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Viaje a Estados Unidos V: Los Ángeles

Autor: Jaime (1998)

Días 18 al 21. Los Angeles (tres noches). Hotel Clarion Hollywood Roosevelt


Jueves 18 de junio

9'00 horas
El avión de la Reno Air despega a su hora con destino Los Angeles.

10'00 horas
Estamos pisando el aeropuerto de Los Angeles; el avión comenzó a aterrizar a las 21'50 horas para cumplir matemáticamente con la hora prevista de llegada. Recogemos las maletas y buscamos un shuttle bus, pero de nuevo la misma historia que en Nueva York. Acabamos cogiendo un taxi que nos cobra (con propina incluida) 50 dólares; el encargado del parking del hotel, un tal Miguel que habla español, sospecha que el taxista nos ha timado dando un rodeo (la tarifa normal es de 35 dólares). Miguel se hace cargo de nuestras maletas y pasamos a recepción.

11'30 horas
En la recepción nos indican que nuestra habitación aún no está preparada; debemos esperar hasta la una; mientras, nos cercioramos de una excursión que tenemos programada para dentro de dos horas; es un tour que hemos contratado llamando por teléfono desde Las Vegas y hablando con una simpática recepcionista mexicana del hotel (Elizabeth, que así se llama, tiene hoy el día de descanso, pero nos ha dejado perfectamente planificada la gira).
A la espera de coger nuestra habitación, decidimos tomar algo en una cafetería pegada al hotel y echarle un vistazo al edificio que nos va albergar durante tres noches. Estamos en el Clarion Hollywood Roosevelt, situado en Hollywood Boulevard, paralela a Sunset Boulevard, en mitad del paseo de las estrellas y frente al Teatro Chino, en cuya explanada han dejado sus huellas figuras míticas de la Historia del Cine. Estamos rodeados de Historia; en la época dorada de Hollywood, este hotel era llamado "The home of the stars" (el hogar de las estrellas) y en él pasaron muchas noches de amor Clark Gable y Carol Lombard; en su piscina -que aún guarda el estilo y el sabor del Hollywood más antiguo- se fotografió por primera vez Marilyn Monroe en traje de baño para un anuncio, y se alojaba en una de las habitaciones que rodean la piscina; la habitación en cuestión está conservada tal y como la conoció Marilyn por última vez, con la misma decoración y los muebles originales (la estancia está ocupada durante todo el año por todos aquellos que la piden expresamente cuando hacen su reserva).
En el salón Blossom de este hotel se entregaron por primera vez los Oscar en el año 1928, en una ceremonia que presidió Douglas Fairbanks y a la que asistieron Mary Pickford y Charles Chaplin entre otros; en el hall, una estatua de Chaplin está sentada en un banco. Estamos por tanto en el corazón de Hollywood, dentro de la leyenda. ¿Pero qué queda del glamour de los viejos tiempos? Poca cosa, incluido este hotel que en la actualidad sólo lo ocupan los turistas -desde que Beverly Hills se alzó con su categoría "de lujo" y en el barrio de Hollywood fueron apagándose las luces del mito-. Hoy, Hollywood es un mísero barrio atestado de tiendas de souvenirs y pizzerías baratas, y su paseo de las estrellas se encuadra en el escalafón de las "malas calles", mientras que la mayor parte de Sunset Boulevard es territorio peligroso. De día, Hollywood Boulevard está repleto de turistas y gente que pasea reconociendo los nombres de las estrellas que figuran en el pavimento; de noche, por supuesto, es altamente recomendable permanecer en el interior del hotel.

13'00 horas
La habitación 1022 no está nada mal, salvo que el cuarto de baño parece diseñado para un minusválido -con muchos barrotes de acero, en el interior de la bañera y cercanos al lavabo y al water-. La televisión parece que no funciona demasiado bien, y el mando a distancia está clavado a la mesita de noche -no se lo vaya a llevar alguien-.

