos de nuevo en el Jalan-Jalan. Cenamos pato en un buen restaurante de Ubud.

Seguir a Diario de viaje a Bali IV

Volver a Diarios de Viajes