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Diario de viaje a Bali II

20 de abril, jueves

Para las diez estamos desayunando al borde de la piscina del Jalan-Jalan. Me tomo un zumo de fruta de la pasión.A las once nos dirigimos andando al famoso Parque de los Simios. El parque está a tiro de piedra de nuestro hotel y en el camino cruzamos un sinfín de vistosas tiendas para turistas. Por supuesto, nunca faltan las diminutas ofrendas a los dioses a la entrada de cada establecimiento.

Estas ofrendas consisten en unos pocos granos de arroz puestos sobre unas hojas de banano dobladas en forma de pequeña cajita, el fin es obtener un reparto igualitario de las energías negativas y positivas del cosmos. Casi na. Los simios son divertidos y muy sinvergüenzas, como todos los primates. No esperan a que se les ofrezca los pequeños plátanos, sino que los toman sin contemplaciones. La familiaridad de estos monos con el hombre es tal, que tenemos que sortearlos para bajar las escaleras. En un rincón escondido del parque encontramos un estanque con peces chinos y un árbol sorprendente, le cuelgan multitud de lianas. La humedad en esta zona del parque es tal que mis gafas se empañan.Después, callejeamos por Ubud. Hay muchas tiendas de ropa. Dentro de las tiendas el calor es asfixiante, en estas condiciones, el regateo es una actividad muy pesada. Casi siempre ofrecemos un tercio del precio de salida, se llevan las manos a la cabeza y dicen que es imposible, que pierden dinero, después vamos muy poco a poco subiendo hasta alcanzar la mitad, que suele ser el precio final.

También usamos el viejo truco de abandonar la tienda varias veces, etc, en fin, siempre igual.Durante la comida, mi mujer no se arriesga y pide unos clásicos noodles, pensando en los fideos delgaditos con vegetales que tanto nos gustan, pero no, al igual que en Tailandia, por este nombre atiende también la sopa de tiras de noodles, y esto es precisamente lo que le traen. Yo me aventuro con un Guindara, pescado local parecido al bonito pero sorprendentemente sabroso. Nos gusta tanto que repetimos. Por la calle hay multitud de vendedores de entradas para el espectáculo de danzas de la tarde. Una señora mayor trata de vendernos unas localidades, le digo que ya lo pensaremos, si decidimos ir le compraré las entradas a ella. En la calle principal, el tráfico es abundante y las aceras parecen una carrera de obstáculos, así que nos metemos por calles más estrechas y sin tráfico.

Aquí se vive a otro ritmo. La calle es de unos 3 m de ancha y a ambos lados las viviendas son de una o dos alturas como mucho. En Bali, por ley, la altura de los edificios nunca puede superar la de los cocoteros de los alrededores. Aunque se ve que limpian a menudo, el musgo y los líquenes están por todas partes, en cualquier lugar crece una planta y la sensación de humedad es grande.

Vemos unas cuantas pensiones y anuncios de habitaciones para alquilar. Circula poca gente y apenas se oye ruido. Seguimos el camino hasta que deja de estar asfaltado. En cuanto desaparecen las casas, la vegetación se apodera de los márgenes.A la vuelta charlamos con el dueño de una tienda de figuras de artesanía, el hombre está sentado en el par de escaleras de acceso a su tienda leyendo un periódico. Habla español bastante bien, charlamos sobre las peculiaridades de la vida en Bali, sobre las diferencias culturales con occidente. Como en el resto de Asia, nunca se debe saludar a una persona estrechándole la mano izquierda, es la mano impura, la mano que se utiliza para limpiarse el trasero en el servicio. Por lo mismo, cuando se come con las manos, se emplea la derecha.La cabeza es la parte más pura del cuerpo al estar más cerca del cielo, por lo que no se debe tocar a alguien la cabeza y en especial la de los niños. Los pies se consideran la parte más impura, al asentarse, tenemos que evitar señalar a alguien con los pies y menos mostrar la planta.

Tampoco está bien visto indicar o señalar a con el índice, para ello los balineses utilizan la mano abierta y extendida. En los templos está prohibida la entrada a las mujeres durante la menstruación.También tienen la creencia de que es una desgracia el nacimiento de dos bebés gemelos pero de diferente sexo, piensan que durante el embarazo ambos le dieron al sexo. Ya ves tú, tan pequeños. Para purificar a los niños y a la comunidad es necesario realizar una serie de complejos y caros rituales.

A las siete y media asistimos al espectáculo de danzas folclóricas balinesas. La señora de las entradas nos ve desde la otra acera y rauda nos las endosa. Y yo que creía que todos los extranjeros teníamos la misma pinta para los de aquí, pero no, nos ha reconocido al instante. Mientras se desarrollan los primeros números caen unas pocas gotas. Así empiezan todos los aguaceros, con unas pocas gotas. Nuestra experiencia nos dice que tenemos dos minutos para cobijarnos antes de que empiece a caer una imponente tromba de agua. Lo dicho: el aguacero nos pilla en pleno traslado a otro escenario cubierto, al otro lado de la calle. En quince minutos reanudan el espectáculo, se ve que este traslado es muy habitual. Las danzas del espectáculo resultan vistosas y el teatro de máscaras algo aburrido. De vuelta al hotel presenciamos una fiesta de barrio, religiosa, por supuesto. Los hombres llevan un pequeño turbante blanco anudado a la cabeza, el udeng.