13'30 horas
Un autobús de L.A. Tours nos recoge en el hotel para enseñarnos la ciudad; este tour es un recorrido de cinco horas por toda la ciudad de Los Angeles, visitando sus lugares más interesantes y haciendo varias paradas. El primer lugar al que nos llevan -y primera parada- es Farmers Market, un mercado para turistas en el que se puede comprar de todo (hay librería, tiendas de regalos, puestos de alimentación, etc). Luego continuamos por Sunset Boulevard, hacia el centro, el Downtown, donde nos detenemos en los alrededores del Dorothy Chandler Pavillion, el lugar que suele albergar la ceremonia de los Oscar; el edificio no es nada del otro mundo, y cuesta trabajo imaginarse cómo está organizado el desfile de las estrellas y por dónde entran (no hay referencias reconocibles), hasta que el guía me explica que las gradas para el público se colocan en la misma calle -cortada al tráfico para la ocasión-, con lo que el paisaje del entorno cambia completamente.
Otra parada se realiza en la calle Olvera, cercana a la Misión de Los Angeles (conservada para recordar el origen de la ciudad) y enteramente ocupada por mexicanos que ofrecen su mercancía; el sitio es bastante pintoresco y hace olvidar que estamos en una metrópolis de California; hay que señalar que Los Angeles está llena de mexicanos que se han desplazado a California para encontrar un mejor nivel de vida, aunque la mayoría de ellos ocupa los puestos de trabajo de menor categoría (limpiadoras del hotel, dependientes de tiendas, camareros, ayudantes, etc., todos son mexicanos); de esta forma, para un español que no domine el inglés se le hace bastante fácil desenvolverse en Los Angeles.
En el Downtown, el guía menciona varios lugares que han servido como escenario de alguna película, como la cafetería en la que se rodó parte de "L.A. Confidential", o la calle en la que se desataba el enorme tiroteo de "Heat". También pasamos por The Viper Room, la discoteca en cuya salida cayó muerto River Phoenix por sobredosis de estimulantes. En Beverly Hills, hacemos una parada para pasear por Rodeo Drive, la calle más lujosa de la ciudad, con tiendas que ostentan en su fachada las más renombradas marcas comerciales (Valentino, Gianni Versace, Gianfranco Ferre, etc.), y con un standing tan alto que ni se molestan en señalar los precios de la mercancía -se supone que aquel que entra en una de estas tiendas para comprar algo se gasta lo que sea sin importarle lo más mínimo-. En Beverly Hills entramos también en el hotel que sirvió como escenario de la película "Pretty Woman". A continuación, viene uno de los platos fuertes del tour: pasar por delante de las mansiones de las estrellas (la más imponente es la de Jim Carrey), a través de un camino estrecho y lleno de curvas; a aquel que piense en hacer fotos de estas fachadas, le recomiendo que disponga de una buena memoria, ya que cuando un día después se revelan las fotos, no hay quien se acuerde de la mayoría de ellas ni a quién pertenecía cada una.

18'30 horas
De vuelta en el hotel, descansamos un rato, nos tomamos un coffee latte y cenamos pronto en una pequeña pizzería que está en nuestra misma acera, y en la que sirven unos spaghetti bastante picantes.

20'00 horas
Nos refugiamos en el hotel antes de que caiga la noche y nos acostamos pronto, ya que mañana nos levantaremos muy temprano para echar el día entero en los estudios de la Universal.


Viernes 19 de junio

9'00 horas
Estamos levantados desde las 7'30, hora en la que hemos bajado a recepción para hablar con Elizabeth, que se reincorpora hoy al trabajo y ya nos tiene preparada la visita a la Universal; el autobús de la compañía Casablanca Tours nos recoge a las nueve y, en menos de media hora nos deja en la puerta de los estudios. El conductor nos entrega los tickets para acceder al recinto y señala el sitio en el que nos recogerá a las seis y media de la tarde.
Nada más entrar a la derecha, hay un centro de información en el que nos proporcionan un plano y una guía de las atracciones en español.
"Regreso al futuro" consiste en montarse en el famoso Delorean y viajar en el tiempo persiguiendo al malvado Beef; el coche tiene plazas para seis personas (el tamaño es casi el mismo que el del original). El espectáculo nos hubiera sorprendido más si no hubiéramos conocido la atracción de Star Trek en Las Vegas (basada en el mismo truco y más real y convincente).
El Backlot Tour es un recorrido de una hora por los estudios reales de la Universal; aunque no vemos ningún rodaje, se nota que allí están trabajando en algo; alguna de las grandes naves tienen una puerta entreabierta por la que se divisan a unos carpinteros que montan un decorado de interiores; además de los platós, hay bungalows en los que residen algunas personas que trabajan allí o que están contratadas temporalmente por el estudio; en los aparcamientos reservados, distingo algunos nombres conocidos de directores (Penny Marshall, Tom Shadyac) que deben estar rodando ahora mismo una película. También pasamos por varios exteriores en los que se han rodado filmes y series de televisión, como la casa de Psicosis, la mansión de los Munster, la plaza de "Regreso al futuro" y distintas calles de varios géneros: del Oeste, de gansters, etc. El recorrido incluye también el asalto de King Kong, la embestida del Tiburón, un terremoto en una estación de metro y el túnel ardiente de "Dante's Peak". Todas estas mini-atracciones han quedado algo anticuadas, en comparación con la nueva estrella de la Universal: el Parque Jurásico.

