admin

Diario de Viaje Estados Unidos: Yosemite Park y Death Valley


Autor: Jaime (1998)

Día 14. Yosemite Park


Domingo 14 de junio

7'30 horas
Nos hemos dado un buen madrugón para salir temprano hacia el parque natural de Yosemite (a unas dos o tres horas en coche). Tenemos reservado un vehículo de alquiler en AVIS, que es donde nos encontramos ahora. La agencia está en la calle Post, paralela a nuestra calle y a sólo tres minutos a pie. Nos hacemos con el coche (un Pontiac con cambio automático), un tipo que habla español nos alecciona sobre sus principales mandos, nos explican en un mapa la ruta a seguir para salir de San Francisco e ir hacia Yosemite, pasamos por el hotel para recoger las maletas y salimos de la ciudad con toda facilidad. Angela funciona como copiloto, con el mapa entre las manos, pero a pesar de tener la ruta sobre el mapa, el trazado de las autovías es confuso y cogemos un camino equivocado que nos lleva a Sacramento; bordeamos dicha localidad -es como una gran ciudad, con sus rascacielos, pero en pequeñita- y enderezamos el itinerario (hemos tomado un desvío que nos supone unas dos horas más de viaje). Sin embargo, el hecho de conducir por California con tu propio vehículo es una de las experiencias que más recomendaría de todo este viaje; el camino está lleno de lugares interesantes, como un pueblecito llamado Oakdale, del que jamás tuve noticia y que es precioso; también hemos visto numerosas zonas de viñedos, con paisajes que nos recuerdan a la serie "Falcon Crest"; uno tiene la sensación -corroborada más tarde- de poder hacer cientos de millas sin cansarse, disfrutando con todos los sitios por los que pasamos; por otro lado, el sistema de cambio automático resulta de lo más cómodo -el pie izquierdo no se usa para nada, y para el brazo derecho hay un reposabrazo que incluye el hueco destinado para una botella o lata de bebida-. Recorrer California en coche y a nuestro aire es, definitivamente, una auténtica gozada.
Las carreteras y autopistas son estupendas -en la línea de muchas españolas- y los norteamericanos son bastante disciplinados conduciendo (a lo largo de los mil quinientos kilómetros que vamos a recorrer en tres días, sólo nos encontraremos con un loco que realizó un adelantamiento indebido; el resto circula como la seda, sin un solo movimiento extraño). Aunque también hay que señalar que los límites de velocidad no los respetan a rajatabla; son un tanto flexibles a la hora de sobrepasar cinco o diez millas por hora la velocidad permitida. La gasolina se mide por galones, y todas las "gas station" funcionan como autoservicio, pero antes, para llenar el depósito, hay que entregar al cajero que controla los surtidores una cantidad de dinero superior a la cantidad de gasolina que se vaya a repostar (al terminar de llenar el depósito, se recoge la vuelta de ese dinero).

14'00 horas
Tras haber parado alguna que otra vez -para echar gasolina, tomar algo,...- llegamos a la entrada del Parque Yosemite, donde un guarda forestal nos da la bienvenida y nos cobra una entrada de 20 dólares (la tarifa de un vehículo); también nos proporcionan un mapa de la zona y una guía de consejos útiles en español. El paisaje es impresionante, con valles de gran colorido, montañas de roca grisácea -a la cabeza de ellas, el pico llamado Gran Capitán-, cascadas en varios puntos -la Yosemite Fall es la más alta de Estados Unidos-, rápidos de agua cristalina, y frondosos bosques en los que habitan los osos (no vemos ninguno, ni tampoco tenemos intención de ir a buscarlos). Las carreteras atraviesan este inmenso parque con pronunciadas curvas, y es conveniente estar muy atentos a los límites de velocidad recomendados a lo largo de todo el camino.

17'00 horas
Se produce un escollo en nuestro itinerario; el paso Tioga, que nos sacaría del parque en dirección al desierto, aún está cerrado (en pleno mes de junio aún no ha llegado el deshielo total). Hablamos con un americano que sabe chapurrear en castellano y nos informa de la única ruta posible para llegar a Death Valley: tenemos que volver sobre nuestros pasos, salir de Yosemite por su lado sur y dar un buen rodeo hacia el desierto pasando por Fresno y Bakersfield; nos dice que a esta última ciudad podríamos llegar de noche.

