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1ª Viaje a Marruecos II

Después de levantarnos con unas magníficas vistas del amanecer en el lago y de desayunar en la terraza del albergue continuamos el viaje que nos llevaría hasta las Gargantas del Todra. a medio camino paramos a comer en el albergue de Moha, en Tamtattoucht, a unos 18 Km. del Todra, sitio muy recomendable tanto por el encanto del lugar como por la comida y en especial por la hospitalidad y simpatía de Moha.

A media tarde llegamos a Todra, donde tuvimos tiempo aún de dar un paseo por las gargantas e incluso bañarnos en alguna de las pozas.

Nosotros dos junto a Beatriz y Luis hicimos el "último" tramo andando, pues después de pasar todo el día empaquetados en el Patrol de Feli, especialmente incómodo, estábamos hartos de tanto coche y nos apetecía andar un poco, pero lo que para ella sería un pequeño y agradable paseo se convirtió en una odisea, pues se confundió y nos hizo bajar mucho antes, con lo cual andamos y andamos largas horas bajo un sol de justicia hasta conseguir llegar al albergue agotados y exhaustos, tardamos tanto en llegar que uno de los guías ya estaba a punto de salir a por nosotros. Allí cenamos y nos alojamos en el Albergue Jasmina, y como no había suficientes habitaciones y el tiempo acompañaba dormimos con sacos debajo de una haima.

Al día siguiente emprendimos rumbo hacia el sur y nos encontramos con los primeros oasis, el contraste del desierto con el verde de las palmeras y el azul del cielo da lugar a unos paisajes espectaculares.

Paramos a comer en un hotel de Erfoud donde también pudimos disfrutar de su magnífica piscina, allí intentamos refrescarnos un poco, aunque eso en Agosto y al lado del Erg Chebbi es casi misión imposible.

Paseamos por uno de aquellos magníficos palmerales y estuvimos en casa de la familia de Mohamed Kaidhuomi tomando un te a la menta. Cuando empezó a caer la tarde llegamos a Merzouga justo a tiempo de ver una increíble puesta de sol desde las dunas.

Dormimos en el albergue Dunes d'Or, pero debido al calor dejamos el equipaje encerrado en las habitaciones y dormimos en el tejado con un colchón disfrutando de una gran lluvia de estrellas y de la tranquilidad del desierto.
Bien temprano nos dirigimos a un lago situado entre las dunas donde había un gran numero de flamencos. Allí Rachid, el hermano de Mohamed, se metió en el agua y anduvo un buen trecho hasta que consiguió asustar a las aves para que nosotros las viéramos sobrevolar por el desierto.

Habiendo disfrutado dos días de las dunas de Merzouga y sus alrededores continuamos el viaje hasta Zagora, de allí subimos a Ouarzazate y atravesando un increíble e interminable puerto de montaña con fabulosas vistas llegamos a Marrakech.

Visitamos el Palacio Bahía con sus jardines, mosaicos de gran colorido y exquisitos trabajos de talla de madera, entramos en algunas habitaciones del harén, paseamos alrededor de la Koutoubia y al atardecer nos acercamos a la Plaza de Djemaa el Fna.

El ambiente de Djemaa al Fna es indescriptible y varia a lo largo del día, allí se pueden encontrar encantadores de serpientes, narradores de cuentos, escribanos públicos, maquiladoras de henna, un montón de carritos donde tomarte riquísimos y frescos zumos de naranja por la módica cantidad de 2 Dh, frutos secos, todo tipo de atracciones, curanderos, adivinadores, vendedores de agua curiosamente ataviados, y por la noche varios chiringuitos donde cenar la típica ensalada marroquí acompañada de brochette.
Después de disfrutar de esta maravillosa ciudad y de su laberíntico zoco donde regateamos hasta el agotamiento para comprar cerámica, artículos de cuero, artesanía de madera, babuchas, especias, teteras, objetos de bronce, alfombras, cestos de mimbre y gran variedad de artículos de todo tipo, continuamos ruta hasta la bella población costera de Essaouira.

En Essaouira recorrimos la medina y algunas tiendas de artesanía de madera y acabamos en el puerto comiendo pescado fresco en los tenderetes que allí se amontonan.

Cada uno de los chiringuitos tiene su mesa con el pescado fresco recién traído de los barcos que van llegando al puerto, tu mismo eliges cual es el que te apetece comer y allí mismo tienes la mesa y te lo preparan en pequeñas parrillas alimentadas con carbón.

Allí quien realmente "disfrutó" de la comida fue Eugenia, ...cuando vio que el camarero cogía los cubiertos sucios de los comensales anteriores, los enjuagaba con agua literalmente negra y nos los volvía a poner, aún mojados, su cara empezó a cambiar...mientras aún nos reíamos divertidos de la expresión de su rostro, el mismo chico de antes se acercó a ella con la parrilla y los calamares que ella había pedido, los cogió con la mano y se los puso directamente en su plato, aquello ya fue el remate final, todos estallamos en carcajadas y a ella creo que se le pasó el hambre de golpe.

Abandonamos Essaouira y continuamos hacia el norte en lo que ya eran los últimos días de nuestro viaje. Pasando por Casablanca y Rabat llegamos a Tánger donde cogimos el avión que nos llevaría de vuelta a Barcelona.