La isla de los dinosaurios es exactamente igual a la que conocemos en la película -con niebla incluida-, y se recorre por un río en una balsa guiada por carriles. La atracción posee la misma estructura argumental del filme: primero, todo muy bonito y apacible, con los dinosaurios herbívoros y la música idílica de John Williams; luego comienzan los problemas, al llegar a las instalaciones del parque (hay un pequeño dinosaurio que se está comiendo a a alguien en una barca, y las verjas electrificadas están rotas y soltando chispas); a partir de ahí, comienza el ataque de los velocirraptores y el temible tyranosaurus -su cabeza está plenamente conseguida-, y hasta de uno de los precipicios que nos flanquean se desprende un coche-safari, cayendo junto a nosotros y salpicándonos de agua (otros dinosaurios escupen agua por sus fauces, para terminarnos de empapar). Tras un par de buenas subidas, la aventura termina con una caida en pendiente de 25 metros de altura y en la oscuridad -confieso que tuve que cerrar los ojos y aguantar la caida como pude-. El conjunto es un espectáculo impactante y de emociones fuertes (no sé si repetiría el viajecito).
"Llamaradas" es una atracción bastante simplona, con un espectáculo de fuego en el interior del laboratorio químico que aparece en la película -no vale la pena hacer una cola demasiado larga-.
"E.T." nos hace viajar al universo más spielbergiano. Al principio, el propio Spielberg nos cuenta en un monitor -con subtítulos en castellano- que en el planeta verde de E.T., sus amigos están muy enfermos; el remedio, en forma de medicamento, lo tiene el propio E.T., y por ello tendremos que ayudarle a llegar a su planeta. A continuación, nos piden nuestro nombre y nos entregan un pasaporte espacial tras teclear nuestros nombres en un ordenador. Seguidamente, entramos en un bosque exactamente igual que el de la película, con la característica iluminación azulada del filme. La tarjeta-pasaporte la entregamos justo antes de montarnos en unas bicicletas que están sujetas a unos railes del techo. Ahí comienza el vuelo de E.T., burlando a coches de la policía y sobrevolando la ciudad, hasta llegar al planeta verde, donde los amigos y familiares del protagonista nos reciben cantando en un universo lleno de color y diversión, con una decoración bastante alocada en la que hasta las plantas son seres de lo más extraño. El recorrido es bonito y divertido, en la línea del cine más sentimental e infantil de Spielberg.
"Animal Stage" es un espectáculo de unos quince minutos en el que intervienen animales como Lassie, Beethoven, Babe y Benji. Es bastante divertido y sorprende todo lo que llegan a hacer. El prólogo del show, antes de que salgan los adiestradores, dura unos tres minutos y corre a cargo de varios animales que pasan por el escenario en solitario, realizando algo antes de hacer mutis; de esta forma actúan un mono, un gato, un perro, varias palomas y hasta una hilera de ratones.
"Water World" es uno de los espectáculos más recomendables -dura unos quince minutos-. Motos de agua saltando rampas, acróbatas que actúan a gran altura, varias explosiones y riadas de fuego, y hasta una avioneta que aparece saltando por encima de uno de los muros del escenario, rebota en el agua y se incrusta contra uno de los bordes del graderío (los espectadores que estén situados allí deben darse un buen susto). En las gradas hay bancas de color verde en las que se advierte que son asientos en los que el espectador puede mojarse; no recomiendo que ocupen ninguna de estas bancas, ya que antes de que comience el espectáculo, varios tipos de atuendo futurista se dedican a tirar cubos enteros de agua a los que se sientan ahí.
En "The World of Cinemagic", nos enseñan algunos trucos empleados en famosas películas, usando a voluntarios de entre el público. Así, conocemos cómo vuela el coche de "Regreso al futuro", como se filmó la escena de la ducha en "Psicosis", cómo se realiza una transparencia en "Sabotaje" de Hitchcock, y cómo se graban los efectos de sonido en "Bigfoot y los Henderson". La atracción es curiosa y arranca carcajadas con la actuación de los voluntarios, con el atractivo añadido de contemplar los decorados de estas películas.
Además de las atracciones y espectáculos en los que hay que guardar cola, la Universal cuenta con varios escenarios -la calle Moulin Rouge, la calle Baker Street de Sherlock Holmes- y shows ofrecidos en alguna plaza -como la actuación de los Blues Brothers 2000 o la de un conjunto de los años 50-. Y para entretener al paseante, actores que encarnan a variados personajes del cine circulan por varios sitios para que el turista pueda hacerse una foto con Marilyn Monroe, Frankenstein, Spiderman o el Pájaro Loco.