Luego viene el sapuari, una camisola blanca o crema que cae por encima del kamang, un largo faldón que les cubre hasta los tobillos y sobre el que se anuda el sapot kuneng, otro más corto y de color diferente al primero, sujeto con un cinturón de tela.Las mujeres han abandonado la bonita costumbre de exhibir sus pechos desnudos y ahora se cubren con un kabayak, blusa de sugerentes transparencias de encajes ceñida al cuerpo y de un solo color, generalmente muy vivo. Sobre el kabayak se ata el selendang, una cinta ancha a la altura de las caderas que sujeta al kamang, una falda larga que al contrario que la de los hombres se enrolla de izquierda a derecha.

Todos guardan silencio mientras un sacerdote lee alguna oración de un libro sagrado. Magnífico micrófono inalámbrico, por cierto. En unos cuencos se apilan montones de frutas, muy ordenadas y relucientes, de casi un metro de altura, coronado por un centro de flores. La tradición impone que lo bello que satisface a los dioses se coloque en la parte superior, lo podrido y menos agradable se coloque en la base para satisfacer a las deidades negativas. Los colores también tienen su significado religioso: rojo para Brahma, negro o verde para Wishnu y blanco para Siwa.Después de que el sacerdote purifica las ofrendas con agua sagrada y alguna oración, las mujeres se ponen en fila y colocan sobre sus cabezas las torres de frutas y regresan a sus casas.Por el camino compro una papaya de tamaño gigante que me estaba llamando desde un puesto de fruta.

21 de abril, viernes

Visitamos el museo de arte de Ubud, el mercadillo y algún Pura. En Giansang coincidimos con otra ceremonia religiosa. Se lo toman muy en serio, se nota mucho fervor. Intentamos introducirnos dentro del templo pero no llevamos los sarongs preceptivos y nos llaman la atención sobre nuestro aspecto. En el coche llevamos dos, así que nos los ponemos. De todas formas les observamos desde la puerta de entrada, hay tanto recogimiento que estremece.A diferencia de otras islas de Indonesia, en Bali existe un gran respeto por las tradiciones y una gran cohesión social que en gran medida se debe a la existencia de los banjar. ¿Y qué son los banjar? Son como una extensión de la casa y de la familia, es como una cooperativa de vecinos que reparte las tareas y en la que participan cada uno de los vecinos. Por ejemplo, las celebraciones religiosas están financiados por los miembros del banjar o la reforma de una carretera que une un templo con el banjar. Muchos de los poderes administrativos y políticos de Bali se rigen por las decisiones del banjar que cumple simultáneamente las funciones de consejo local, seguridad, sanidad y desarrollo. Incluso la populosa Denpasar o pueblos como Kuta o Legian, están integrados también dentro de la estructura de los banjar. Hay algunas responsabilidades dentro del banjar que están consideradas más importantes incluso que las obligaciones familiares.La jefatura del banjar recae sobre los klian, miembros elegidos democráticamente dentro de la comunidad pero que han de ser refrendado por los dioses.

El sistema de semiautonomía del que gozan los banjar ha derivado en la creación de dos administraciones dentro de su estructura. El kliang adat es el responsable de la administración de los asuntos internos del banjar, el kliang dinas por el contrario es el encargado de los asuntos que tengan relación con el gobierno regional de la isla. Es, en definitiva, una especie de alcalde.

El banjar dispone hasta de su propio banco donde se puede pedir un préstamo para la compra de herramientas para el campo, animales o materiales de construcción para la casa. Todos los integrantes del banjar están obligados a ayudar a los otros miembros, bien con el préstamo de sus herramientas o con la ayuda en las tareas del campo.Dentro del banjar hay un pabellón abierto, bale banajar donde se reúnen sus miembros para charlar, jugar a las cartas, beber licor de arroz u organizar las peleas de gallos y donde cada cual tiene su turno adjudicado para cocinar.

Bali cuenta con el índice de criminalidad más bajo de toda Indonesia con una media de dos robos con fuerza al año. Esto es debido también a la organización de los banjar que tienen también sus propias fuerzas de seguridad. Hace unos años se dieron algunos robos a turistas en los callejones de Kuta, los banjar locales tomaron cartas en el asunto y comenzaron a patrullar las calles. Cualquiera que no fuese un turista o miembro de algún banjar cercano tenía que dar muchas explicaciones a las patrullas para estar allí. La eficacia de esta forma tradicional de atajar el problema fue tal que ya prácticamente no se producen robos en la zona de Kuta.

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