18'30 horas
Pasamos por Fresno y decidimos continuar adelante hasta Bakersfield (mientras más millas hagamos, mejor). En esta parte del camino, paramos en un lugar llamado California Welcome Center, el equivalente yanqui a los paradores españoles; aquí se trata de un sitio que recuerda a una pequeña Disneylandia, con varios comercios de decoración infantil y llamativa, incluyendo un McDonald que se asemeja a una casita para niños y que parece construida con las piezas de un juego de Tente. Comemos en este McDonald por 5 dólares los dos (el precio es más barato que en España).

20'00 horas
Llegamos a los alrededores de Bakersfield y decidimos parar en un motel ubicado dentro de una zona comercial similar a la que hemos visitado antes. El motel se llama La Quinta, y en la recepción nos atiende una mujer del País Vasco -lleva veintiseis años viviendo y trabajando en Estados Unidos-. El precio de la habitación (en la que pueden alojarse hasta tres personas) es de 55 dólares, con un desayuno continental incluido. La habitación dispone de cuarto de baño, televisión -con videojuegos Nintendo- y la llamada "King bed", una cama enorme con tres almohadas en la que una pareja como nosotros puede perderse en varios metros cuadrados. El motel en su conjunto es excelente, limpio y confortable.


Día 15. Death Valley


Lunes 15 de junio

8'00 horas
El desayuno en el motel ha sido bien abundante. Con el estómago lleno, continuamos camino hacia Death Valley, parando unas horas más tarde en un lugar decorado al estilo del Oeste y que dista unos cien kilómetros del desierto.

12'00 horas
Hemos entrado ya en el desierto del Valle de la Muerte, con largas carreteras, tierras de rastrojos e impresionantes montañas en todo el horizonte. Hacemos una parada para almorzar en Furnace Creek, un lugar de reposo para turistas, con tiendas, restaurantes y un centro de información. También en Furnace Creek, en medio del desierto, se ubica un campo de golf, un oasis con palmeras incluidas; esta zona también cuenta con un pequeño aeropuerto para aquellos millonarios que gustan de jugar al golf en mitad del desierto (como diría Obélix: "Están locos estos... americanos").
Almorzamos a base de hamburguesas en un local que, tanto en su fachada como en su interior, está enteramente decorado como un viejo Saloon de película del Oeste.

14'00 horas
El Valle de la Muerte está cruzado por una carretera general; el visitante puede circular todo el rato por esta carretera hasta salir del desierto por la otra punta, o bien puede desviarse en ocasiones por caminos secundarios que llevan a algún sitio de interés -bien señalizados- y volver después a la general. Nosotros realizamos cuatro desvíos a lo largo de todo el camino (altamente recomendables), además de haber pasado cerca de un territorio de dunas.
El primer desvío nos lleva a Badwater, una zona llamada así por un charco de agua no potable que brota de la tierra, aunque lo más interesante del lugar es su extensión de tierra salada, con una capa blanca que resplandece al sol; Badwater se caracteriza también por ser el punto más bajo del hemisferio occidental en relación con el nivel del mar (unos cuarenta metros por debajo de este nivel); por ello, es también el punto de temperatura media más alta de todo el planeta -hubo un verano en el que se registraron en julio los 58 grados-; el calor es aplastante, y tras salir unos minutos, volvemos a refugiarnos en el aire acondicionado del coche (sin este aire, el viaje por Death Valley puede ser infernal); para llegar a la superficie de sal hay que andar cerca de un kilómetro bajo un sol abrasador, pero descubrimos otra opción: coger un desvío anterior que nos acerca a la tierra de sal por otro lado: Devil's Golf Course -aquí nos bajamos unos momentos y caminamos sobre la blanda superficie salina-.
Artists Drive es otra desviación que merece la pena tomar. Las montañas del desierto poseen franjas geológicas de distintos colores; parecen estar pintadas a brochazos y el conjunto es como contemplar un cuadro. Este itinerario, de gran belleza, recorre paredes rocosas de este tipo.
El último desvío y sitio de interés que visitamos antes de abandonar el desierto, es Zabriskie Point, uno de los puntos de observación más reputados del valle; para acceder a él hay que aparcar el vehículo y subir una empinada cuesta; desde el observatorio, rodeado por balcones de piedra, hay una vista magnífica de las montañas.

Seguir a Viaje Estados Unidos IV: Las Vegas y Gran Canyon

Volver a Diarios de Viajes