18'15 horas
Salimos de la Universal a esperar el autobús de Casablanca Tours, y nos damos cuenta de algo que no habíamos notado al entrar: fuera del recinto se encuentra una calle repleta de tiendas y restaurantes, con fachadas que ostentan llamativas decoraciones; la calle es bulliciosa y divertida, por lo que recomiendo un paseo por ella de forma menos apresurada que nosotros.

18'30 horas
El autobús llega al lugar indicado exactamente a esta hora (son la leche con la puntualidad). Vuelta al hotel, a descansar de un día tan intenso.

19'30 horas
Cenamos en una hamburguesería enfrente del hotel y planeamos la jornada del día siguiente.


Sábado 20 de junio

11'00 horas
Para este día, podríamos haber ido a Disney World. Sin embargo, es nuestro último día en Los Angeles, estamos ya algo agotados de todo el viaje -ayer fue un día completo en la Universal- y mañana nos espera la durísima vuelta a Sevilla. Sumando estos factores, decidimos tomarnos un día de tranquilidad y explorar tranquilamente varios museos que hay en Hollywood Boulevard (todos ellos al precio de unos 8 dólares).
Enfrente del hotel está el cine Galaxy, que cuenta con un museo que, además de varios objetos usados en distintas películas, tiene dos platos fuertes: los decorados de Star Trek -el puente de mando, la mesa de la Confederación,...- y el bar original de la serie "Cheers", completo con todos sus detalles. El visitante puede pasearse por estos decorados, examinarlos con atención y, por ejemplo, sentarse en una de las butacas de Star Trek o situarnos tras la barra de Cheers.
El museo "Ripley's, believe it or not!" está basado en las peripecias vividas por el aventurero de los años 30 Robert Ripley, con objetos recogidos por él en sus andanzas a lo largo y ancho de este mundo. El extravagante muestrario de "trofeos" incluye una cabeza reducida por los jívaros, lápidas con leyendas inusuales, un ternero con dos cabezas, un equipo auténtico para matar vampiros y demás objetos insólitos.
El Museo de Cera es algo decepcionante -la mayoría de las figuras no están muy conseguidas- y el recorrido se queda corto. Destaca la imagen de Mike Thyson en la galería de los horrores, castigado a estar junto a Aníbal Lecter por el mordisco que le dio en la oreja a un contrincante. En la salida, dando la despedida, está Antonio Banderas vestido de El Zorro. El museo de cera de Beach Boulevard -por lo que he visto en los folletos- creo que debe estar mejor que este.

14'00 horas
Almorzamos en un restaurante chino que se encuentra en una bocacalle de Hollywood Boulevard. El lugar es pobretón y la comida muy barata.

16'00 horas
Tomo un rato el sol en la piscina en la que han disfrutado tantas estrellas de cine en la época dorada de Hollywood.

18'00 horas
Cogemos un taxi en dirección al hotel Chateau Marmont, en Sunset Boulevard. He leido en una revista y en una guía que aquí tienen habitación fija Keanu Reeves, Christopher Walken y Winona Ryder entre otros. Vamos a ver si cazamos a alguno.
El hotel recrea un castillo del Loira, aunque no conseguimos ver casi nada debido al abundante follaje que lo rodea. El taxi nos deja en el parking, y desde él pasamos a la recepción. Le pido al conserje la posibilidad de ver las instalaciones del hotel; él me responde que sólo lo que tengo ante mis ojos: un saloncito y un jardín algo más extenso. ¿Y la piscina?, ¿y el resto de los salones?, ¿y el comedor?,... Sólo pueden visitarlos los clientes. Le solicito un folleto junto con la tarifa de las habitaciones (por las nubes), y compruebo que el hotel dispone de accesos y bungalows privados. Evidentemente, los famosos que se alojan aquí están bien protegidos de fotógrafos y turistas. Echamos un último vistazo a nuestro alrededor y nos marchamos por donde hemos venido. El inútil viaje nos ha costado 18 dólares en taxis.

19'30 horas
Nuestra última noche en Los Angeles. Cenamos en una hamburguesería llamada Hamlet, muy cerca del hotel y decorada con un gran mural dedicado a "En busca del arca perdida", con los rostros de Spielberg y Harrison Ford.


Días 21 al 22. Viaje de vuelta a Sevilla, con escalas en Nueva York y Madrid (veinte horas de viaje)


Domingo 21 de junio

4'20 horas
Madrugón a las tres de la mañana -nuestro vuelo sale a las 7'40-. Hemos contratado un shuttle bus que nos recogerá en el parking del hotel entre la hora señalada y las 4'30. Mientras esperamos con nuestras maletas, charlo un rato con el encargado del parking, un hindú de Sri Lanka que habla un inglés macarrónico (así que me entero de todo lo que dice); el tipo es simpático e incluso me enseña la foto de su hija.

4'40 horas
Vamos en el shuttle bus hacia el aeropuerto. Hollywood es un desierto de calles oscuras y solitarias, un terreno peligroso que conviene no pisar. El vehículo se detiene en un semáforo en rojo; y en ese momento, por delante nuestra, cruza un negro haciendo footing. Lleva puestos unos botines. Sólo los botines. Angela sólo se da cuenta cuando el negro rebasa el vehículo y nos muestra el trasero desnudo. El conductor exclama "He's crazy", y lo dice con naturalidad, como el que lo ha visto más de una vez. Resulta irónico que el último recuerdo que me lleve del mítico y dorado Hollywood sea el culo al aire de ese negro, que parece darnos una "cordial" despedida.

5'40 horas
Llegamos al aeropuerto de Los Angeles, tras haber recogido a tres personas más por el camino. Facturamos las maletas con destino final a Sevilla.

7'40 horas
El avión despega y nos amodorramos en la butaca, intentando echar un sueñecito, no sin antes adelantar tres horas nuestros relojes, teniendo en cuenta que hacemos escala en Nueva York. En la pantalla de video, proyectan la película "The Newton Boys" -con Ethan Hawke-, aún no estrenada en España.

16'00 horas (hora de Nueva York)
En el aeropuerto JFK, disponemos de casi tres horas antes de que salga nuestro avión a Madrid. Almorzamos en el mismo sitio en el que lo hicimos justo antes de volar a San Francisco. Esta vez, mientras esperamos a embarcar, en el JFK nos sentimos como si estuviéramos ya en España -estamos rodeados de españoles que, al igual que nosotros, vuelven a casa-.

18'45 Despegamos hacia España -la duración del vuelo está estimada en siete horas y cuarto-. Adelantamos el reloj seis horas.


Lunes 22 de junio

8'00 horas (hora española)
Ya estamos en España. Tras catorce días de eficiencia, puntualidad y organización a la americana, durante las próximas tres horas -hasta que salga nuestro avión para Sevilla-, se nota que estamos de vuelta en el país de los inútiles, la impuntualidad, la falta de explicaciones y el "vuelva usted mañana"; nos tiramos media hora pateando el aeropuerto de Barajas en busca de nuestro mostrador de Iberia -cada uno dice una cosa distinta, la cosa es marear al personal-, y el vuelo sale con más de media hora de retraso (pero la hora que figura en los monitores no la cambian, ni dan explicaciones de ningún tipo). Da gusto estar en nuestra patria, y así nos va. Una compañía como Iberia no duraría ni cinco minutos en Estados Unidos -la competencia se la comería con patatas-.

11'45 horas
Por fin, el avión parte hacia Sevilla.

13'00 horas
Es la hora en la que, una vez en el aeropuerto de Sevilla, rescatamos las maletas que han cruzado medio mundo. Salimos con ellas al exterior y pillamos un taxi. De vuelta a casa, a la dura realidad de todos los días. Fin del sueño americano.